Por: Jorge B. Hugo Álvarez / El color opaco de la pobreza

por | Oct 27, 2021 | Opinión

Se sale de la pobreza generando riqueza y se redistribuye, si previamente se acumula. Pues, es inmoral redistribuir solo pobreza teniendo tantas riquezas naturales. Entonces, el Estado debe garantizar acceso en igualdad de oportunidad a todos los peruanos para generar riqueza. Pues, teniéndolo todo, no podemos seguir siendo tan pobres como antes.

Claro, carecemos de muy poca industria manufacturera con valor agregado y diversificado.  A diferencia de los países ricos, éstos se industrializaron, vía diversificación productiva y los países pobres, no. Seguimos exportando productos sin valor agregado y/o tecnificado. De sentido común, los países ricos exportan productos manufacturados y los países pobres metales y no metales a lo bruto.

¿Acaso, no es un mensaje claro de cuál es el camino certero a seguir? Aprendamos la lección, cuando un modelo se agota y no da los resultados esperados, se corrige. Sin embargo, la Pandemia del COVI-19 desnudó en sus miserias humanas el modelo que nos impusieron por más de 30 años.

Corea del Sur, sin recursos naturales, en 15 años al diversificar su producción se constituyeron en una potencia tecnológica mundial y a China Continental le bastaron 18 años para ser una potencia mundial económica, militar y tecnológica.

En Perú, el fundamentalismo prejuicioso, altamente anti ideológico, nos vendió una supuesta prosperidad, que fue ilusoria y sólo para unos pocos pendejetes. Pues, cuando la pandemia corrió el telón nos descubrimos como una Nación altamente informal, desarticulado, con un mercado interno raquítico, pobre y de pocas oportunidades para los peruanos.

Entonces, le hizo mucho daño a la Nación el favoritismo mercantilista y la corrupción generalizada. Pues, una economía social de mercado con fuerte protección social es posible industrializándonos como País. Alemania, los Países Bajos, etc., ejemplos loables a seguir.

Pues nuestros sueños, los valores de nuestra democracia, nos hace posible materializar nuestra imaginación como una Nación con auténticos capitanes de la industria nacional, con un mercado interno fuerte, un país de propietarios, cultos, creativos, fuertemente industrializado, etc. No de otro modo el realismo de los chinos, parecerían indicarnos lo poco que importa el color del gato, lo relevante es que case ratones.

Podemos haber nacido pobres, pero también podemos salir de la pobreza y para ello, necesitamos de una clase política de derecha o de una izquierda culta que haga viable nuestra propia revolución industrial, tan distante al bruto y al achorado.

Aquí válgame recurrir a Adam Smith quien en su obra maestra: “La Teoría de los Sentimientos Morales” hacía gala de un realismo previsor de gran genialidad, al sostener que el mercado no funciona a la perfección, en la medida que continuamente es bloqueada por grupo de presión, políticos y económicos, quienes impiden que la maximización de los intereses individuales redunde en la maximización de los intereses comunes.

Pues, la prosperidad de una Nación, en modo alguno, puede ser en beneficio exclusivo a gentes de clases privilegiadas. El bienestar material y espiritual que genera una economía social de mercado auténtico, debe hacerse extensiva a todos los peruanos.

(*) Abogado penalista y analista político.


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