21 de febrero de 2026

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Por: Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**) / Edición de genomas

Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**)

Desde la década de 1980, la Unión Europea (UE) ha mantenido una posición firme respecto de la adopción de ingeniería genética y biotecnología moderna en la agricultura internacional. Esta postura contrasta con el hecho de que muchos avances pioneros en ingeniería genética de plantas se originaron gracias al trabajo de científicos belgas liderados por Van Montagu y Schell en la Universidad de Gante hace más de cuatro décadas. A pesar de dichas contribuciones, la UE ha priorizado sistemáticamente la percepción de riesgos sobre los posibles beneficios, lo que ha derivado en regulaciones estrictas, moratorias y un mercado restringido para estos productos. Esta actitud súper cautelosa, basada en el principio precautorio -según el cual se prohíbe o limita una tecnología ante cualquier incertidumbre, aun sin evidencia científica de peligro- y reforzada por el activismo de diversas ONG (Greenpeace, Friends of the Earth, Confédération Paysanne, Soil Association), ahogó el avance de la innovación europea en este sector. Como resultado, los agricultores europeos enfrentan hoy una desventaja competitiva respecto de sus homólogos de países como Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China e India, y se ha retrasado el desarrollo de sistemas alimentarios sostenibles en Europa.

No obstante, la Unión Europea ha iniciado recientemente un cambio significativo de perspectiva. El acuerdo provisional alcanzado en diciembre de 2025 entre la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria (ENVI) del Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea relativo a las nuevas técnicas genómicas (NGT), como la edición de genomas, representa un hito al desregular determinadas plantas editadas genéticamente y equiparar la normativa europea con la de los principales países líderes en biotecnología agrícola. Esta decisión trasciende el ámbito regulatorio, ya que implica la aceptación de la biotecnología agrícola como una herramienta estratégica en la mitigación del cambio climático y en el abordaje de la inseguridad alimentaria.

El nuevo marco regulatorio divide las plantas NGT en dos categorías: NGT-1 y NGT-2. Las NGT-1, con cambios posibles de manera natural o convencional, estarán exentas de la mayoría de los controles de OGM; sus semillas serán etiquetadas, pero los productos no necesitarán trazabilidad ni evaluación especial. Las NGT-2, con modificaciones más complejas, seguirán bajo regulación OGM para controlar riesgos. Esta política, que entra en vigor en 2028, reconoce que no todas las ediciones genómicas tienen el mismo riesgo.

Este enfoque contrasta con la decisión de la UE en 2018, que consideró a los organismos genéticamente editados igual que a los modificados genéticamente y limitó el uso de avanzadas herramientas de edición genómica durante años. Surge entonces la pregunta de por qué se ha producido este cambio. La explicación parece estar en la necesidad urgente de avanzar hacia una transición verde. Las NGT ofrecen cultivos capaces de soportar plagas, sequías y enfermedades utilizando menos pesticidas y fertilizantes, lo que ayuda a disminuir el impacto ambiental de la agricultura, una actividad responsable de un porcentaje importante de las emisiones de la UE. Además, variedades con mayor rendimiento y resistencia pueden mejorar la seguridad alimentaria, especialmente ante la creciente inestabilidad climática y geopolítica, al mismo tiempo que dan a pequeños productores acceso a tecnologías cada vez más asequibles.

A nivel global, naciones como Estados Unidos, Japón, Brasil y Argentina han desregulado tecnologías comparables desde hace tiempo, obteniendo beneficios en diversas categorías de productos, que incluyen tomates enriquecidos y especies acuícolas de rápido crecimiento. El rezago de Europa en este ámbito ha repercutido significativamente en su competitividad. Este acuerdo representa una oportunidad para actualizarse. Algunos sectores, entre ellos organizaciones ambientalistas, han manifestado inquietudes respecto a riesgos no previstos y la posible concentración empresarial mediante uso de patentes. No obstante, el acuerdo contempla estas cuestiones de manera directa: se autorizan las patentes, pero se establecen garantías contra situaciones de monopolio, tales como un código de conducta de la Unión Europea sobre licencias justas y el reconocimiento del derecho de los agricultores a conservar semillas.

Aunque hay muchas noticias positivas, una de las no tan favorables es que las variedades creadas mediante NGT están prohibidas en la agricultura orgánica, bajo el argumento de la necesidad de proteger la integridad de ese sector. Esto implicará un control costoso y complicado. Sin embargo, varios expertos consideran que esto representa un paso cauteloso pero importante: un cambio gradual de políticas fundamentadas en el temor hacia otras basadas en la evidencia científica.

Los autores hemos defendido en el plano científico y durante muchos años el papel de la biotecnología agrícola como motor del desarrollo económico sostenible, y consideramos que este anuncio representa el tan esperado reencuentro de Europa con su espíritu innovador. El continente pionero del principio precautorio puede ahora liderar la edición genética responsable, fomentando una agricultura resiliente que alimente al mundo sin perjudicarlo. Es momento de celebrar este cambio y asegurar su rápida implementación: nuestras granjas, nuestro clima y nuestro futuro dependen de ello.

En Perú, la agricultura enfrenta retos como los efectos del clima y la necesidad de aumentar la productividad de forma sostenible. Por eso, es fundamental que el Ministerio del Ambiente (MINAM) defina pronto una postura nacional sólida y actualizada sobre los organismos genéticamente editados. Mientras Europa apuesta por la innovación, Perú no puede quedarse rezagado; se necesita con urgencia una regulación que se base en la ciencia, permita el uso de estas tecnologías, cuide el medio ambiente y apoye a los agricultores, evitando así perder competitividad, evitando poner en riesgo nuestra seguridad alimentaria y económica. Es hora de que el MINAM -y el Congreso- tomen acción.

(*) Biólogo Molecular de Plantas y Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

(**) Biólogo Molecular y Congresista de la República

 

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