La disculpa del actor australiano Guy Pearce, quien admitió haber difundido contenido falso y teorías conspirativas con tintes antisemitas sobre Israel, expuso un problema global: la desinformación viaja más rápido que la responsabilidad. Pearce cayó en narrativas radicalizadas disfrazadas de activismo, pero al menos reconoció su error. Y eso plantea una pregunta incómoda para el Perú: ¿veremos algo similar aquí?
Desde octubre de 2023, el ecosistema digital peruano —influencers, activistas, tiktokers y opinadores improvisados— se convirtió en un amplificador de cualquier contenido que ataque a Israel, sin importar su veracidad. Circularon imágenes fuera de contexto, cifras inventadas, acusaciones sin evidencia y comparaciones grotescas con el nazismo. Para muchos, Israel dejó de ser un país real y se volvió un símbolo conveniente: un villano automático sobre el que proyectar frustraciones y militancias de identidad.
Criticar políticas de Israel es legítimo. Pero lo que vimos no fue crítica: fue odio. Un odio que evita su nombre real: antisemitismo.
El antisemitismo actual no siempre grita ni marcha. Se disfraza de lenguaje de derechos humanos, exige condenas colectivas a todos los judíos visibles, demoniza al “Estado judío” con una severidad que no se aplica a ningún otro país y usa el conflicto para justificar deshumanización. Decir “solo critico al gobierno” no basta cuando se repiten patrones de prejuicio milenario.
Por eso la pregunta vuelve:
cuando se confirme —como ya ocurre— que parte de lo difundido era falso o manipulado, ¿veremos rectificaciones?
¿Reconocerán su error quienes hablaron de “holocausto palestino”, “Israhell” o “Zionazis”?
¿Pedirán disculpas quienes usaron desinformación como estrategia de visibilidad?
Lo más probable es que no.
Porque nunca se trató de información.
Se trató de identidad.
De narrativa.
De performance moral.
Y, sí: también de antisemitismo adaptado a los códigos contemporáneos.
Quien tiene una audiencia, grande o pequeña, tiene la responsabilidad de verificar, dudar y pensar. No de contribuir a un clima donde los judíos vuelvan a ser señalados de manera colectiva. La historia no juzgará solo a gobiernos o ejércitos; también juzgará a quienes compartieron sin verificar, a quienes repitieron propaganda sin saberlo y a quienes lo hicieron sabiendo.
La verdad sobre Medio Oriente siempre llega tarde, pero llega. Y cuando llegue, muchos deberán confrontar su propio archivo digital.
Guy Pearce ya lo hizo.
¿Lo harán los referentes peruanos?
¿O preferirán esconderse detrás del cómodo silencio del algoritmo?
Hay algo claro: la causa palestina no necesita antisemitismo, y el Perú tampoco.
Rectificar no es debilidad: es el primer paso hacia un debate honesto y una sociedad adulta.




