Por: Luciano Revoredo / ¿Lobistas o traficantes de influencias?

por | Ene 9, 2022 | Opinión

El término “lobby” se usa mucho en el Perú. Generalmente en tono peyorativo y como un sinónimo de tráfico de influencias. Aunque hay que precisar que esto no tendría necesariamente que ser así. En nuestro país se entiende por lobby la actividad de sacar provecho de las relaciones para obtener prebendas. El lobista sería así un delincuente que usa su posición para sacar provecho de la política para si o sus representados.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el término lobby es: «un grupo de personas influyentes, organizado para presionar a favor de determinados intereses».

Si nos remontamos al origen de esta actividad y la etimología de la palabra encontraremos más de una versión. Básicamente las más reconocidas la británica y la estadounidense.

Si nos remitimos a los orígenes del término, llegaremos necesariamente a la palabra inglesa lobby, que significa vestíbulo, es decir el lugar a la entrada de un edificio.

Según la versión inglesa se usa este concepto por primera vez aludiendo a la antesala del parlamento británico, es decir el lobby, donde los representantes de diversos intereses se encontraban con los parlamentarios para exponerles sus preocupaciones y demandas ya que no podían ingresar más allá.

En América, de acuerdo estadounidense, se cree que esta actividad tiene su origen en los Estados Unidos durante el gobierno de Ulysses S. Grant (1869- 1877), a quien su esposa no le permitía fumar en la Casa Blanca y por ello se dirigía a fumar puros en el lobby del cercano Hotel Willard. Al correrse la voz de esta costumbre y saberse que en esa circunstancia se podía acceder al presidente políticos y ciudadanos que deseaban favores se aproximaban a él en con l ventaja de la informalidad del encuentro. Pronto hubo algunos especialistas en el arte de expresar intereses al presidente que empezaron a ir en representación de otros.

Lo cierto es que con el paso de los años esta actividad en gran parte del mundo está regulada y es legal. Los lobistas permiten el establecimiento de una comunicación entre los «tomadores de decisiones» y aquellos a los que les incumben directamente las decisiones que serán tomadas.

Lamentablemente en el Perú no existe una actividad legal de esta naturaleza. Existe numerosos lobistas. Muchos de ellos dispuestos a ejercer su influencia en beneficio de causas justas a través de sus relaciones con el poder. Pero lamentablemente también hay de los otros. Los traficantes de influencias que entre nosotros también son llamados lobistas. Dando así al concepto una carga que el común de la gente entiende como sinónimo de corrupción política.

Es así como se dice por ejemplo sobre alguien que está en problemas legales por “lobista”, cuando en realidad sería más correcto decir que se trata de un delincuente que se benefició del poder con arreglos bajo la mesa. O se llama lobistas a los visitantes del infame recinto de la calle Sarratea en Breña, donde se habrían cocinado millonarios arreglos de corrupción con Pedro Castillo.

Las cosas por su nombre. Esos no son lobistas. Son traficantes de influencias. Delincuentes comunes.


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