14 de marzo de 2026

|

Lima: Cargando...

Por: Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**) / La confianza en la ciencia y la medicina

Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**)

En los últimos años se observa a nivel mundial un fenómeno de creciente relevancia: la disminución de la confianza pública en las comunidades científica y médica. Resulta notable que esta transformación en la percepción social coincida con un periodo caracterizado por una notable aceleración en los avances tanto científicos como médicos.

Diversas encuestas internacionales recientes han evidenciado variaciones importantes en los niveles de confianza hacia los científicos. Un estudio publicado en 2025 por la revista Nature Human Behaviour, basado en datos de 71,922 participantes de 68 países, señala que, si bien la confianza promedio en los científicos permanece relativamente alta (72%), en numerosas regiones dicha confianza ha disminuido, y solo el 57% de los encuestados percibe honestidad en este colectivo. Por su parte, un informe del Pew Research Center presentado en enero de 2026 indica que, en EEUU, la confianza en los científicos alcanza el 77%, aunque continúa siendo inferior a los niveles observados antes de la pandemia.

Las causas de esta erosión son múltiples. La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto vulnerabilidades institucionales a nivel global. Diversos gobiernos y organismos de salud, como el CDC y la OMS, emitieron recomendaciones contradictorias -por ejemplo, cambios continuos respecto al uso de mascarillas- lo que generó percepciones de inconsistencia e incompetencia. En Estados Unidos, expresiones como «sigue la ciencia» resultaron problemáticas al transmitir la idea de que la ciencia es incuestionable, obviando su carácter iterativo y dinámico. A escala internacional, la desinformación difundida por redes sociales influyó significativamente en la percepción pública. Proliferaron teorías conspirativas, entre ellas, acerca de microchips en las vacunas o la posible fuga de virus desde laboratorios, lo que contribuyó a minar la confianza en los expertos, frecuentemente percibidos como parte de una élite. Las desigualdades económicas también amplificaron la desconfianza en regiones con acceso limitado a recursos. Asimismo, la percepción de vínculos entre el sector médico y la industria farmacéutica (Big Pharma) intensificó la disminución de la confianza en los profesionales de la salud en Estados Unidos, pasando del 70% en 2020 al 40% en 2025.

Como era previsible, este fenómeno se presenta de manera heterogénea según la latitud. En los Estados Unidos, la confianza en las agencias federales de salud, como la FDA, descendió al 60% para el año 2026. Por otro lado, Países Bajos y Australia mantienen niveles elevados de confianza (78%), mientras que Francia y Reino Unido muestran cifras cercanas al 60% en relación con los científicos, influenciadas por movimientos antivacunas y el escepticismo posterior al Brexit. En Hispanoamérica la situación es comparable, aunque a menudo persiste una mayor resiliencia atribuida a factores socioculturales. Los promedios regionales de confianza en los científicos (alrededor del 58%) igualan o superan los valores globales, destacándose Argentina con un 70% y México con un 62%. No obstante, las disminuciones posteriores a la pandemia son notables y están relacionadas con la distribución desigual de las vacunas y el auge del populismo político. En Perú, donde buena parte de la población carece de acceso oportuno a la atención de salud, la desconfianza resulta prevalente, lo que lleva a una preferencia significativa por el uso de ‘remedios’ tradicionales sobre la medicina moderna. La revisión de la OCDE de 2025 sobre el sistema de salud peruano destaca índices de baja confianza (45% en científicos y médicos).

África y Asia presentan dinámicas contrastantes respecto a la percepción de la ciencia, distinguiéndose en varios casos del contexto occidental. En África, países como Egipto (86%), Nigeria (80%) y Kenia (79%) muestran altos niveles de confianza en la ciencia, considerándola un vehículo para el desarrollo, mientras que Sudáfrica exhibe una confianza considerablemente menor (40%), atribuible en gran parte a factores históricos como los abusos durante el apartheid y el negacionismo relacionado con el VIH. En Asia, la India reporta una tasa de confianza elevada (85%), impulsada por el optimismo tecnológico y el orgullo nacional, en contraste con Japón (51%) y Corea del Sur (43%), donde predominan las preocupaciones sobre la privacidad y el escepticismo hacia las instituciones. A diferencia de las tendencias polarizadas observadas en Occidente, la confianza en la ciencia en estas regiones tiende a correlacionarse con los beneficios percibidos, siendo más alta en las economías emergentes y menor en las desarrolladas.

Para abordar la actual crisis global de confianza, es fundamental humanizar la ciencia mediante estrategias enfocadas en la comunicación y la transparencia institucional. En primer lugar, resulta necesario optimizar la interacción con el público, sustituyendo exposiciones unilaterales por enfoques empáticos basados en testimonios y experiencias personales. Tal como señala la Association of American Medical Colleges, la participación de médicos de primer nivel y pacientes puede fortalecer la credibilidad del mensaje, combinando competencia profesional y cercanía. En el contexto peruano, una estrategia efectiva podría consistir en colaborar con líderes comunitarios en áreas indígenas para promover información sobre los beneficios de la vacunación en lenguas originarias, reduciendo así la desconfianza asociada a barreras de acceso.

En segundo término, es imprescindible fomentar la transparencia y la rendición de cuentas institucional. Las organizaciones deben reconocer y comunicar abiertamente sus errores históricos, así como diversificar su estructura de liderazgo integrando voces tradicionalmente subrepresentadas, lo que contribuiría a mitigar percepciones elitistas. En Hispanoamérica, iniciativas como CILAC (Foro Abierto de Ciencias de América Latina y el Caribe) impulsadas por la UNESCO representan oportunidades relevantes para ampliar la educación científica en el ámbito escolar y consolidar la confianza social.

Es fundamental invertir en equidad, especialmente eliminando las barreras de acceso en países como Perú a través de reformas para la cobertura universal, tal como recomienda el informe de la OCDE. Para reconstruir la confianza, se necesita la cooperación entre científicos, gobiernos, medios de comunicación y la sociedad en general. Los avances señalados por la OMS para 2025, desde acuerdos sobre pandemias hasta acciones en salud y cambio climático, demuestran que solo se puede progresar con una base sólida de confianza. Recuperar la fe en la ciencia implica principalmente volver a conectar a la humanidad con la búsqueda de la verdad. Es urgente actuar ahora, antes de que el escepticismo sea imposible de revertir.

(*) Biólogo Molecular de Plantas y Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

(**) Biólogo Molecular y Congresista de la República

Scroll al inicio