México ya está en fase II con su vacuna intramuscular contra la COVID-19. Perú pudo estar ahí también. No lo está.
El estudio publicado en Vaccine en enero de 2025 confirma que la vacuna “Patria”, basada en el virus de la enfermedad de Newcastle (NDV) y administrada por vía intramuscular, avanzó con respaldo institucional hasta ensayos clínicos en humanos. Eso significa financiamiento, decisión política, articulación regulatoria y visión estratégica de país.
En el Perú, FARVET S.A.C. desarrolló una vacuna nasal contra la COVID-19 utilizando una diferente lógica biotecnológica: plataforma NDV y enfoque mucosal. La capacidad científica existía. La tecnología estaba. La experiencia en biológicos también. Lo que no existió fue el apoyo necesario para dar el salto a ensayos clínicos en humanos.
– No fue un problema de talento.
– No fue un problema de conocimiento.
– Fue un problema de respaldo estructural.
Durante la pandemia, el mundo entendió que las vacunas no eran solo productos sanitarios; eran instrumentos de soberanía. Los países que apostaron por sus desarrollos locales no solo protegieron a su población, sino que fortalecieron su industria biotecnológica y su independencia estratégica.
Perú tuvo una oportunidad histórica de posicionarse como referente regional en vacunas mucosales. Las vacunas nasales ofrecen ventajas claras: inducen inmunidad en la puerta de entrada del virus, reducen transmisión potencial, son más aceptables y logísticamente más simples. En un escenario pandémico, esa plataforma representaba una apuesta inteligente y visionaria.
Pero la innovación necesita algo más que científicos brillantes. Necesita decisión de Estado.
Cuando un país no respalda su propia biotecnología, el mensaje es devastador: es más fácil importar que creer en lo que se produce localmente. Se consume innovación extranjera mientras se deja en pausa la capacidad nacional.
Hoy México publica en revistas internacionales datos de fase II. Eso significa validación científica, experiencia regulatoria acumulada, posicionamiento global y un ecosistema fortalecido. Perú, en cambio, perdió tiempo crítico, aprendizaje clínico y una oportunidad estratégica que difícilmente se repetirá en el corto plazo.
– La ciencia peruana no falló.
– El sistema que debía sostenerla sí.
– La verdadera pregunta no es por qué México avanzó.
– La pregunta es por qué nosotros no decidimos hacerlo.
Mientras no entendamos que la biotecnología es una inversión estratégica y no un gasto coyuntural, seguiremos dependiendo de lo que otros desarrollen, aun cuando tengamos la capacidad de hacerlo nosotros mismos.




