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    Por: Martha Moyano / Cuestión previa

    La lucha contra el terrorismo es un proceso transversal e integral, desde la institucionalidad del estado hasta las diversas formas de organizaciones de los civiles incluidas todas las expresiones religiosas o de culto.

    Hemos vivido años de incertidumbre, años de escasez, años de profunda crisis económica y social; algunos usaron la pobreza como caldo de cultivo para generar caos y muertes, por allí algunas voces les llamaban “equivocados” “abigeos” o “delincuentes comunes”.

    El total desconocimiento del enemigo nos llevó a situaciones insospechadas de atraso, que solo una hiperinflación generada por los actos terroristas puede lograr. El mal enfoque para plantear una lucha antisubversiva por temor al enemigo, abrió paso a un grupo de radicales que solo apuntaban a tomar el poder por asalto, sus actos demostraban un total desprecio por la vida y por el país.

    La estrategia antisubversiva entendida como una lucha integral tuvo énfasis en la lucha contra la pobreza; urgente y necesario fue plantear un mecanismo que reconozca aliados, que pudieran soportar el proceso de la aplicación de esa estrategia diseñada para el rescate de la economía, de la seguridad, por ende, de la estabilidad social y política.

    Los terroristas no tienen madre, no tienen patria; solo dogma de muerte, de caos, de inestabilidad, de inseguridad, de pobreza; no creen en la justicia como principio moral, como un valor del individuo, si no en la muerte, en el asesinato como principio del ajusticiamiento.

    Somos de la generación que decidió por la estabilidad, somos de la generación que decidió por la paz y no el terrorismo, somos de la generación que enfrento una crisis sanitaria y ahora dos, somos de la generación que vivió una reforma agraria que solo empobreció más a los campesinos, somos la generación del bicentenario, no de los veinte años, somos de la generación que los llamó alto y fuerte por su nombre, somos los que fuimos al rescate; nos costó vidas para abrir paso al desarrollo, junto a los gobernantes, a las fuerzas armadas y policiales, junto las organizaciones de la costa, de la sierra, y de la selva, tomó diez años estabilizar el país y en veinte los “equivocados” nuevamente lanzan dardos de desinformación, desestabilización, aprovechamiento de la crisis sanitaria que agudiza la pobreza, aprovechamiento de la cris agraria, dardos de muerte a la institucionalidad, al orden establecido, a la carta magna.

    El terrorismo usa mecanismos de la civilización y busca ser parte del estado al que odian, para imponer su ideología de muerte.

    Nuestros héroes son reales, ponían el pecho y daban la cara, son los que iban a zonas de emergencia con su uniforme camuflado y no los que se camuflan en protestas, son mujeres y hombres valientes que definieron que luchar por la paz un deber patriótico.

    Somos y seguiremos siendo la generación que los llama por su nombre; TERRORISTAS.

    Somos la real generación del bicentenario y no estamos equivocados

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    La lucha contra el terrorismo es un proceso transversal e integral, desde la institucionalidad del estado hasta las diversas formas de organizaciones de los civiles incluidas todas las expresiones religiosas o de culto.

    Hemos vivido años de incertidumbre, años de escasez, años de profunda crisis económica y social; algunos usaron la pobreza como caldo de cultivo para generar caos y muertes, por allí algunas voces les llamaban “equivocados” “abigeos” o “delincuentes comunes”.

    El total desconocimiento del enemigo nos llevó a situaciones insospechadas de atraso, que solo una hiperinflación generada por los actos terroristas puede lograr. El mal enfoque para plantear una lucha antisubversiva por temor al enemigo, abrió paso a un grupo de radicales que solo apuntaban a tomar el poder por asalto, sus actos demostraban un total desprecio por la vida y por el país.

    La estrategia antisubversiva entendida como una lucha integral tuvo énfasis en la lucha contra la pobreza; urgente y necesario fue plantear un mecanismo que reconozca aliados, que pudieran soportar el proceso de la aplicación de esa estrategia diseñada para el rescate de la economía, de la seguridad, por ende, de la estabilidad social y política.

    Los terroristas no tienen madre, no tienen patria; solo dogma de muerte, de caos, de inestabilidad, de inseguridad, de pobreza; no creen en la justicia como principio moral, como un valor del individuo, si no en la muerte, en el asesinato como principio del ajusticiamiento.

    Somos de la generación que decidió por la estabilidad, somos de la generación que decidió por la paz y no el terrorismo, somos de la generación que enfrento una crisis sanitaria y ahora dos, somos de la generación que vivió una reforma agraria que solo empobreció más a los campesinos, somos la generación del bicentenario, no de los veinte años, somos de la generación que los llamó alto y fuerte por su nombre, somos los que fuimos al rescate; nos costó vidas para abrir paso al desarrollo, junto a los gobernantes, a las fuerzas armadas y policiales, junto las organizaciones de la costa, de la sierra, y de la selva, tomó diez años estabilizar el país y en veinte los “equivocados” nuevamente lanzan dardos de desinformación, desestabilización, aprovechamiento de la crisis sanitaria que agudiza la pobreza, aprovechamiento de la cris agraria, dardos de muerte a la institucionalidad, al orden establecido, a la carta magna.

    El terrorismo usa mecanismos de la civilización y busca ser parte del estado al que odian, para imponer su ideología de muerte.

    Nuestros héroes son reales, ponían el pecho y daban la cara, son los que iban a zonas de emergencia con su uniforme camuflado y no los que se camuflan en protestas, son mujeres y hombres valientes que definieron que luchar por la paz un deber patriótico.

    Somos y seguiremos siendo la generación que los llama por su nombre; TERRORISTAS.

    Somos la real generación del bicentenario y no estamos equivocados

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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