Por: Javier Valle Riestra / Todo ha ido falsificado aquí

por | Ene 24, 2021 | Sin categoría

Decía don Nicolás de Piérola, en un discurso del 16 de junio de 1904, “la causa de los males públicos está encerrada en esta fórmula terrible: todo ha sido falsificado. No son verdad aquí”. Ha transcurrido casi ciento veinte años y esas frases no son solamente aplicables al pretérito del Perú, sino al futuro.

Ya lo decía Curzio Malaparte. El Perú del 2021 adolece de esa misma enfermedad. Todo es fraude; el Parlamento es el más ínfimo que hemos tenido desde comienzos del siglo XIX; los jefes de Estado no son demócratas, sino dictadores omnímodos.

Voy a hablar sin eufemismos, a expresar lo que todo el mundo siente, pero no tiene plataforma eficaz para poner el dedo en la llaga. Actuaremos como un médico examinando a un enfermo y el diagnóstico es que la jefatura de Estado, por denominarla de alguna forma, no tendrá autoridad moral para gobernar el Perú; sea quien sea el electo dentro de la docena de candidatos.

Será un títere expuesto a cismas y a agolpes de estado. Es verdad que en el siglo XIX no todos los presidentes fueron Santa Cruz, Castilla, Pardo, o el caudillo Piérola. Incluso, los gobernantes dictatoriales tuvieron el nivel de Leguía, recibido como Maestro de la Juventud, en 1919.

Sánchez Cerro, fue un genocida, pero un inmenso sector totalitario y antiaprista lo apoyaba con fanatismo; hasta que en 1933 el c. Mendoza Leyva lo ejecutó en el Campo de Marte, un domingo de carreras. Benavides, Prado, Odría, representaron el orden burgués frente al revolucionarismo del APRA, mi partido.

Vino, después de varios años, el gobierno de la ‘Fuerza Armada’ que vivió de dividendos por la toma de la Brea y Pariñas y la reforma agraria. El encarcelado Alberto Fujimori tenía inexplicablemente la aprobación oclocrática mayoritaria del 85% al momento del golpe de estado el 05 de abril de 1992 y mantuvo un alto nivel hasta su derrocamiento.

Bustamante y Rivero, por el apoyo aprista, fue elegido con el 65% y en Trujillo bordeó el 90% por obra del APRA, y fue expulsado del poder luego del lamentable fracaso del golpe revolucionario aprista del 03 de octubre de 1948, pero lo apoyaban una derecha ultramontana y los precursores del democristianismo.

De los años anteriores el único reivindicable fue Fernando Belaunde Terry, tachado de pro-aprista, pero cuando se enfrentó al PAP en 1962 se hundió y marchó al exilio. No hemos tenido así, hasta hoy, jefes de Estado con perfiles caudillescos.

Los que existen son del siglo XIX, singularmente Don Nicolás de Piérola quien, como Jefe de Estado fáctico, resistió en 1879 a las hordas chilenas que invadieron el Perú. Tenemos así que buscar –y es difícil- a alguien que sea un líder de la nación para conducirla a un verdadero estado democrático. El de hoy no es así.

Quien resulte electo en los próximos comicios, sea quien sea, será un títere y un polichinela del dueño del partido y sin acceso a las masas. Pasemos lista y verán que no hay nadie ¿Y el Parlamento? Con los candidatos a congresista que vemos será simplemente una cloaca arribista tratando de manejar a quien se llame ‘Presidente de la República’.

¿Y qué diremos de los otros “poderes” del Estado? El Legislativo pretenderá, pese a su déficit mental, ser el titiritero cuando, realmente, es solamente, postulante a su disolución. No es primer poder del Estado; en su caso poder se escribe con j.

El Tribunal Constitucional, que no es poder, es una carabina inútil, sin respeto alguno por los DDHH ni la libertad. El Defensor del Pueblo necesita un letrado que lo defienda. El Poder Judicial es el más decadente y timorato de todos los entes constitucionales.

Por eso las frases de Don Nicolás cobran vigencia. En este bicentenario caos no queda sino convocar a una Asamblea Constituyente para que con una cirugía radical transforme al Perú en un Estado verosímil.

(*) Exsenador de la República y analista político.

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