“La Insoportable Levedad del Ser”, escrita por Milan Kundera (1984), tiene un trasfondo político profundamente ligado al enfrentamiento entre la “pesadez” existencial que la ocupación soviética de la Checoslovaquia de agosto de 1968, y su obvia falta de libertad, imponen sobre los personajes principales de la novela con la permanente búsqueda de estos de una “levedad” que parece inalcanzable a pesar de sus intentos de poder escapar hacia ella. La historia es la de siempre: la pugna entre lo totalitario y la libertad.
El actual debate abierto sobre un proyecto de ley que propone el levantamiento parcial de la Moratoria de los Transgénicos tiene también, oh sorpresa, un trasfondo político. Por un lado, la imposición de una Moratoria basada en miedos atávicos, temores sin base y premisas falsas (como una supuesta destrucción de la biodiversidad o peligros inminentes sobre la salud y el medio ambiente) de parte de una alianza contra natura de activistas ambientales de la izquierda, chefs de alta gama, exportadores de productos orgánicos, etc. Por otro lado, se encuentra un pequeño grupo de científicos (dos de ellos, ahora Congresistas) y algunos nuevos aliados, que apuestan tercamente por la libertad plena de los agricultores.
Y es que el argumento “técnico” de este debate hace tiempo que ya terminó fuera de nuestras fronteras. El Brasil de Lula, la Colombia de Petro o la Bolivia del MAS, no han intentado dar marcha atrás en la siembra de transgénicos en sus países; a pesar de las ONG ambientalistas. China, India, Bangladesh, Argentina, Australia, Canadá, EEUU, Paraguay, etc. siembran transgénicos y demuestran que cuando se escucha la ciencia, no hay argumento en contra que valga.
La particularidad de nuestro caso es que la narrativa antitransgénica, impuesta principalmente por las ONG ambientalistas de izquierda, ha sido muy exitosa porque supo explotar a su favor el celo y el orgullo por nuestra agrobiodiversidad. Pero ese engaño o “exceso de cautela” pudo convencer hace 15 años; ya no ahora. Cientos de estudios científicos han demostrado que todos los temores sobre los OGM eran infundados: no hay ningún peligro de daño a nuestra agrobiodiversidad, a la salud y menos al ambiente.
Y aquí es donde entra el trasfondo político, el que realmente mueve a los antitransgénicos. En esta batalla, la primera víctima fue la libertad ancestral de nuestros agricultores sacrificada en el altar de una falacia por lo natural, en el mejor de los casos, y en el peor, por un impulso para controlarlos desde el Estado. ¿Debe -porque sí puede- un Estado limitar la libertad de los agricultores para escoger qué sembrar al perseguir el bienestar de su familia? Los que estamos por la libertad individual pensamos que NO. Más aún, si no existen razones técnicas en que basar esa prohibición.
Si a algunos, los transgénicos les causan dolor de hígado o ardor en los ojos, esa NO es razón para continuar con ninguna moratoria. Que algunas compañías de semillas se “beneficiarán” tampoco es un argumento válido. Hoy esas mismas compañías venden semillas híbridas no transgénicas en el Perú; y en el extranjero venden semillas transgénicas a los agricultores que cultivan la soya, el maíz y el algodón que importamos desde el Perú. “Beneficiadas” ya están. Los agricultores de Argentina, Brasil, EEUU (maíz amarillo duro) y de la India (algodón) deben estar muy felices con nuestra Moratoria.
En esta novela contemporánea peruana, a diferencia de la de Kundera, se enfrentan la “pesadez” de los argumentos científicos a favor de los transgénicos y la “levedad” wokista ambientalista de las ONG amantes de lo artificialmente “natural”. La constante, sin embargo, es el trasfondo totalitario, esta vez del lado de la “levedad”. Su intento de capturar el Estado para imponer su narrativa “natural” tuvo éxito hace 15 años. No permitamos que se repita.
Es hora de defender la libertad ancestral de los agricultores peruanos; su derecho de sembrar para producir en el Perú cosechas que el consumidor peruano hoy importa sembradas por agricultores extranjeros. La ley de Moratoria es un instrumento antinacional, pues le impide sembrar a los peruanos para producir aquello que compramos de agricultores extranjeros. Los agricultores peruanos deben contar, en su arsenal diario para cultivar nuestros alimentos, con cualquier arma que la ciencia moderna les ofrezca.
No olvidemos que los agricultores peruanos también aman nuestra biodiversidad. Dejemos que ellos escojan. En estos momentos en que la libertad individual parece volver a ser tema de debate en el mundo, apostemos por su plena vigencia en el campo y en el país.
(*) Biуlogo Molecular de Plantas y Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia
(**) Biуlogo Molecular y Congresista de la Repъblica




