Por: Javier Valle- Riestra / Cremación del terrorismo y de la guerrilla en el Perú

por | Sep 30, 2021 | Opinión

Los noticieros de la TV dan cuenta del increíble desconocimiento, que tienen jóvenes limeños, en particular, de la historia reciente del Perú. La cremación de los restos del cabecilla terrorista, fundador del PCP-SL (Partido Comunista Sendero Luminoso), considerado como “el movimiento subversivo más letal del mundo” (Cfr. Simon Strong, 1992), nos da pie para distinguir el terrorismo de la guerrilla. Pero debemos estar alerta ante los actos del cantiflesco Pedro Castillo porque está rodeado de apologistas de PCP-SL que utiliza el disfraz de un pseudo Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), y su mudez y tartamudez podrían generar un escenario de violencia en caso de que no logre el apoyo popular para forzar la instalación de una Asamblea Constituyente títere.

II

La III Convención de Ginebra les exigía a las guerrillas: a) tener a la cabeza una persona responsable; b) tener un signo distintivo; c) llevar abiertamente las armas; y d) adecuarse a las leyes de la guerra. El terrorismo en el Perú no tenía ni tiene esos requisitos. La evolución de los Protocolos de la Convención es más tolerante, exige: a) comando responsable; b) distinguirse en las operaciones de la población civil; y, c) adecuarse en las operaciones al Protocolo. En esta trilogía moderna, tampoco calza el terrorismo.

 

Es verdad, empero que no toda violencia es terrorismo. La Guerrilla es una estrategia y puede ser la guerra de los pobres o de los débiles cuando se alzan en contra de la opresión dictatorial o colonial. Guerrilla ha sido la de la revolución cubana, la de los sandinistas, la de los frentes de liberación africana y asiático; incluso el asalto por apristas al cuartel O’Donovan, el 7 de julio de 1932. Pero terrorismo, casuísticamente, es, por ejemplo, el atentado en el aeropuerto de Lod por un comando nipón contra peregrinos puertorriqueños, en donde nada tenía que hacer Japón con la causa palestina; el de Atocha en España, el de las Torres Gemelas en USA, el de la calle Tarata en Lima, etc. etc.

III

La doctrina señala que el delincuente terrorista funda en el terror sus procedimientos para alcanzar fines determinados. El terrorismo no es un fin, sino un medio. Hay muchas formas de terrorismo: el físico, el psicológico, el religioso, el político -y agrego-, el económico y el tecnológico. El terrorismo es en suma la dominación por el terror (Cfr. Edgardo F. Pace. OMEBA XXVI, p.155). El terrorista, subjetivamente, puede creer que lucha por el socialismo; podría, incluso atacar objetivos estatales o personas vinculadas al Gobierno o a las clases dominantes, pero sus métodos son vesánicos, en los que proclama “todos son culpables” y, por eso, se siente con licencia para atacar objetivos civiles inocentes; se autoproscribe del Derecho. El terrorista no es delincuente político, tampoco el magnicida, ni el genocida. Esa distinción la introduje en la Constitución de 1979, donde fui asambleísta constituyente, y se repite en la vigente de 1993 (Art. 37°). Finalmente, político no es solo el delito político, sino el hecho inexistente de perseguir con esa intencionalidad por un hecho legal, definición que se aplica para rechazar los procesos de extradición.

IV

La CVR (Comisión de la Verdad y Reconciliación), en su informe final (2003) ha llamado eufemísticamente “conflicto armado interno” a los hechos de terrorismo vividos entre 1980 al 2000. Se pretendía dar conceptos jurídicos del Derecho Internacional Humanitario, de los cuatro Convenios de Ginebra y sus tres Protocolos. Elizabeth Salmón en su trabajo “Introducción Derecho Internacional Humanitario” (IDEHPUCP, 2004) resume que en un conflicto armado concurren al menos: a) fuerza o violencia armada; b) prolongación en el tiempo; c) organización del grupo que participa en el conflicto; d) que el conflicto sea entre grupos (sin requerir presencia de fuerzas estatales). Contradictoriamente, a ese concepto, la CVR entre sus conclusiones dijo:

“26.- La CVR ha constatado que la violencia extrema practicada por el PCP-SL en las localidades rurales de los andes se extendió también a los centros urbanos. Lima y otras ciudades fueron, también, escenarios complementarios y sufrieron sabotajes, asesinatos selectivos, paros armados y actos terroristas, especialmente bajo la modalidad de coches-bomba.”

Lo ocurrido en el Perú fue terrorismo. Punto. Lo más grave es que el sediciente presidente actual de la República, en los días de su candidatura, amenazaba con acciones de esa naturaleza. Que tenga cuidado, puede ser él víctima de sus propias palabras.

 

(*) Jurista, exconstituyente, exdiputado y exsenador de la República.