13 de octubre de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Jacky Gomberoff / Los palestinos también tienen derecho a pensar distinto

Jack Gomberoff

Hay algo profundamente contradictorio en cierto activismo “pro-palestino” de Lima: dice defender la voz de los palestinos, pero termina diciéndoles qué deben pensar y qué posiciones los convierten en palestinos “legítimos”.

Empecemos por una distinción fundamental: estar a favor de un Estado palestino no significa adherirse al movimiento que hoy se presenta como “pro-palestino”. Se puede defender la autodeterminación palestina, aspirar a dos Estados que convivan en paz y rechazar, al mismo tiempo, un activismo que ha convertido una causa nacional compleja en una batalla ideológica.

Los palestinos no son una masa homogénea. Hay musulmanes y cristianos, islamistas y seculares, conservadores y liberales, partidarios y enemigos de Hamás. Hay quienes reconocen a Israel y quienes simplemente quieren trabajar, criar a sus hijos y vivir en paz.

Sin embargo, cierto progresismo parece aceptar solamente al palestino que encaja en su libreto: antisionista, antiamericano, antioccidental, anticapitalista, cercano a la izquierda y al socialismo y, paradójicamente, hasta indulgente con un régimen teocrático como el iraní.

Cuando un palestino condena a Hamás, cuestiona a sus propios dirigentes o defiende la coexistencia, rápidamente deja de ser una voz conveniente.

Esto se vuelve particularmente absurdo en el Perú. Los palestinos peruanos no tienen por qué importar el paquete ideológico de los activistas que dicen defenderlos. Su identidad, su historia familiar y sus posiciones sobre Palestina no los obligan a ser antiamericanos, antioccidentales, socialistas, anticapitalistas ni simpatizantes de Irán.

La causa palestina no debería convertirse en vehículo para las guerras ideológicas de la izquierda progresista.

Los palestinos no necesitan que activistas a miles de kilómetros les escriban el libreto. Que defiendan Palestina quienes quieran defenderla, pero basta de utilizar a los palestinos para venderles una ideología que no necesariamente es la suya.

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