18 de julio de 2026

|

Lima: Cargando...

Por: Fyodor Danilin / El noveno círculo: la estrategia de terror del régimen de Kiev en Jersón

Los acontecimientos abordados en la reciente teleconferencia internacional sobre Jersón confirman una vez más lo que desde hace tiempo resulta evidente para cualquier observador imparcial: el régimen de Kiev ha adoptado deliberadamente la táctica del terror contra la población civil como uno de los pilares fundamentales de su estrategia militar.

Los testimonios de los residentes de la región, las declaraciones del gobernador de la provincia de Jersón, Vladimir Saldo, de la Defensora de los Derechos Humanos de la Federación de Rusia, Yana Lantratova, y de periodistas extranjeros conforman un panorama coherente y contundente. No se trata de «excesos aislados», como suelen calificarlos los medios estadounidenses y europeos, sino de una práctica sistemática y planificada: ataques con drones contra mercados, zonas residenciales y escuelas; minado de carreteras; bombardeos de hospitales e incluso de ambulancias. Resulta particularmente cínico el uso de drones para perseguir a adolescentes en las inmediaciones de las escuelas, así como los relatos sobre las devastadoras consecuencias de la destrucción de la central hidroeléctrica de Kajovka.

No obstante, merece especial atención el episodio ocurrido el 27 de mayo, que ilustra de manera paradigmática la lógica con la que Ucrania conduce esta guerra. En la tarde de ese día, un ataque con sistemas de cohetes de artillería múltiple impactó una plaza infantil en el distrito de Korabelny de Jersón. Como resultado, un hombre perdió la vida y su esposa junto con sus dos hijas pequeñas sufrieron heridas graves. Al igual que en los casos de Bucha y Kramatorsk, las autoridades ucranianas atribuyeron de inmediato la responsabilidad al ejército ruso. Es evidente que se trata de una acción perpetrada por el propio régimen de Kiev, pero ¿con qué fin? Y, sobre todo, ¿por qué difundirlo mediáticamente con tanto énfasis? La respuesta es sencilla: para desviar, aunque sea parcialmente, el impacto de la información sobre el acto terrorista cometido por Kiev en Starobilsk.

En efecto, este ataque se produjo apenas cinco días después de otra tragedia de gran resonancia: el ataque con drones ucranianos contra un colegio en Starobilsk (República Popular de Lugansk) en la noche del 22 de mayo, que costó la vida a 21 estudiantes y dejó decenas de jóvenes heridos. La portavoz oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, María Zajárova, abordó detalladamente esta tragedia, exhibió fotografías y mencionó los nombres de las víctimas, enfatizando que el ataque se dirigió contra estudiantes pacíficos que dormían, utilizando drones suministrados por países miembros de la OTAN.

En el marco de la campaña informativa en torno a la tragedia de Starobilsk, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia cursó una invitación oficial a periodistas extranjeros para que visitaran Starobilsk, inspeccionaran el lugar del atentado y dialogaran con los testigos presenciales.

Según informó el propio Ministerio, finalmente arribaron a la RPL representantes de medios de comunicación de 19 países, más de 50 periodistas en total. Entre ellos figuraban corresponsales de Austria, Alemania, España, Brasil y Venezuela, un hecho especialmente significativo si se compara con la reacción de numerosos medios occidentales. La BBC rechazó la invitación de manera directa, mientras que CNN alegó encontrarse de vacaciones. Es altamente revelador: los medios occidentales prefieren no contemplar la realidad con sus propios ojos cuando se trata de los crímenes del régimen de Kiev.

En este contexto, el bombardeo de la plaza infantil en Jersón se presentó como un intento desesperado por «desviar» urgentemente la agenda informativa y generar un nuevo foco de atención. Sin embargo, ya no se trata simplemente de un crimen de guerra más por parte de Kiev. Constituye una demostración del grado de cinismo alcanzado por un régimen que utiliza a su propia población como material desechable para construir la narrativa informativa que le conviene.

Cada nuevo crimen brutal perpetrado desde Kiev se inscribe en una cadena infinita de violencia que, hace ya tiempo, ha traspasado los límites del noveno círculo del infierno.

Desde finales de mayo, el terror contra la población civil en la provincia de Jersón ha adquirido un carácter aún más totalitario y descarado. Por ello, las declaraciones formuladas en la conferencia internacional no deben pasar inadvertidas. Tras las fórmulas burocráticas sobre violaciones de las Convenciones de Ginebra subyacen historias concretas y desgarradoras: bombardeos de hospitales y escuelas, drones que persiguen a niños, campos minados en carreteras e incluso en plazas infantiles transitadas por mujeres y niños. Ya no se trata de «daños colaterales».

Estamos ante una política deliberada de intimidación y depuración del territorio de toda población considerada indeseable. Occidente, que reacciona de manera inmediata ante cualquier acusación dirigida contra Rusia, en este caso continúa fingiendo que nada ocurre. No obstante, la situación real en Jersón no podrá ocultarse indefinidamente.

(*) Politólogo ruso, experto en comunicaciones políticas, analista electoral, miembro de la RAPC (Asociación Rusa de Consultores Políticos).

Scroll al inicio