16 de mayo de 2026

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Por: Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**) // La Nueva Inquisición

Luis de Stefano - Ernesto Bustamante

Desde el inicio del siglo XXI, presenciamos el renacer de una nueva inquisición, donde algunos ‘ungidos’, tocados por los dioses del Olimpo y armados por la cultura de la cancelación, van por el mundo como los guardianes socráticos de una nueva moralidad, silenciando toda disidencia con un fervor que nos recuerda a la gran paranoia colectiva de la caza de brujas en la Europa de las hogueras. Las antorchas de antaño han sido reemplazadas por los hashtags de las redes sociales, pero el objetivo sigue siendo el mismo: purgar a los ‘herejes’ que osan desafiar el dogma, sus dogmas.

Thomas Sowell describe a los ungidos como una casta que se cree poseedora de la verdad absoluta, justificando sus cruzadas con intenciones nobles y necesarias mientras desdeñan la evidencia y la libertad individual como meras sugerencias del debate público. La cultura de la cancelación es su herramienta inquisitorial, diseñada no para debatir, sino para pretender aniquilar reputaciones y exterminar voces disidentes. Mientras en la Inquisición española, se castigaba las herejías para “salvar almas”, los ungidos modernos — activistas, académicos, corporaciones y medios — justifican la censura como un acto de “justicia social”.

Entre los muchos casos de ejecución mediática de esta dinámica inquisitorial podemos mencionar el del psicólogo y autor canadiense Jordan Peterson (JP). El Dr. Peterson saltó a la fama por oponerse al Proyecto de Ley C-16 de Canadá en 2016, el que según JP podría obligar a los ciudadanos, por primera vez en la tradición anglosajona de leyes, también conocida como Common Law, a usar una terminología específica en temas de identidad de género (como el uso de pronombres ze/hir que no forman parte del idioma inglés estándar) y que JP consideró un ejemplo de discurso forzado (compelled speech). Sus repetidas críticas a la corrección política, el feminismo y la ideología ‘woke’ lo convirtieron en blanco fácil de la Nomenclatura de lo políticamente correcto.

En el 2018, durante la gira de promoción de un libro, sus presentaciones públicas se enfrentaron a repetidas protestas de activistas y académicos quienes hicieron campaña para prohibirle dar charlas en universidades. La más notable de todas ellas la desinvitación de la Universidad de Cambridge (2019) que le revocó una beca de investigación previamente acordada debido a las acusaciones de transfobia y misoginia. Las redes sociales sirvieron como caja de resonancia de quienes pidieron boicotear sus libros y etiquetarlo como una «figura de odio». En 2022, el Colegio de Psicólogos de Ontario (CPO) calificó sus opiniones como “degradantes” y “poco profesionales” y le ordenó someterse a un programa de reentrenamiento en redes sociales y lo amenazó con revocarle su licencia profesional de psicólogo si no lo tomaba. Peterson se opuso tenazmente a dicha orden argumentando que su posición en relación con la Ley C16 se trataba de un caso de libertad de expresión que no afectaba su práctica profesional de psicólogo y llevó su caso al Tribunal Divisional de Ontario en agosto de 2023. Lamentablemente, dicha instancia confirmó la orden del CPO. En enero del 2024 Peterson apeló esa decisión ante la Corte de Apelaciones de Ontario que la rechazó ratificando la decisión de la instancia inferior. Finalmente, en agosto del año pasado la Corte Suprema de Canadá declinó oír su caso, cerrando de esa manera todas sus opciones legales. Desde entonces JP decidió emigrar a los Estados Unidos lamentando el creciente autoritarismo en su país natal y calificó la Ley C16 como un paso a un “infierno totalitario”.

Lamentablemente, la persecución mediática a Peterson, no es un caso raro. No podemos olvidar el caso de James Damore, ingeniero de Google, quien fue despedido tras publicar un memorando interno que cuestionaba la eficacia de las políticas de diversidad de la empresa, sugiriendo que diferencias biológicas podrían influir en la representación de género en tecnología; la campaña de cancelación a Camille Paglia, académica estadounidense, feminista y crítica social, por sus controvertidas opiniones en relación al feminismo y a la sexualidad fuera de la ortodoxia imperante o sus críticas al feminismo de la “segunda ola”;  y la actual campaña en contra de J.K. Rowling, la autora de la serie Harry Potter, por sus comentarios sobre el sexo biológico y la identidad de género que le han ganado la acusación de transfóbica. Otras víctimas célebres de esta nueva inquisición incluyen a Larry Summers, rector de la Universidad de Harvard (2001-2006), Timothy Hunt, premio Nobel de Medicina 2001, James D. Watson, premio Nobel de Medicina 1962, entre otros.

A pesar de todo, hay esperanza. Sowell nos enseña que la resistencia comienza con hechos, razón y responsabilidad individual. Rechazar el bálsamo halagador de los ungidos implica fomentar el diálogo, proteger a los cancelados, desafiar la ortodoxia con argumentos y sin miedo, apoyar el debate científico y el pensamiento crítico, defender la libertad de expresión y cultivar una cultura que valore la verdad sobre la conformidad. No dejemos que la nueva inquisición triunfe. Como Hamlet nos recuerda, enfrentar la verdad, aunque incómoda, es el primer paso para redimir el alma. En un mundo que lucha por la libertad, rechazar el dogmatismo de los ungidos es un acto de coraje. No nos apliquemos el bálsamo de la complacencia; desafiemos a los inquisidores con la fuerza de nuestras ideas.

(*) Biólogo Molecular de Plantas y Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

(**) Biólogo Molecular y Congresista de la República

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