26 de setiembre de 2026

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Por Lin Chia-lung / Frente a los riesgos que plantea China, Taiwán es un socio para preservar la paz y fortalecer la resiliencia

Por Lin Chia-lung

El reciente encuentro en Washington entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, atrajo una gran atención internacional. Las negociaciones sobre comercio, tecnología y seguridad, incluida la prórroga de dos meses de la tregua comercial, muestran que, aunque ambos países procuran alcanzar una «estabilidad estratégica constructiva», persisten sus diferencias y su competencia estructural.

Después de su reunión de mayo, Xi propuso la «estabilidad estratégica constructiva» como una nueva definición de las relaciones entre China y Estados Unidos, basada en la cooperación, una competencia moderada y la gestión de las diferencias. En su segundo encuentro, celebrado en septiembre, los dos países mantuvieron el diálogo y la cooperación al más alto nivel. Sin embargo, las declaraciones de sus líderes revelaron que siguen teniendo distintas ideas sobre cómo alcanzar esa «estabilidad».

De la competencia y cooperación entre Estados Unidos y China a la gestión de los riesgos mundiales

Visto desde otra perspectiva, el encuentro entre Trump y Xi constituye en sí mismo una forma de gestionar riesgos. Estados Unidos y China necesitan mantener el diálogo para evitar que los errores de cálculo provoquen una escalada. También necesitan conservar sus intercambios comerciales y, al mismo tiempo, reducir las vulnerabilidades derivadas de la dependencia en tecnologías y cadenas de suministro esenciales. Deben abordar problemas comunes sin dejar de proteger sus respectivos intereses de seguridad. Mantener las relaciones mientras se gestionan los riesgos se ha convertido en una tarea fundamental para la comunidad internacional ante el ascenso de China.

La «reducción de riesgos» (de-risking), que ha ido ganando terreno en los últimos años, refleja esta manera de pensar. Desde la revisión de la dependencia económica respecto de China por parte de la Unión Europea hasta el énfasis constante del Grupo de los Siete (G7) en la seguridad económica y la resiliencia de las cadenas de suministro, los países no buscan una desvinculación total de China. Buscan reducir la dependencia excesiva en sectores estratégicos, diversificar los riesgos y fortalecer su propia resiliencia.

El informe sobre asociaciones de seguridad y defensa aprobado por el Parlamento Europeo en febrero de este año también menciona expresamente la necesidad de profundizar la cooperación con Taiwán en materia de seguridad y defensa, así como de reforzar la resiliencia económica de la UE mediante la reducción de riesgos.

Lo mismo ocurre en el ámbito de la seguridad. En vísperas de la reunión entre Trump y Xi, representantes de Australia, Francia, Alemania, Japón, Nueva Zelanda, Polonia, Corea del Sur y el Reino Unido reiteraron conjuntamente, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, su oposición a cualquier cambio unilateral del statu quo en el estrecho de Taiwán. Subrayaron, además, que la seguridad, la paz y la prosperidad de Europa y del Indopacífico están cada vez más estrechamente vinculadas.

La sociedad taiwanesa debe observar estos acontecimientos con serenidad. Cada vez que las interacciones de alto nivel entre Estados Unidos y China reciben atención, surgen en Taiwán voces que cuestionan la fiabilidad de Estados Unidos o afirman que este abandonará a Taiwán. Sin embargo, que la comunidad internacional gestione los riesgos relacionados con China no implica una confrontación total con ese país. Del mismo modo, desarrollar una política hacia China no exige sacrificar las relaciones con Taiwán. En la práctica, ambas políticas pueden avanzar en paralelo.

Para Taiwán, esto significa que debemos participar más activamente en la gestión internacional de riesgos. Frente a la expansión continua de China y los riesgos que esta plantea para la seguridad, la economía y las instituciones, Taiwán necesita mantener —y mantiene— una estrecha cooperación diplomática con países afines. Juntos podemos reducir el riesgo de errores de cálculo y conflictos, y fortalecer la paz y la resiliencia regionales.

Antes de esta reunión entre Trump y Xi, nuestro Gobierno mantuvo una buena comunicación con la Administración Trump y con diversos sectores de Estados Unidos, e intercambió opiniones sobre la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán y otros asuntos importantes de la relación bilateral. Estos canales de comunicación siguen siendo estables y fluidos. Tras el encuentro, el embajador estadounidense en China, David Perdue, declaró en una entrevista que «la política de Estados Unidos hacia Taiwán no ha cambiado». Esto demuestra una vez más que la comunicación y la confianza sostenidas entre Taiwán y sus principales socios son esenciales para preservar la estabilidad en el estrecho.

Este es también un aspecto que merece atención en el debate reciente sobre la «política de una sola China». La política de cada país hacia China responde a su propia historia, diplomacia e intereses nacionales. Eso no significa que el «principio de una sola China» defendido por Pekín sea equivalente a las políticas de esos países, ni que China pueda decidir por sí sola el espacio de Taiwán en la comunidad internacional.

Como ha señalado recientemente Luke de Pulford, director ejecutivo de la Alianza Interparlamentaria sobre China (IPAC), la comunidad internacional puede mantener sus actuales «políticas de una sola China» y, al mismo tiempo, considerar una «política de un Taiwán» (One-Taiwan Policy) que responda con mayor claridad a la realidad de los 23 millones de habitantes de Taiwán y a su participación internacional.

