Por: Luciano Revoredo / La destrucción de la diplomacia peruana

por | Oct 18, 2021 | Opinión

La Cancillería peruana es una institución bicentenaria. Fue creada nada menos que por José de San Martín el 3 de agosto de 1821, apenas a los cinco días de proclamada la independencia.

San Martín nombró a Juan García del Río –nacido en Cartagena – como ministro de estado en ese despacho. Es así como la Cancillería se convierte en la institución más antigua de nuestro país en el período republicano.

Ese es el origen de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, una institución respetada en el continente y en el mundo.

Nuestra política exterior siempre se ha basado en principios promotores de valores como los derechos humanos, la paz como objetivo de la solución de las controversias y la democracia como sistema.

A lo largo de estos doscientos años la diplomacia peruana ha sido admirada por su capacitación y su desempeño. Baste mencionar que personajes de la talla mundial de Víctor Andrés Belaunde y Javier Pérez de Cuellar la han prestigiado ocupando el cargo de cancilleres, así como fueron figuras estelares de la política y el derecho internacional. Asimismo, hemos tenido grandes académicos e intelectuales como cancilleres. Alberto Ulloa Sotomayor o Raúl Porras Barrenechea son dos incontrastables ejemplos que me vienen ahora a la memoria.

Estos antecedentes resultan de imprescindible recuerdo hoy que un gobierno lumpenesco está destruyendo la gran tradición diplomática del Perú.

Cuando Pedro Castillo nombró su primer gabinete, conformado por una serie de impresentables, extremistas y delincuentes, muchos mostraron su rechazo a la presencia de Héctor Béjar, un asesino y guerrillero como canciller. Fue la población indignada la que forzó las cosas para que Béjar deje el cargo.

Luego el ánimo general al menos en cuanto al asunto de la cancillería cambió cuando Castillo nombró a Óscar Maúrtua de Romaña como canciller. Maúrtua tiene una dilatada carrera al servicio de la diplomacia peruana. Ya ha sido canciller durante el gobierno Toledo y embajador de nuestro país en Canadá, Bolivia, Tailandia, y Ecuador. Si bien ideológicamente calificaría como lo que se llama un caviar o un izquierdista moderado, su intachable carrera lo convirtió en la excepción en el gobierno neosenderista de Castillo.

Lamentablemente el gobierno de Castillo está destruyendo al país y la cancillería es uno de sus peores ejemplos. Maúrtua cumplió con sacarles las castañas del fuego en el caso de Béjar, pero penosamente ha decidido tirar su carrera y prestigio por la borda avalando la errática y perversa política exterior del gobierno de Perú Libre.

El reciente caso del intento de nombrar al operador de Vladimir Cerrón, Richard Rojas, como embajador en Panamá y su rechazo por este país, ha sido una señal alarmante de la crisis que vivimos, posteriormente el retomar relaciones con la tiranía de Maduro en Venezuela, para enviar a esa embajada a Rojas, tras su rechazo en Panamá por ser parte de los Dinámicos del centro y no estar capacitado para el cargo, ya es demasiado.

El embajador Maúrtua cae muy bajo al sostener estas decisiones y garantizarlas con su respaldo. Mejor haría en renunciar, mantener su buen nombre y no terminar su carrera con el baldón de ser cómplice de la destrucción de la bicentenaria tradición de Torre Tagle.