En lo particular, espero que los medios de comunicación, sus periodistas y opinologos, se rectifiquen públicamente sobre las ofensas, diatribas, infamias, humillaciones y difamación que fuimos víctimas. ¡La rectitud, se empieza por casa!.
Volviendo, al tema de Vizcarra Cornejo, este personaje le hizo inimaginables daños al país y a la sociedad peruana, la polarizó, usufructuó políticamente del confinamiento de la Pandemia, con sus largas e interminables intervenciones televisivas diarias, ayudado por sus ministros «pulpines» para practicar en estricta actividad política y no buscar soluciones oportunas, reales y efectivas, a la raíz de la urgencia, pues desaparecería la fidelidad televisiva de sus potenciales electores.
Esto último, encajaría con exactitud milimétrica, cuando clandestina e irregularmente se vacunó en primer orden, demostrando su desdén por el sufrimiento popular y su sueño por inmunizarse prontamente.
Asimismo, convirtió el despacho presidencial en una especie de madriguera, donde el personal administrativo hacía y deshacía en pro de sus apetitos personales, al margen de las genuinas autoridades que por ley, les correspondía ejercerlas; no supo poner a buen recaudo su intimidad, a la del cargo de mandatario, al no delimitar sus líos amorosos y sus vínculos con la superchería, a las de las responsabilidades de su alta magistratura.
Usó y abusó de su poder para enemistar a los poderes públicos y otras instituciones para tener injerencias en estos, a través de «topos» con el ánimo del control absoluto del país, seguramente para librarse de sus fechorías.
Continúa perjudicando al Perú, mintiendo reiteradamente y haciendo creer que está en plena carrera electoral presidencial a través de su hermano Mario Vizcarra, no obstante, de su sentencia condenatoria, de su inhabilitación política y de otras carpetas fiscales abiertas.
¿Qué busca Vizcarra Cornejo enrarecer la campaña y los comicios electorales, con la muletilla del perseguido político?
Vizcarra, no puede jamás ser subestimado, ha sembrado perversión en distintas áreas del escenario nacional, sus esbirros estarán al acecho para torcer la realidad de los hechos, desinformando, desviando la atención pública y en forma deliberada dividir la opinión nacional.
¡Vizcarra siempre fue, primero él, segundo él y siempre él!
Para muestra un botón, en plena Pandemia, cuando fue a Arequipa, supuestamente a inspeccionar el Hospital Honorio Delgado, una pobre mujer, Celia Capira, que no pudo conversar con él, en el nosocomio, en su creencia que su angustia, desesperación, impotencia y fuerza de voluntad por un familiar que agonizaba, iba poder superar la velocidad del auto presidencial, corrió detrás del vehículo, con la esperanza de alcanzarlo, atravesó varias cuadras, ya agotada por el cansancio, cayó al piso y se desmoronó a gritar, a aullar y entrar en llanto, su desgracia. El auto presidencial, nunca se detuvo, menos el que era gobernante expresó algún gesto de disculpa, de solidaridad; menos, ¡un acto de humanidad! ¡Adelante!
(*) Expresidente Constitucional de la República.




