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    Por: Luciano Revoredo / Cuando parece que todo está perdido

    Estudié en uno de los grandes colegios católicos de Lima durante toda la década del 70. Fuimos educados por religiosos en su mayoría españoles. Mis compañeros eran en su mayoría de la entonces clase media. Fueron los tiempos de la dictadura militar, pero a pesar de eso éramos felices. No existían las comodidades ni la tecnología de hoy. Y la diferencia entre el hastío y la felicidad podía ser una buena pelota de fútbol con la que pasar horas una mañana de sábado o una película en la matiné del domingo.

    Hoy todos son profesionales o empresarios exitosos, unos en el extranjero otros en el país. Gracias a la tecnología cuatro décadas más tarde estamos en un contacto más permanente que en aquellos años en un chat que compartimos. Obviamente uno de los temas que más apasionamientos despierta en el grupo es la política, al extremo que en una ocasión la proscribimos. Esta proscripción pasó al olvido con la última campaña electoral. Entonces al igual que en el país aparecieron posiciones irreconciliables pese al afecto y la camaradería entre amigos de toda la vida.

    Con los resultados de la primera vuelta y la situación aún incierta que vivimos caímos en un marasmo al principio y en la desolación después. Si bien nada está dicho aún sobre quien será el segundo lugar, nos encontramos en una situación límite. Con un filosenderista encabezando la elección y un país acorralado por su propia indolencia, ignorancia y frivolidad.

    Lo peor es que aparentemente aún no somos conscientes de la gravedad de la situación y ya estamos invadidos de un mar de memes que con ingenio o sin él, banalizan el drama que estamos viviendo.

    Es de esperarse que en la segunda vuelta el profesor Castillo del cual los medios estúpidamente ya empiezan a mostrar una visión idílica, en su pequeña casita, con su moto y su caballo y no como el mascarón de lo peor de la política. Sin embargo, si algo hay que agradecerle a este radical surgido aparentemente de la nada y que las torpes encuestadoras nunca vieron, es que con su crecimiento electoral nos libró de otros más peligrosos al estar más camuflados como son Mendoza y Lescano, más ladinos pero igual de peligrosos, una por su radicalismo encubierto y el otro por esa peligrosa combinación de ignorancia y orfandad ideológica que encarna.

    Aún no está definido quien competirá en la segunda vuelta con el profesor del MOVADEF y se pelea voto a voto. Aparentemente la pugna final será entre López Aliaga y Keiko Fujimori. Será un final de angustia. Escribo en el chat. Entonces surgen los odios y los complejos y uno de los viejos amigos del colegio escribe: “El fujimorismo es repugnante y si tenemos que escoger a ella o a Castillo,… será Castillo entonces, ya que será más fácil sacarlo constitucionalmente a él que a ella… Espero no lleguemos a ese escenario de elección”.

    Entonces pienso que todo está perdido. Que solo es cuestión de tiempo.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    Estudié en uno de los grandes colegios católicos de Lima durante toda la década del 70. Fuimos educados por religiosos en su mayoría españoles. Mis compañeros eran en su mayoría de la entonces clase media. Fueron los tiempos de la dictadura militar, pero a pesar de eso éramos felices. No existían las comodidades ni la tecnología de hoy. Y la diferencia entre el hastío y la felicidad podía ser una buena pelota de fútbol con la que pasar horas una mañana de sábado o una película en la matiné del domingo.

    Hoy todos son profesionales o empresarios exitosos, unos en el extranjero otros en el país. Gracias a la tecnología cuatro décadas más tarde estamos en un contacto más permanente que en aquellos años en un chat que compartimos. Obviamente uno de los temas que más apasionamientos despierta en el grupo es la política, al extremo que en una ocasión la proscribimos. Esta proscripción pasó al olvido con la última campaña electoral. Entonces al igual que en el país aparecieron posiciones irreconciliables pese al afecto y la camaradería entre amigos de toda la vida.

    Con los resultados de la primera vuelta y la situación aún incierta que vivimos caímos en un marasmo al principio y en la desolación después. Si bien nada está dicho aún sobre quien será el segundo lugar, nos encontramos en una situación límite. Con un filosenderista encabezando la elección y un país acorralado por su propia indolencia, ignorancia y frivolidad.

    Lo peor es que aparentemente aún no somos conscientes de la gravedad de la situación y ya estamos invadidos de un mar de memes que con ingenio o sin él, banalizan el drama que estamos viviendo.

    Es de esperarse que en la segunda vuelta el profesor Castillo del cual los medios estúpidamente ya empiezan a mostrar una visión idílica, en su pequeña casita, con su moto y su caballo y no como el mascarón de lo peor de la política. Sin embargo, si algo hay que agradecerle a este radical surgido aparentemente de la nada y que las torpes encuestadoras nunca vieron, es que con su crecimiento electoral nos libró de otros más peligrosos al estar más camuflados como son Mendoza y Lescano, más ladinos pero igual de peligrosos, una por su radicalismo encubierto y el otro por esa peligrosa combinación de ignorancia y orfandad ideológica que encarna.

    Aún no está definido quien competirá en la segunda vuelta con el profesor del MOVADEF y se pelea voto a voto. Aparentemente la pugna final será entre López Aliaga y Keiko Fujimori. Será un final de angustia. Escribo en el chat. Entonces surgen los odios y los complejos y uno de los viejos amigos del colegio escribe: “El fujimorismo es repugnante y si tenemos que escoger a ella o a Castillo,… será Castillo entonces, ya que será más fácil sacarlo constitucionalmente a él que a ella… Espero no lleguemos a ese escenario de elección”.

    Entonces pienso que todo está perdido. Que solo es cuestión de tiempo.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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