2 de abril de 2026

|

Lima: Cargando...

Por: Dennis Falvy / Cuando se pierde con NFT vaya que se pierde

Dennis Falvy

En una visión general de la IA, los NFT (tokens no fungibles) son certificados digitales únicos de propiedad y autenticidad para activos sean físicos o digitales, almacenados en un blockchain para garantizar que son insustituibles, inmutable y verificables, a diferencia de las criptomonedas fungibles como el Bitcoin, que son intercambiables. Ellos funcionan como un libro contable digital, que registra quien es el dueño de un archivo, permitiendo su compraventa y creando escasez digital para objetos que se otra forma serian infinitamente copiables.

En el portal “Ambito” se dice que el NFT es único y no puede ser reemplazado. Tienen la misma tecnología que las criptos, pero sus tokens son únicos, no divisibles ni intercambiables entre si a diferencia del dinero.

Se señala que, el auge de los NFT dejó postales tan irresistibles como impredecibles: compras impulsivas y un universo digital que prometía exclusividad absoluta con un solo clic.

Las compras impulsivas, las promesas de retornos en millones y el vértigo del universo de las criptomonedas, marcaron una era en la que miles apostaron a los NFT sin medir riesgos. Ese frenesí conectó tecnología con deseo de exclusividad y dejó una estela de pérdidas enormes.

En ese contexto, el mercado de los NFT atrajo a inversores que buscaron adelantarse a la próxima revolución digital. Cuando el entusiasmo se desinfló, muchos notaron que habían pagado cifras elevadas por activos cuyo valor se desplomó con fuerza.

En los foros cripto abundan las confesiones de quienes vieron cómo los millones soñados en criptomonedas se esfumaron clic a clic.

En rigor, los NFT surgieron como piezas digitales únicas basadas en tecnología blockchain, capaces de certificar autenticidad y propiedad. Su explosión inicial provocó que obras, memes y elementos virtuales alcanzaran cifras impensadas.

Detrás de su funcionamiento, la lógica es simple: el blockchain valida quién es dueño del archivo y resguarda su trazabilidad. Sin embargo, esa tecnología no garantiza valor económico si el mercado deja de demandar esos activos.

Cuando el interés global se moderó y los precios se desinflaron, muchos compradores se encontraron sin liquidez y con bienes digitales muy por debajo del valor que habían pagado.

El retroceso del mercado dejó expuestos testimonios de traders, que detallaron caídas abruptas en el valor de sus NFT. En redes sociales se multiplicaron los relatos de quienes adquirieron activos digitales por cifras enormes que luego valían apenas una fracción.

Muchos de esos compradores coincidieron en un sentimiento compartido: la frustración ante la imposibilidad de recuperar lo invertido y el aprendizaje de que la volatilidad puede ser extrema, especialmente en un segmento tan especulativo como el de los bienes digitales únicos.

Uno de los casos más llamativos fue el de un inversor que llegó a pagar tres millones de dólares por un NFT durante el auge de 2022. Con el derrumbe del mercado, ese activo digital terminó cotizando alrededor de 25 mil dólares, una caída que simboliza el impacto del desplome y se convirtió en emblema de los excesos de la burbuja cripto.

Como se ve, hay cosas realmente “espectaculares” en este mundo de inversores en la era digital.

 

 

Scroll al inicio