Desde mediados de la década de 1980, Taiwán emprendió una transformación política mediante la liberalización y la democratización. Con la renovación de su Parlamento y la elección directa de su presidente, construyó un sistema estatal y una base de legitimidad política de la República de China (Taiwán) cuyo centro es Taiwán. El Gobierno de la República de China ejerce el gobierno efectivo de Taiwán y es el único gobierno legítimo que lo representa en el exterior. Así se configuró el statu quo en el que la República de China (Taiwán) y la República Popular China existen en pie de igualdad, sin estar subordinadas una a la otra.

Taiwán posee su propio sistema democrático, su economía, su sociedad y sus responsabilidades internacionales. Taiwán y China son dos entidades políticas distintas. Por supuesto, los países pueden desarrollar una «política hacia Taiwán» —una política de un Taiwán— que responda a sus propios intereses, además de mantener sus actuales políticas hacia China —sus políticas de una sola China—.

Estados Unidos ofrece un ejemplo concreto. Su política hacia China se enmarca en tres comunicados conjuntos, mientras que su política hacia Taiwán cuenta con fundamentos institucionales como la Ley de Relaciones con Taiwán, las Seis Garantías y las leyes aprobadas durante décadas por el Congreso. Cada uno de estos instrumentos tiene un origen jurídico y político distinto, y no son incompatibles entre sí.

La política estadounidense hacia Taiwán ha mantenido su continuidad a lo largo de sucesivos presidentes y administraciones. Recientemente, legisladores de ambos partidos han vuelto a reafirmar la Ley de Relaciones con Taiwán y las Seis Garantías, a apoyar el fortalecimiento de la capacidad de autodefensa de Taiwán y a rechazar la interpretación que Pekín hace de su principio de una sola China.

En materia de seguridad, el Gobierno estadounidense continúa vendiendo armamento a Taiwán. Por su parte, Taiwán trabaja para reforzar su capacidad de autodefensa y la resiliencia de toda la sociedad. También ha elevado su presupuesto de defensa a más del 3 % del PIB, avanzando hacia una mayor responsabilidad compartida.

En el ámbito económico, la relación ha pasado del comercio y la inversión recíproca a la cooperación en semiconductores, cadenas de suministro de inteligencia artificial y ecosistemas industriales. Mediante mecanismos como el Diálogo sobre Asociación para la Prosperidad Económica (EPPD) y la iniciativa «Pax Silica», ambas partes fortalecen la resiliencia económica y la seguridad de las cadenas de suministro. Taiwán y Estados Unidos están construyendo gradualmente una «asociación simbiótica» que abarca la seguridad, la economía, la tecnología y la industria.

La misma tendencia puede observarse en Europa y el Indopacífico. La evaluación del entorno estratégico publicada por la UE este septiembre señala que el comportamiento cada vez más asertivo de China en el estrecho de Taiwán y en los mares de China Oriental y Meridional tiene repercusiones cada vez más profundas para la seguridad europea e indopacífica. También recalca que cualquier acción que altere el statu quo en el estrecho afectaría a la seguridad mundial.

Durante la Asamblea General, la UE volvió a señalar que el texto íntegro de la Resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas no menciona a Taiwán. Indicó que, cuando se cumplan las normas o prácticas de las organizaciones pertinentes, se debe permitir la participación de Taiwán en el sistema internacional, «especialmente cuando sus conocimientos técnicos y capacidades puedan aportar valor añadido». La UE reiteró asimismo la importancia estratégica de la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán para la seguridad regional y mundial.

Taiwán, socio para la paz y la resiliencia mundiales

Estos cambios también muestran que Taiwán no debe subestimar su propio valor. En los años en que China ingresó en la Organización Mundial del Comercio y la globalización se expandió rápidamente, Taiwán afrontó en numerosas ocasiones restricciones a su espacio internacional. Hoy, la comunidad internacional comprende mejor los riesgos económicos, de seguridad e institucionales que plantea China, y presta más atención al papel de Taiwán en la democracia, la tecnología, las cadenas de suministro y la seguridad regional.

Ante los continuos intentos de China de distorsionar la Resolución 2758 y vincularla con su «principio de una sola China», la comunidad internacional reconoce cada vez más la importancia de distinguir entre el texto de la resolución y las interpretaciones políticas posteriores. La Resolución 2758 trata sobre la representación de China ante las Naciones Unidas. Su texto no menciona a Taiwán ni autoriza a la República Popular China a representar a Taiwán dentro del sistema de la ONU.

Frente al ascenso de China y los desafíos que conlleva, la comunidad internacional necesita gestionar los riesgos de manera pragmática. Taiwán defiende el statu quo en el estrecho y contribuye a la paz regional. Mientras el mundo reflexiona sobre cómo gestionar los riesgos relacionados con China, Taiwán debe colaborar activamente con los países afines para reducir los riesgos, preservar la paz y fortalecer la resiliencia. Taiwán no debe ser considerado un problema que hay que resolver, sino un socio con el que se puede preservar la paz, la resiliencia y la prosperidad.

(*) Ministro de Relaciones Exteriores de la República de China (Taiwán)

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