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    Por: Martín Valdivia Rodríguez / El “show” de Sagasti

    Tenemos un país de ripley. El show montado por el gobierno de Sagasti – que sospechosamente coincidió con el horario de los programas dominicales- no pudo ser más más huachafo: cámaras, luces, helicópteros, policías armados hasta los dientes, drones, patrulleros, camionetas y un país que no se explica por qué tanto espectáculo para un ridículo lote de vacunas (apenas 300 mil dosis para un país de 33 millones de habitantes) que no alcanzará sino para un reducido grupo ubicado en la fase uno.

    ¿Es que Sagasti necesita con tantas ansias esa dosis de popularidad que no se la dan sus enredados discursos mañaneros? Sí, nadie niega que la llegada de estas vacunas son, si se quiere, una simbólica manera de saber que – en un futuro – más dosis se irán sumando a esta minúscula cantidad del laboratorio Chino. Eso está claro. Pero, de allí a montar un espectáculo de fanfarria y luces (apoyado por la prensa monocorde de siempre) es ya una tontería que linda en la propaganda.

    Lo real y concreto es que el grueso de la población no será vacunada sino bien entrado el año 2021 o 2022. No hay que ilusionarse ni pensar que con este primer lote se acabará la pandemia o se terminarán nuestros problemas económicos. Las 300 mil dosis es apenas una gota de agua en una gigantesca piscina que no terminará ni remotamente con esta desgraciada enfermedad que se está llevando la vida de miles de personas.

    Según el Ministerio de Salud, en la primera fase de vacunación se atenderá a “toda persona que presta servicios en las diferentes instancias del sector salud, miembros de las Fuerzas Armadas, Policía Nacional, Cuerpo General de Bomberos del Perú, Cruz Roja, personal de seguridad, serenazgo, brigadistas, personal de limpieza, estudiantes de la salud y miembros de las mesas electorales.

    ¿No está allí? Pues la fase dos es más interesante. Se vacunarán adultos mayores de 60 años, personas con comorbilidades a priorizar, población de comunidades nativas o indígenas, personal del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) y – óigalo bien – “personas privadas de la libertad”; es decir, los presos de las cárceles serán priorizados antes que usted o nosotros.

    Recién en la fase tres estaremos todos. Esto quiere decir, si con suerte sobrevivimos a este mortal virus. Una tragedia griega que nos toca vivir sólo por haber nacido en un país donde los gobernantes no saben ni dónde están parados y la corrupción es pan de cada día. Ah, pero eso sí, el show de Sagasti y sus medios de comunicación le dirán todo lo contrario. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

    Tenemos un país de ripley. El show montado por el gobierno de Sagasti – que sospechosamente coincidió con el horario de los programas dominicales- no pudo ser más más huachafo: cámaras, luces, helicópteros, policías armados hasta los dientes, drones, patrulleros, camionetas y un país que no se explica por qué tanto espectáculo para un ridículo lote de vacunas (apenas 300 mil dosis para un país de 33 millones de habitantes) que no alcanzará sino para un reducido grupo ubicado en la fase uno.

    ¿Es que Sagasti necesita con tantas ansias esa dosis de popularidad que no se la dan sus enredados discursos mañaneros? Sí, nadie niega que la llegada de estas vacunas son, si se quiere, una simbólica manera de saber que – en un futuro – más dosis se irán sumando a esta minúscula cantidad del laboratorio Chino. Eso está claro. Pero, de allí a montar un espectáculo de fanfarria y luces (apoyado por la prensa monocorde de siempre) es ya una tontería que linda en la propaganda.

    Lo real y concreto es que el grueso de la población no será vacunada sino bien entrado el año 2021 o 2022. No hay que ilusionarse ni pensar que con este primer lote se acabará la pandemia o se terminarán nuestros problemas económicos. Las 300 mil dosis es apenas una gota de agua en una gigantesca piscina que no terminará ni remotamente con esta desgraciada enfermedad que se está llevando la vida de miles de personas.

    Según el Ministerio de Salud, en la primera fase de vacunación se atenderá a “toda persona que presta servicios en las diferentes instancias del sector salud, miembros de las Fuerzas Armadas, Policía Nacional, Cuerpo General de Bomberos del Perú, Cruz Roja, personal de seguridad, serenazgo, brigadistas, personal de limpieza, estudiantes de la salud y miembros de las mesas electorales.

    ¿No está allí? Pues la fase dos es más interesante. Se vacunarán adultos mayores de 60 años, personas con comorbilidades a priorizar, población de comunidades nativas o indígenas, personal del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) y – óigalo bien – “personas privadas de la libertad”; es decir, los presos de las cárceles serán priorizados antes que usted o nosotros.

    Recién en la fase tres estaremos todos. Esto quiere decir, si con suerte sobrevivimos a este mortal virus. Una tragedia griega que nos toca vivir sólo por haber nacido en un país donde los gobernantes no saben ni dónde están parados y la corrupción es pan de cada día. Ah, pero eso sí, el show de Sagasti y sus medios de comunicación le dirán todo lo contrario. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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