El concepto de «desarrollo por invitación» fue acuñado hace unos 25 años por el economista brasileño Carlos Medeiros. Se trata de una idea proveniente de la economía del desarrollo y la geopolítica, que explica cómo un número limitado de países logró ascender al estatus de nación desarrollada (o ‘primer mundo’) durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial; no por méritos propios exclusivamente, sino gracias a la ‘invitación’ o el apoyo deliberado de potencias hegemónicas, principalmente los EEUU.
Andrés Malamud, de la Universidad de Lisboa, cuestiona la tesis de los recientes premios Nobel de Economía, Mokyr, Aghion y Howitt, sobre la importancia de las instituciones en el desarrollo de los países, señalando que, si ello fuese cierto, Uruguay y Costa Rica serían naciones desarrolladas, ya que sus instituciones son mucho mejores que las de Grecia e Italia. Malamud va más allá, y afirma que si Uruguay y Costa Rica estuviesen en Europa serían desarrolladas, y que si Grecia e Italia estuviesen en Hispanoamérica, pues no lo serían. Así, para Malamud, importan más la geografía y el poder -es decir, la geopolítica- que las instituciones.
La semana pasada, EEUU confirmó la transferencia a la Argentina de Derechos Especiales de Giro (DEG) por un total de USD 872 millones. Este desembolso forma parte del rescate financiero impulsado por el gobierno de Donald Trump para respaldar la administración de Javier Milei en un momento de extrema crisis cambiaria y de confianza en su programa económico. La ayuda llegó en medio de una fuerte subida del dólar y un clima de incertidumbre que ponía en peligro la viabilidad misma del Gobierno argentino. Algunos críticos aseguraban que ‘sin esa ayuda Milei no llegaba a fin de año’.
Milei había viajado a Washington semanas antes para mantener reuniones al más alto nivel y ofrecer gestos políticos destinados a tranquilizar tanto a Wall Street como al mercado financiero argentino. Como fruto de esas negociaciones, el presidente Trump anunció que su gobierno ‘estaba dispuesto a hacer lo que sea necesario dentro de su mandato para apoyar a Argentina’. Sin embargo, la ayuda estuvo condicionada a que Milei ganara las elecciones parlamentarias del 26 de octubre, como efectivamente ocurrió. Este salvataje ha sido recibido en Argentina como una ‘invitación al desarrollo’ por parte de EEUU. Efectivamente, Malamud declaró que “la invitación al desarrollo le llegó a la Argentina y que ahora dependerá de lo que ella haga para ver si se concreta o no”.
El modelo de desarrollo por invitación se enmarcó en la estrategia de EEUU para contener la expansión del comunismo soviético durante la Guerra Fría. Estados Unidos no solo permitió, sino que promovió activamente el desarrollo industrial y económico de ciertos países estratégicos, como Alemania Occidental, Japón, Italia, Corea del Sur y Taiwán. Estos países fueron invitados a integrarse en el sistema capitalista occidental, recibiendo facilidades como acceso a mercados, transferencias tecnológicas, inversiones y condonaciones de deudas, a cambio de allanarse y alinearse políticamente con Washington. A diferencia de un desarrollo autónomo o endógeno, este proceso dependía de factores externos y geopolíticos, como la acumulación de oro en los Estados Unidos tras la guerra y la necesidad de contar con aliados fuertes en regiones clave del tablero internacional del ajedrez. No fue un camino abierto a todos los países periféricos: solo unos pocos fueron seleccionados basados en su posición estratégica.
Cuando la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) decidió invitar a España y Portugal en 1986, ambos países estaban en proceso de desarrollo, pero no eran consideradas naciones desarrolladas bajo los estrictos criterios del Fondo Monetario Internacional. La admisión de España y Portugal a la CEE significó un gran impulso para sus economías, que crecieron de manera significativa desde ese momento hasta convertirse en los países desarrollados que son ahora. Algo similar sucedió con Polonia, que entró a la Unión Europea en 2004 cuando solo era considerada una economía emergente. Actualmente, Polonia es considerada una economía de mercado desarrollada y de altos ingresos.
En contextos hispanoamericanos, como en Argentina, el término ‘desarrollo por invitación’ se ha popularizado recientemente para criticar o analizar modelos económicos que buscan el progreso a través de la tutela de potencias extranjeras. Por ejemplo, algunos economistas como Roberto Frenkel, han señalado que este enfoque implica una dependencia permanente de financiamiento externo, lo cual no es sostenible a largo plazo. Se le compara con ideas antiguas como el ‘desarrollo atado a la locomotora’ de potencias dominantes. Sus críticos argumentan que este desarrollo por invitación puede llevar a un tutelaje perpetuo, donde el país invitado sacrificaría su soberanía por beneficios temporales, y solo funcionaría en escenarios de un consenso geopolítico amplio que tarda décadas en consolidarse.
Aplicado al Perú, este concepto nos invita a reflexionar sobre nuestra propia trayectoria geopolítica y económica. A diferencia de Argentina, el Perú no ha recibido una invitación explícita de alguna potencia hegemónica. No obstante, Perú ha desarrollado alianzas estratégicas, como el Tratado de Libre Comercio con EEUU en 2009 o su integración en la Alianza del Pacífico y APEC, que han impulsado nuestras exportaciones y atraído nuevas inversiones. Sin embargo, estos acuerdos han generado debates internos sobre la afectación de nuestra soberanía y el aumento de la desigualdad, recordándonos que el desarrollo por invitación requiere reformas internas sólidas para evitar la dependencia perpetua, además de alineamientos externos. En un contexto de gran inestabilidad regional, el Perú podría posicionarse como un aliado clave en el Pacífico Sur, pero solo si equilibra la geopolítica con instituciones fuertes y políticas inclusivas, transformando cualquier invitación en un progreso autónomo y sostenible.
(*) Biólogo Molecular de Plantas y Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia
(**) Biólogo Molecular y Congresista de la República




