Washington y Taipei han alcanzado un acuerdo comercial que no tiene antecedentes en la geopolítica y geoeconomía recientes. Empresas taiwanesas invertirán 250 billones de dólares en los Estados Unidos. Esto supone no solo una inversión extraordinaria en complejos industriales de última generación para la producción de chips sino un acuerdo geopolítico estratégico entre la democracia más poderosa del mundo y una ejemplar democracia insular amenazada por la dictadura más poderosa del mundo.
TSCM es el principal eje del acuerdo. Esta compañía taiwanesa es la mayor fabricante de microchips del mundo, ya ha hecho inversiones en Arizona para la construcción de tres fabs por 65 billones de dólares y ha prometido 100 billones adicionales. Este monto ahora ha quedado pequeño ya que la nueva inversión en ese estado alcanzará a 11 fábricas, con plantas de ensamblaje y centros de I+D. A su vez, el gobierno de Taipei garantizará créditos por otros 250 billones de dólares para consolidar la logística y el traslado de un ecosistema de empresas taiwanesas a los Estados Unidos. Por su parte, Washington reducirá aranceles del 20% al 15%, igualando las tasas de Corea y Japón y formalizando a Taiwán como un aliado de primer nivel.
Así, el acuerdo es de última generación en lo tecnológico y de última generación en lo geopolítico en tanto Taiwán contribuye crucialmente en la carrera por la IA entre las dos grandes potencias y, por su parte, los Estados Unidos asumen su ineludible responsabilidad en el Estrecho de Taiwán. Este es un espacio geográfico vital para la salud y estabilidad de la economía global. El acuerdo contribuye a generar previsibilidad en la clave, compleja y diseminada cadena de los microchips.
Mientras China se encuentra en un proceso de endogenización de la cadena, las democracias liberales buscan consolidar un sendero que tiene como puntos estratégicos a Taiwán, Japón, los Estados Unidos, Alemania y los Países Bajos. En este contexto, es cierto que los Estados Unidos de Trump se encuentran impulsando agresivamente un proceso de reshoring en un parte relevante del sector de la industria de los microchips y en Taiwán hay un debate relevante sobre las consecuencias de este acuerdo para la seguridad nacional.
¿Fortalece o debilita el “Escudo de Silicio”? Como sabemos, este “Escudo” representa el incentivo que supone defender a Taiwán dado que solo en la isla se fabrican, al menos hasta ahora, los imprescindibles chips de última generación. Desde nuestra perspectiva este acuerdo fortalece el “Escudo de Silicio” porque consolida una geoeconomía que tiene a los Estados Unidos como un evidente “primus inter pares” pero que involucra a los demás actores occidentales de esta cadena clave. Al recibir semejante inversión, los Estados Unidos profundizarán su acercamiento geoeconómico y geopolítico a Taiwán y, aún más importante, este acercamiento trascenderá a la administración Trump en tanto las inversiones para la fabricación de chips de última generación madurarán (mucho) más allá del 20 de enero del 2029, día en que el actual presidente entregará el poder a una persona que puede o no ser de su mismo partido.




