La acuicultura surgió con una promesa: dejar de cazar en el mar para empezar a sembrarlo, como hizo la humanidad con la agricultura, y aliviar así la presión sobre los océanos. Pero arrastra una paradoja: el pez que come pez. Para alimentar a los millones de salmones, truchas y langostinos de las granjas acuícolas se procesan cada año millones de toneladas de peces silvestres convertidos en harina y aceite. La dependencia varía según la especie y la formulación del alimento, pero sigue planteando un desafío ambiental y tecnológico.
Para el Perú, esa discusión tiene un protagonista: la anchoveta. Es un recurso esencial para la industria pesquera y, al mismo tiempo, una pieza fundamental de la red alimentaria de la corriente de Humboldt. La elevada proporción de juveniles registrada este año por el IMARPE motivó restricciones precautorias a la pesca. Ese dato, por sí solo, no demuestra sobreexplotación, pero recuerda que ninguna pesquería dispone de una oferta ilimitada.
¿Cómo disminuir la presión sobre los recursos marinos sin frenar el crecimiento acuícola? Parte de la respuesta podría encontrarse en una planta poco conocida: Camelina sativa, una oleaginosa de la familia de las brasicáceas, emparentada con la mostaza, la col y la maca. Sus semillas contienen cantidades importantes de aceite y pueden integrarse en determinados sistemas agrícolas. No obstante, para comprender su potencial debemos distinguir entre la camelina convencional y la obtenida mediante ingeniería genética.
El aceite de camelina convencional es rico en ácido alfa-linolénico (ALA), un omega-3 vegetal. Pero el ALA no equivale a los ácidos eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA), omega-3 de cadena larga presentes en los aceites marinos. Muchos peces cultivados convierten el ALA en EPA y DHA de manera limitada. Por ello, reemplazar indiscriminadamente el aceite de pescado por aceite vegetal puede disminuir el contenido de estos nutrientes en el producto que llega al consumidor.
Aquí aparece la verdadera innovación. Mediante ingeniería genética se han incorporado a la camelina rutas biosintéticas que permiten producir EPA y DHA, utilizando genes procedentes de microorganismos marinos. Ya no se trata simplemente de obtener aceite vegetal, sino de fabricar en tierra componentes nutricionales característicos del mar.
Un estudio publicado en Food Chemistry en 2024 evaluó salmones criados hasta tamaño comercial con una dieta que incluía aceite de camelina modificada genéticamente con aproximadamente 20% de EPA y DHA combinados. No encontró diferencias significativas en crecimiento, supervivencia ni eficiencia alimentaria frente a una dieta comercial de comparación. Los filetes de los peces alimentados con camelina modificada presentaron mayor contenido de EPA y DHA combinados. Un filete de 140 g aportaba 2.3 g de EPA y DHA combinados, el 67% de una referencia de ingesta semanal, frente a 1.5 g en los salmones alimentados con una dieta comercial. Es un resultado prometedor, pero no extrapolable a todas las especies ni a la harina de pescado.
La oportunidad agrícola merece también atención. La camelina posee un ciclo relativamente corto y tolera ciertas condiciones de frío y escasez de agua. Podría evaluarse como cultivo de rotación en zonas seleccionadas de la costa y la sierra. Sin embargo, su rendimiento, consumo hídrico y efecto sobre los cultivos siguientes dependen del clima, el suelo y el manejo agronómico.
Tampoco contamos todavía con una evaluación nacional que permita afirmar cuántas hectáreas peruanas serían aptas o cuántas toneladas de anchoveta dejarían de capturarse. Esa sustitución requiere cálculos que relacionen rendimientos agrícolas, extracción industrial del aceite, contenido efectivo de EPA y DHA, formulaciones alimenticias y comportamiento de los mercados. La reducción de la demanda de aceite marino no implica necesariamente una disminución proporcional de la captura, pues la harina de pescado constituye otro producto de la misma actividad.
La semilla ofrece una ventaja adicional: después de extraer el aceite queda una torta proteica aprovechable en alimentación animal. Su utilización, sin embargo, exige controlar glucosinolatos y otros factores antinutricionales, además de establecer proporciones adecuadas para cada especie.
En el Perú existe además un obstáculo normativo. La Ley 31111 prorrogó hasta diciembre de 2035 la moratoria al ingreso y producción de organismos vivos modificados destinados a cultivo o crianza y liberación ambiental. La investigación en condiciones confinadas y determinados usos para alimentación o procesamiento tienen tratamientos distintos. Por tanto, no corresponde proponer hoy una expansión comercial de camelina transgénica en campos peruanos como si estuviera autorizada. Sí podemos investigar, evaluar materiales convencionales y estudiar opciones industriales y regulatorias con criterios científicos de bioseguridad.
Una evaluación seria debería medir no solo toneladas producidas, sino también costos por kilogramo de EPA y DHA, efectos sobre biodiversidad, trazabilidad, aceptación comercial y beneficios verificables para los productores nacionales. La ruta responsable sería un programa coordinado entre universidades, INIA, IMARPE, PRODUCE y empresas agrícolas y acuícolas: ensayos agronómicos con camelina convencional, investigación biotecnológica confinada, análisis de aceites, pruebas de alimentación por especie y estudios económicos y ambientales. También habría que evaluar cómo una eventual menor demanda de insumos marinos podría contribuir a la sostenibilidad pesquera y a una mayor disponibilidad de pescado para consumo humano.
El futuro de la acuicultura no depende exclusivamente del mar, ni el de la agricultura termina en la producción tradicional de alimentos. Con investigación rigurosa, reglas claras e inversión privada, el Perú podría explorar una nueva cadena de valor entre el campo, la biotecnología y la pesca. La camelina no es una solución milagrosa; es una oportunidad que merece ser puesta a prueba antes de convertirse en una política productiva.
(*) Biólogo molecular de plantas y profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
(**) Biólogo molecular y excongresista de la República.



