Soy aliancista desde que tengo memoria y hoy más que nunca duele ver como los dirigidos de “Pipo” Gorosito hayan perdido los playofs ante Sporting Cristal y lo peor es enterarme, por fuentes confiables, que en el club de mis amores hay mucha indisciplina y falta de profesionalismo. Y Hernán Barcos, quien intentó poner orden, fue castigado por no apañar a juergueros. Es decir el no quedarse callado le costó su renovación.
No es casualidad, según las mismas fuentes, que Alex Valera, jugador de Universitario, le haya dicho soplón al “Pirata”, es decir algunos confunden disciplina con traición. En este tema coincido plenamente con lo que señala un excompañero universitario Jean Romero, un analista deportivo, quien cree que los resultados negativos en el club de La Victoria se debe a la indisciplina.
Lo que pasa en Alianza Lima es una realidad que sucede en todo el Perú, por eso muy poca gente denuncia actos de corrupción en la administración pública, ya que si lo hacen sufren un castigo similar a lo que sucedió al «Pirata».
Hay una extraña relación entre el fútbol y la política. Así por ejemplo, mientras Perú confirmaba una desastrosa eliminatoria mundialista para el 2026, dónde quedamos penúltimo en la más fácil competencia (de 10 clasificaban 7), paralelamente el gobierno de Dina Boluarte se desplomó teniendo todo el apoyo del Congreso, un gobierno frívolo, pensando más en cirugías estéticas que en resolver el problema de la delincuencia.
Hoy el presidente interino, José Jerí, ha iniciado una gira por todo el país para tener más contacto con la población y autoridades locales, una especie de road show para recuperar la confianza de la población, sin embargo todo pareciera que serviría solo para la foto, justamente hace unas semanas nuestro flamante mandatario, buscando ganar popularidad, se lució junto a leyendas del fútbol peruano en un partido de exhibición con leyendas de la Conmebol, todo ello mientras la delincuencia avanza.
Ojalá que en el fútbol y la política se escuche a la hinchada y la población para que vuelvan los triunfos y se recupere la confianza en sus autoridades, en momentos de permanente crisis política y, sobretodo, desterrar a esa izquierda caviar que vive a costa del Estado y que se infiltra en instituciones públicas y seguramente también en el fútbol.




