26 de marzo de 2026

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Por Jack Gomberoff / Dime qué medios citas y te diré qué valores toleras

Jack Gomberoff

En tiempos de sobreinformación y militancia digital, no toda indignación es ética ni todo escándalo moral es genuino. Muchas veces, el verdadero retrato de una persona —o de un movimiento— no está en lo que proclama, sino en de dónde obtiene la información que replica.

En el debate sobre Israel y el conflicto en Medio Oriente, una parte significativa del discurso “pro derechos humanos” se apoya de forma recurrente en fuentes que distan mucho de ser ejemplos de periodismo independiente. Canales estatales, medios controlados por gobiernos autoritarios y plataformas directamente alineadas con organizaciones extremistas son citados por pseudo-influencers progresistas  como si fueran árbitros morales incuestionables.

Entre esas fuentes aparecen con frecuencia la televisión estatal turca TRT, controlada por el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan; Al Jazeera y su filial AJ+, financiadas por el Estado de Qatar; medios estatales rusos alineados con el Kremlin como RT / Russia Today; y Al-Quds / Quds News Network, un medio directamente vinculado al aparato comunicacional de Hamas, la organización  terrorista.

No se trata de matices ideológicos. Al-Quds no es un medio independiente: actúa como plataforma de legitimación de Hamas, blanqueando la violencia contra civiles y presentando el terrorismo como “resistencia”. Cambiar el logo o el formato no altera el origen ni la función del mensaje. AJ+ sigue respondiendo a Qatar, un país sin libertad de prensa real; TRT sigue siendo una herramienta de propaganda estatal; los medios rusos cumplen un rol similar para un régimen que ha hecho de la desinformación una política de Estado.

La contradicción es evidente: quienes dicen defender los derechos humanos recurren a fuentes provenientes de regímenes donde la disidencia se castiga, las minorías son perseguidas y la libertad de expresión es inexistente. El problema no es solo informativo, sino moral. La indignación basada en dictaduras y aparatos propagandísticos deja de ser ética y se convierte en alineamiento ideológico. Citar estos medios para hablar de ética equivale a recurrir a un canal controlado por el chavismo para dar lecciones de democracia, o a la televisión estatal iraní para hablar de derechos de las mujeres

No todo el que grita “genocidio” defiende la vida. Y los derechos humanos no se defienden citando dictaduras ni voceros del terrorismo.

 

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