27 de marzo de 2026

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Por Luis De Stefano Beltrány Ernesto Bustamante / Agricultura orgánica: un engaño (II)

Luis de Stefano - Ernesto Bustamante

En una columna anterior (29-03-2025), desmitificamos algunos de los engaños más persistentes sobre la agricultura orgánica, destacando cómo se demonizan injusta e impunemente los logros de la Revolución Verde y el uso de los agroquímicos sintéticos, mientras se ignora que los cultivos orgánicos también dependen de pesticidas y que los Límites Máximos de Residuos (LMR) no son indicadores directos de riesgo para la salud. Continuamos ahora esta serie para exponer cómo la promoción exclusiva de lo orgánico no solo es ingenua, sino potencialmente perjudicial para la seguridad alimentaria global y, en particular, para la agricultura familiar en el Perú. 

Comencemos por los rendimientos agrícolas, un tema clave donde la realidad colisiona con la narrativa orgánica. La literatura científica coincide en que los cultivos orgánicos producen, en promedio, entre un 20% y un 35% menos que los convencionales, dependiendo del cultivo y la región. Ello se debe principalmente a un control menos efectivo de plagas, enfermedades y malezas y a una dependencia de fertilizantes naturales en la agricultura orgánica. Sin embargo, la diferencia parece también tener una causa cultural o ideológica. Tradicionalmente los agricultores convencionales siempre se han sentido cómodos con las nuevas tecnologías. Más aún las exigen y reclaman. En contraste, los agricultores orgánicos no están dispuestos a adoptarlas. 

En la última década el uso de las tecnologías de edición genética -no transgénica- ha permitido el desarrollo de variedades con mayores rendimientos. Por ejemplo, la Dra. Xiaohong Yang de la Universidad Agraria de China en Beijing “apagó”, mediante la técnica de edición CRISPR, la expresión de un gen que afecta el rendimiento tanto en maíz como en arroz y logró, en pruebas de campo, obtener plantas con rendimientos por encima de un 10%. Por otro lado, un equipo de científicos de la Universidad de Purdue de los EEUU y de la Academia China de Ciencias, bajo la dirección del Dr. Jian-Kang Zhu logró obtener plantas de arroz capaces de producir entre 25 y 31% más grano que las plantas no editadas. A pesar de estos y otros desarrollos promisorios, en los EEUU el National Organic Standards Board (NOSB) votó en 2016 y 2017 por excluir todos los cultivos genéticamente editados de la certificación orgánica, y las normas orgánicas del USDA las prohíben explícitamente desde 2019. A nivel global, organizaciones como la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM) mantienen una postura similar, priorizando métodos ‘naturales’ y excluyendo la edición genética con el fin de ‘preservar los principios orgánicos’. En contextos como el Perú, donde la agricultura orgánica sigue estándares internacionales (como los de la Unión Europea para las agroexportaciones), estos cultivos tampoco se aceptan en certificaciones orgánicas, alineándose con la prohibición general de los OGM. 

Si el mundo dependiera exclusivamente de los métodos orgánicos, ¿podríamos alimentar a 8,400 millones de personas? La respuesta es un rotundo no: los menores rendimientos orgánicos podrían requerir hasta un 25% más de tierra cultivable, exacerbando así la deforestación y la presión ambiental. 

En cuanto a los pesticidas, la desinformación continúa alimentada por informes alarmistas de ONG que destacan excedentes de LMR sin ponerlos en contexto. Datos de 2024-2025 refuerzan que estos límites no miden toxicidad directa, sino el cumplimiento de buenas prácticas agrícolas. El informe de la Unión Europea publicado en 2025, sobre residuos de pesticidas en alimentos de 2023 muestra que el 98% de las muestras analizadas estaban dentro de los límites legales, con solo un 2% excediendo los LMR, y ninguno representando un riesgo crónico para la salud basado en la Ingesta Diaria Admisible (IDA). Recordemos nuestro ejemplo anterior: incluso un excedente del 500% en LMR rara vez acerca la ingesta real a niveles tóxicos, ya que la IDA se establece con un margen de seguridad de 100 veces. Revisiones científicas de 2024 enfatizan que los riesgos para la salud por residuos de pesticidas son bajos en comparación con beneficios como la prevención de pérdidas de cosechas. Ignorar esto es perpetuar un miedo infundado que beneficia a mercados nicho premium, no a la población general.

Los fertilizantes sintéticos siguen siendo el pilar de la producción alimentaria global, y las estadísticas de 2024-2025 así lo demuestran. El mercado mundial de fertilizantes alcanzará este año los 214 mil millones USD. Se calcula que en 2034 llegará a los 276 mil millones USD, impulsado por la necesidad de aumentar la producción para una población en expansión. Aproximadamente la mitad de la producción agrícola mundial depende de estos insumos, representando hasta el 36% de los costos operativos en cultivos como el maíz. En 2024, la producción global de alimentos batió récords, con incrementos anuales en nitrógeno y otros nutrientes sintéticos que han elevado la oferta en un 0.71% anual desde 2000. En el Perú, donde la agricultura familiar es mayoritaria, depender solo de métodos orgánicos reduciría potencialmente los rendimientos y agravaría la pobreza rural.

Políticas recientes como la nueva ley agraria de 2025, que ofrece incentivos fiscales para impulsar las agroexportaciones, contrastan con el énfasis en cadenas de valor orgánicas promovidas por el gobierno y la FAO, como las de quinua y cacao. Si bien el área orgánica ha crecido más de medio millón de hectáreas, esta se orienta a nichos de exportación premium y no a la alimentación masiva. El MIDAGRI debería priorizar un enfoque híbrido: garantizar el acceso a fertilizantes sintéticos y pesticidas seguros y al mismo tiempo promover prácticas sostenibles.

En resumen, los datos confirman que la agricultura orgánica, aunque valiosa en ciertos contextos, no es la panacea prometida. Insistir en ella como la única solución es un engaño que ignora la ciencia y pone en riesgo la seguridad alimentaria. El gobierno peruano debe asegurar insumos modernos para sus agricultores, reconociendo que la Revolución Verde, con sus avances, sigue siendo esencial para un futuro sin hambre. Esperamos que esta verdad dolorosa impulse un debate honesto, lejos de dogmas y cruzadas ideológicas.

(*) Biólogo Molecular de Plantas y profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

(**) Biólogo Molecular y Congresista de la República

 

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