Para Martin Wollf, la fragilidad de la resiliencia económica mundial se ha mantenido a pesar del estallido de inflación tras la pandemia, los aranceles de Trump, las guerras contra a Ucrania y, la de Irán y, los grandes choques energéticos.
¿Es esto resiliencia o simplemente fortuna?
Un reciente informe del BIS muestra un mix de resiliencia, pero también suerte.
Admite interacción entre fragilidades fiscales y financieras.
Y añade las vulnerabilidades sociales, financieras y de otro tipo que probablemente se creen, o empeoren, por el triunfante avance de la inteligencia artificial en la economía, para lo que uno observa asimismo claros detractores.
Wolf opina que la guerra arancelaria de Trump fue significativamente menos dañina de lo esperado en el llamado día de la liberación. Hubo ajustes y adaptaciones de las empresas, porque los aranceles eran muy discriminatorios.
Se desvió entonces exportaciones chinas a través de otras economías emergentes.
El resto del mundo no copió el proteccionismo de Trump.
El auge de la IA ha encendido no solo un impulso que ha aumentado la confianza en un mercado bursátil ya de por sí muy valorado, sino también un enorme auge de la inversión estadounidense.
Esta última, ha tenido efectos significativos de desbordamiento en el suministro de insumos procedentes del este de Asia. El comercio mundial se ha mantenido notablemente dinámico.
Pero en el 2026, la economía global sufrió el ataque a Irán y lo del Estrecho de Ormuz, con perversos aspectos para el petróleo, el gas natural y muchos otros productos vitales.
Por ello el BIS advierte que la inflación ha aumentado y no se sabe si ello será breve y transitorio. Hay el trauma de la pandemia.
A largo plazo, rendimientos decepcionantes podría provocar un colapso de la inversión.
Esto, señala la BIS, ha ocurrido en anteriores auges de inversión impulsados por la innovación.
Asimismo, las condiciones financieras relajadas actuales podrían endurecerse drásticamente, como resultado de un pánico de mercado a la antigua.
Hay un apalancamiento creciente y, un rápido crecimiento de la intermediación financiera no bancaria opaca y no regulada.
El endeudamiento del sector privado no está muy por debajo de lo que estaba en el 2007.
Y, finalmente, gobiernos de países de ingresos altos están perdiendo el control de sus finanzas; déficits fiscales estructurales, y las proporciones medias de deuda pública respecto al PBI están en niveles que no se habían visto tras la Segunda Guerra Mundial. Hay altos precios de la energía y el envejecimiento de la población.
Los tipos de interés, tanto nominales como reales, están en niveles que no se habían visto antes de la crisis financiera global.
Esto es, que los días de baja inflación y tipos de interés cercanos a cero quedaron atrás.
Finalmente, está la nueva bête noire de la BIS: la promoción de stablecoins, que pretenden ser el equivalente al dinero, pero que, en cualquier crisis, no lo serán.
En resumen, la economía mundial es resiliente en parte porque ha tenido suerte.
¿Se acaba la suerte?
Si la economía quiere mantenerse resiliente, debe volverse más robusta.
Lograr eso es ahora una prioridad.
¿Se logrará?
Ver: https://x.com/martinwolf_/status/2072179216091635774




