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    Por: Eduardo Farah H. / La amenaza latente

    No es secreto para nadie que existe una agenda política que, desde un segundo plano, trata de hacerse una voz en la sociedad peruana. La izquierda radical no ha podido hacerse con un espacio en la política a través de las urnas y, tras sufrir numerosos rechazos por parte de la población, que en repetidas oportunidades ha descartado cualquier opción de hacer regresar al desastre económico, que sería el tener el manejo económico del país en manos de políticos que no saben ver más allá de lo que sus teorías políticas y económicas desfasadas representan.

    El problema es esta especie de alianza formada por la izquierda latinoamericana para llevar formulas fallidas a naciones que han rechazado dichos modelos en las urnas. Para muestra un botón: el llamado “Foro de Sao Paulo” ha aglomerado a esta amalgama de grupos de izquierda, con el objetivo de imponer un modelo inútil a través de un sistema político que no hace más que generar, si se puede, pobreza.

    El término favorito que emplea la izquierda desde hace más de un siglo es el de la “distribución de la riqueza”; sin embargo, parecen olvidar, la izquierda latinoamericana en general, que para “distribuir” riqueza, primero la tienes que crear. Esta se crea con trabajo, con empleos, con industria, con fábricas e impulsando la producción agrícola, industrial y los servicios en general.

    De lo contrario, qué estaríamos haciendo sino convertir al Perú, con todos sus problemas y limitaciones, en un tren que retrocede lo poco que se ha podido avanzar en las últimas décadas. Acentuar las diferencias, agrandar los problemas sociales y tratar de sacar un rédito político de cada conflicto que se genere en el país es parte del guion discutido hace casi treinta años en el primer Foro de Sao Paulo allá en 1990.

    Desde entonces esa agenda destructiva ha logrado hacerse un lugar en los parlamentos de la mayoría de los países latinoamericanos, e inclusive, llegar al poder en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y los gigantes continentales que son Brasil y México.

    No hace falta más que un par de clicks en cualquier medio digital para saber cuál ha sido el desenlace de las aventuras políticas de unos pocos, que en su ambición por imponer una visión fracasada de cómo manejar un país en un mundo globalizado, han afectado la vida y los bolsillos de millones de personas en el continente.

    La inestabilidad política es un peso que todos los peruanos cargamos encima, la ineficiencia de poderes del estado que en un afán de avasallar a los otros ha terminado creando un clima de choques en el país. Esta es una realidad que genera agitación, conflictos, y un caldo de cultivo que aquellos que se reunieron en 1990 buscan aprovechar para borrar lo que el Perú ha logrado avanzar.

    Hay mucho que mejorar, y eso se hace con trabajo y concertación. No nos dejemos sorprender por quienes tratan de hacerse de un nombre azuzando y creando zozobra. Esta es la amenaza latente que ronda y acecha a todos los peruanos a puertas del bicentenario.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    No es secreto para nadie que existe una agenda política que, desde un segundo plano, trata de hacerse una voz en la sociedad peruana. La izquierda radical no ha podido hacerse con un espacio en la política a través de las urnas y, tras sufrir numerosos rechazos por parte de la población, que en repetidas oportunidades ha descartado cualquier opción de hacer regresar al desastre económico, que sería el tener el manejo económico del país en manos de políticos que no saben ver más allá de lo que sus teorías políticas y económicas desfasadas representan.

    El problema es esta especie de alianza formada por la izquierda latinoamericana para llevar formulas fallidas a naciones que han rechazado dichos modelos en las urnas. Para muestra un botón: el llamado “Foro de Sao Paulo” ha aglomerado a esta amalgama de grupos de izquierda, con el objetivo de imponer un modelo inútil a través de un sistema político que no hace más que generar, si se puede, pobreza.

    El término favorito que emplea la izquierda desde hace más de un siglo es el de la “distribución de la riqueza”; sin embargo, parecen olvidar, la izquierda latinoamericana en general, que para “distribuir” riqueza, primero la tienes que crear. Esta se crea con trabajo, con empleos, con industria, con fábricas e impulsando la producción agrícola, industrial y los servicios en general.

    De lo contrario, qué estaríamos haciendo sino convertir al Perú, con todos sus problemas y limitaciones, en un tren que retrocede lo poco que se ha podido avanzar en las últimas décadas. Acentuar las diferencias, agrandar los problemas sociales y tratar de sacar un rédito político de cada conflicto que se genere en el país es parte del guion discutido hace casi treinta años en el primer Foro de Sao Paulo allá en 1990.

    Desde entonces esa agenda destructiva ha logrado hacerse un lugar en los parlamentos de la mayoría de los países latinoamericanos, e inclusive, llegar al poder en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y los gigantes continentales que son Brasil y México.

    No hace falta más que un par de clicks en cualquier medio digital para saber cuál ha sido el desenlace de las aventuras políticas de unos pocos, que en su ambición por imponer una visión fracasada de cómo manejar un país en un mundo globalizado, han afectado la vida y los bolsillos de millones de personas en el continente.

    La inestabilidad política es un peso que todos los peruanos cargamos encima, la ineficiencia de poderes del estado que en un afán de avasallar a los otros ha terminado creando un clima de choques en el país. Esta es una realidad que genera agitación, conflictos, y un caldo de cultivo que aquellos que se reunieron en 1990 buscan aprovechar para borrar lo que el Perú ha logrado avanzar.

    Hay mucho que mejorar, y eso se hace con trabajo y concertación. No nos dejemos sorprender por quienes tratan de hacerse de un nombre azuzando y creando zozobra. Esta es la amenaza latente que ronda y acecha a todos los peruanos a puertas del bicentenario.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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