26 de marzo de 2026

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Por: Manolo Fernández D. / El sistema de visión biónica que busca devolver la percepción visual

Manolo Fernández Díaz

El grupo de investigación australiano de la Universidad de Monash, a través del Monash Vision Group (MVG), ha desarrollado un innovador sistema de visión biónica llamado Gennaris, que representa uno de los avances más prometedores en el campo de la neuroingeniería aplicada a la ceguera profunda. A diferencia de otros enfoques que buscan reparar el ojo o el nervio óptico, Gennaris actúa directamente sobre el cerebro, estimulando la corteza visual primaria, la región encargada de procesar la información visual.

El sistema funciona mediante una pequeña cámara de alta resolución que el usuario lleva incorporada en un casco diseñado a medida. Esta cámara capta las imágenes del entorno y las envía a una unidad procesadora de visión. Allí, mediante técnicas avanzadas de procesamiento de señales, se seleccionan y extraen las características más relevantes de la escena, como contornos, contrastes y movimientos. No se transmite la imagen completa, sino una versión optimizada que permita al cerebro interpretar la información de manera eficiente y funcional.

La señal procesada se envía de forma inalámbrica a un conjunto de hasta once placas implantadas quirúrgicamente en la corteza visual primaria. Cada una de estas placas contiene su propio circuito, un receptor inalámbrico y 43 microelectrodos extremadamente finos, del grosor de un cabello. Estos microelectrodos estimulan directamente las neuronas de la corteza visual, generando percepciones luminosas llamadas fosfenos. El cerebro interpreta estos puntos de luz como patrones que representan objetos, personas u obstáculos en el entorno. No se trata de una visión convencional, sino de una nueva forma de percepción visual construida a partir de la estimulación cerebral directa.

Para evaluar la utilidad del sistema antes de su aplicación en pacientes, el equipo desarrolló una simulación para iPhone que reproduce la experiencia visual estimada de Gennaris. Esta simulación se basa en más de cincuenta años de investigación internacional sobre estimulación cortical y en estudios detallados sobre la localización y apariencia de los fosfenos en el campo visual. Gracias a esta herramienta, se ha demostrado que es posible reconocer y levantar objetos simples sobre una mesa, localizar personas en movimiento dentro de una habitación, identificar gestos amplios y evitar obstáculos. Estas capacidades sugieren que el sistema podría proporcionar una percepción funcional suficiente para mejorar significativamente la autonomía de personas con ceguera profunda.

Desde el punto de vista tecnológico, uno de los mayores logros del proyecto ha sido el desarrollo de un dispositivo implantable completamente integrado. Este incluye electrodos penetrantes de alta densidad, circuitos inalámbricos para la recepción de datos y energía, y un neuro estimulador, todo encapsulado en una cápsula hermética. La hermeticidad y la biocompatibilidad son fundamentales para garantizar que los implantes puedan permanecer funcionales durante toda la vida del receptor sin provocar rechazo ni deterioro. Estas cápsulas se fabrican en las instalaciones del grupo en Clayton, Australia, y pueden personalizarse según las necesidades del diseño quirúrgico, variando el paso entre electrodos, la profundidad de penetración y el tipo de electrodo, ya sea penetrante o de superficie.

Gennaris no solo representa un avance científico extraordinario; es también el reflejo de lo que ocurre cuando un país decide apostar seriamente por la investigación, la tecnología y la innovación. Detrás de cada microelectrodo implantado en la corteza cerebral hay años de financiamiento sostenido, infraestructura de primer nivel, formación de investigadores y una visión de Estado que entiende que el conocimiento no es un gasto, sino una inversión estratégica para la humanidad.

Las grandes transformaciones no nacen por casualidad. Surgen cuando la ciencia se convierte en política pública y cuando los investigadores cuentan con apoyo real para explorar, equivocarse, mejorar y persistir. Australia lo demuestra con proyectos como Gennaris, una tecnología que puede devolver autonomía y dignidad a personas con ceguera profunda.

El Perú también ha demostrado que tiene talento y capacidad científica. Uno de los hitos más importantes fue el desarrollo de una vacuna nasal contra la COVID-19, una propuesta innovadora que comprendía que los virus respiratorios deben combatirse en su puerta de entrada, es decir, en la mucosa nasal. Hoy, a nivel mundial, muchas investigaciones contra la COVID-19 y otros virus respiratorios se concentran precisamente en el desarrollo de vacunas intranasales, buscando inducir inmunidad local y bloquear la transmisión desde su origen.

La lección es clara y profunda. Cuando un país invierte en ciencia, no solo produce artículos académicos; produce soluciones, liderazgo y futuro. Produce soberanía sanitaria, independencia tecnológica y oportunidades para sus jóvenes investigadores. La pregunta no es si podemos hacerlo, porque ya lo hemos hecho.

La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a convertir la investigación en una prioridad permanente y no en un esfuerzo aislado. Porque cada laboratorio fortalecido, cada científico respaldado y cada proyecto financiado pueden convertirse en el próximo avance que transforme vidas, no solo en nuestro país, sino en toda la humanidad.

(*) MV, MSC, PhD h.c.

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