2 de julio de 2026

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Por: Dennis Falvy / Colapso de las criptomonedas

Dennis Falvy

Bitcoin y Ethereum han perdido un valor significativo en los últimos seis meses.

Mientras tanto, el oro y la plata repuntaron, al menos hasta la semana pasada y luego incluso el cobre, han manifestado un ajuste bastante pronunciado, así que nada mejor que la que de llegar a US$ 130 bajó niveles de US$ 76 la onza.

¿Qué está pasando?

Una explicación es que hay diferentes preferencias de liquidez en Estados Unidos y Asia.

Las transacciones con criptomonedas son ilegales en China, por lo que quienes tienen liquidez excedente tienen más probabilidades de asignarlas en oro.

Los inversores estadounidenses, por su parte, han estado percibiendo oportunidades aún mejores en el ámbito de la IA.

Otro riesgo cripto a largo plazo, es que a medida que la computación cuántica avanza, aumentan las probabilidades de que nuevas tecnologías puedan superar el aspecto «a prueba de hacks» de las criptomonedas líderes.

Si la blockchain sigue siendo segura, entonces bitcoin y sus pares conservan su valor conceptual, o al menos suficiente valor percibido para que los inversores intercambien dinero ganado con esfuerzo por la promesa de una moneda descentralizada con un suministro limitado.

Si esa percepción alguna vez se cuestiona de forma significativa, la mayoría de las criptomonedas resultarían entonces “inútiles.»

En rigor, las criptomonedas son especie de dinero que son virtuales y descentralizados y que no existen en forma física, utilizan criptografía para asegurar sus transacciones y operan sin intermediarios como son los bancos.

Funcionan mediante tecnología de cadena de bloques (blockchain) es decir con un registro distribuido que garantiza la inalterabilidad de los datos.

Son asimismo descentralizados. Es decir, no tienen control o respaldo del gobierno o de los Centrales. Las transacciones se validan en una red y utilizan algoritmos complejos para asegurar la integridad de las y transferencias y crear de nuevas unidades y permiten realizar pagos sin facilitar información personal.

En este contexto, Nouriel Roubini dice que Llamar «moneda» a Bitcoin o a cualquier otro vehículo cripto siempre ha sido una farsa.

No cumple requisitos del dinero.

El Salvador convirtió Bitcoin en curso legal, pero representa menos del 5% de las transacciones de bienes y servicios.

Las criptomonedas ni siquiera son un activo, no tienen uso industrial o real.

Sigue siendo una incógnita si el dinero digital y los servicios financieros deben estar en una blockchain (libro mayor distribuido) o en una plataforma tradicional de doble registro.

Pero el 95% de los fondos y servicios digitales «blockchain» son ello sólo de nombre.

Son privadas en lugar de públicas, centralizadas en lugar de descentralizadas, autorizadas en lugar de sin permisos, y validadas por un pequeño grupo de autenticadores de confianza en lugar de por agentes descentralizados en jurisdicciones sin estado de derecho.

Hay problema dice Roubini como, por ejemplo, que para provocar un pánico y una retirada bancaria es que unas pocas manzanas podridas en estados pseudo-libertarios de EE.UU. inviertan mal sus activos o depositen sus depósitos en instituciones débiles como Silicon Valley Bank.

La reciente disputa entre bancos y la industria cripto por la Ley Clarity es otro ejemplo de Trump que no entiende los fundamentos monetarios y financieros.

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