Por: Martín Valdivia Rodríguez / Esclavos modernos

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Por: Martín Valdivia Rodríguez/ crisis económica del día a día del chileno
Por: Martín Valdivia Rodríguez a cerca de Gregorio Santos                                  

Por: Martín Valdivia Rodríguez / Muchos de los locales de comida rápida con franquicia norteamericana, son poco o nada supervisados por las autoridades, tanto municipales como laborales. Ayer, dos chicos que recién empezaban su vida laboral murieron electrocutados mientras realizaban tareas de limpieza a altas horas de la madrugada. Dos jovencitos que ganaban un sueldo mínimo por quedarse de 7 de la noche a 7 de la mañana en un turno realmente esclavizante para adolescentes que recién comienzan a vivir.

Y eso no es todo. Estos locales contratan a estos jóvenes para hacerlos trabajar hasta las 2 o 3 de la mañana sin importarles qué sucederá con ellos una vez que abandonan los locales a esas horas. Chicas de 18 o 20 años se ven expuestas al peligro al tomar, en el mejor de los casos, taxis u otra movilidad con el consecuente peligro para su integridad física. ¿Dónde está la Superintendencia de Fiscalización Laboral (Sunafil) en todo ese problema? ¿Realmente fiscalizan a estas cadenas de comida rápida? ¿Cumplen con las disposiciones laborales vigentes?

Y estas cadenas son las que más han crecido económicamente; es decir, no es un problema de dinero, sino de una soterrada explotación que hacen valiéndose de la necesidad de miles de jóvenes que se ayudan con este escaso dinero (930 soles, si trabajan “full time”), para pagarse la universidad o ayudar a sostener la economía familiar. Sólo en marzo de 2019, la actividad de restaurantes (servicios de comidas y bebidas) se incrementó en 3.53% y acumuló 24 meses de crecimiento ininterrumpido, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Según la encuesta Mensual de Restaurantes que comprendió una muestra de 1,031 empresas, esta actividad presentó una variación acumulada de 3.84% en los tres primeros meses de este año. No tenemos a la mano las nuevas cifras, pero intuimos que el negocio va de viento en popa. Claro, lo ancho para los accionistas de estos restaurantes (que no ponemos los nombres pero que todos ustedes intuyen), y lo estrecho para sus trabajadores que no aspiran más allá de convertirse en meseros y limpiadores de piso.

La muerte de estos dos chicos de 18 años nos sirva para graficar palmariamente en qué condiciones trabaja este nutrido grupo de muchachos y también para que las autoridades pongan más interés en supervisar su condición laboral. La época de la esclavitud, señores, terminó hace muchos años. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.