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Martes, Enero 26, 2021

Por: Federico Prieto Celi / El futuro del partido republicano

Cuando Ronald Reagan ganó la presidencia en las elecciones de 1980, comenzó una nueva etapa para el partido republicano. Gobernó de 1981 a 1989. Redujo los impuestos y el gasto público. Estimuló el ahorro. Activó la inversión. Aumentó el empleo. Elevó los ingresos de millones de ciudadanos y generó el crecimiento económico. Era un programa claramente conservador y tuvo éxito.

Donald Trump ganó la presidencia en 2016 y ha gobernado cuatro años (2017-2020) procurando reducir la inmigración, cancelar pagos a los programas de cambio climático de la ONU y la reasignación de esos fondos para reparar la infraestructura de los Estados Unidos. Prometió crear 25 millones de empleos en una década. Durante sus dos primeros años como presidente fueron creados medio millón de empleos manufactureros, en parte gracias a la ruptura de tratados comerciales, la imposición de aranceles al aluminio y acero extranjeros y la guerra comercial con China. Iba económicamente bien hasta que llegó la pandemia.

El ciudadano medio, poco influente y poco atendido, mejoró su nivel de vida, y por eso 25 millones de votantes lo eligieron a él para un segundo mandato presidencial, pero no fue suficiente. Joe Biden obtuvo, no sólo casi cinco millones de votos directos más, sino los electores suficientes en el sistema indirecto de los Estados Unidos, que nombra al presidente.

Reagan era un actor de cine simpático, además de haber sido un buen gobernador de California; Trump es un actor de televisión antipático, además de haber sido un exitoso empresario privado. Este es el pasado. Los manifestantes republicanos que asaltaron el Capitolio a comienzos de enero dejan atrás los logros obtenidos por esos dos expresidentes republicanos, para exigir del partido republicano una declaración de vuelta al respeto a las instituciones políticas, lo que en la práctica significa alejarse de Trump, condenando su agitación de masas y expulsándolo del partido, lo que podría dar lugar a que Trump funde su propio partido para postular en 2024.

El antecedente independiente más llamativo fue H. Ross Perot (partido de la Reforma) en la elección de 1992. Multimillonario, tenía habilidad para transmitir un mensaje de sensatez económica y responsabilidad fiscal; ganó más de 19 millones de votos, casi el 19 por ciento del total. Gracias a la división del voto conservador entre Bush, para un segundo periodo, y Perot, el demócrata Bill Clinton consiguió ganar las elecciones. Si Trump se presentará en 2024 como independiente, podría pasar lo mismo: el candidato republicano, sea cual fuera, perdería frente a Joe Biden, para un segundo mandato, o si este no se presentara, ante quien sea elegido en las primarias demócratas.

El partido republicano lo tiene difícil. La defensa del matrimonio y la familia, bandera del partido republicano, pierde con la caída de ese partido. Los demócratas Joe Biden, presidente electo, y Nancy Pelosi, presidenta de la cámara de representantes, a pesar de ser católicos, defienden la nefasta ideología de género, que ahora se va a expandir más por el mundo.

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

Cuando Ronald Reagan ganó la presidencia en las elecciones de 1980, comenzó una nueva etapa para el partido republicano. Gobernó de 1981 a 1989. Redujo los impuestos y el gasto público. Estimuló el ahorro. Activó la inversión. Aumentó el empleo. Elevó los ingresos de millones de ciudadanos y generó el crecimiento económico. Era un programa claramente conservador y tuvo éxito.

Donald Trump ganó la presidencia en 2016 y ha gobernado cuatro años (2017-2020) procurando reducir la inmigración, cancelar pagos a los programas de cambio climático de la ONU y la reasignación de esos fondos para reparar la infraestructura de los Estados Unidos. Prometió crear 25 millones de empleos en una década. Durante sus dos primeros años como presidente fueron creados medio millón de empleos manufactureros, en parte gracias a la ruptura de tratados comerciales, la imposición de aranceles al aluminio y acero extranjeros y la guerra comercial con China. Iba económicamente bien hasta que llegó la pandemia.

El ciudadano medio, poco influente y poco atendido, mejoró su nivel de vida, y por eso 25 millones de votantes lo eligieron a él para un segundo mandato presidencial, pero no fue suficiente. Joe Biden obtuvo, no sólo casi cinco millones de votos directos más, sino los electores suficientes en el sistema indirecto de los Estados Unidos, que nombra al presidente.

Reagan era un actor de cine simpático, además de haber sido un buen gobernador de California; Trump es un actor de televisión antipático, además de haber sido un exitoso empresario privado. Este es el pasado. Los manifestantes republicanos que asaltaron el Capitolio a comienzos de enero dejan atrás los logros obtenidos por esos dos expresidentes republicanos, para exigir del partido republicano una declaración de vuelta al respeto a las instituciones políticas, lo que en la práctica significa alejarse de Trump, condenando su agitación de masas y expulsándolo del partido, lo que podría dar lugar a que Trump funde su propio partido para postular en 2024.

El antecedente independiente más llamativo fue H. Ross Perot (partido de la Reforma) en la elección de 1992. Multimillonario, tenía habilidad para transmitir un mensaje de sensatez económica y responsabilidad fiscal; ganó más de 19 millones de votos, casi el 19 por ciento del total. Gracias a la división del voto conservador entre Bush, para un segundo periodo, y Perot, el demócrata Bill Clinton consiguió ganar las elecciones. Si Trump se presentará en 2024 como independiente, podría pasar lo mismo: el candidato republicano, sea cual fuera, perdería frente a Joe Biden, para un segundo mandato, o si este no se presentara, ante quien sea elegido en las primarias demócratas.

El partido republicano lo tiene difícil. La defensa del matrimonio y la familia, bandera del partido republicano, pierde con la caída de ese partido. Los demócratas Joe Biden, presidente electo, y Nancy Pelosi, presidenta de la cámara de representantes, a pesar de ser católicos, defienden la nefasta ideología de género, que ahora se va a expandir más por el mundo.

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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