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    Por: Martín Valdivia Rodríguez / La autonomía del BCR

    En el 2016, Julio Velarde fue premiado como el mejor banquero central del mundo. Hoy, la candidata Verónika Mendoza planea licenciarlo si ella llegara al poder y, es más, pretende liquidar la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú (BCR) de un plumazo, para someterlo – seguramente – a los apetitos insaciables de los políticos de turno.

    Es precisamente esa independencia del BCR que es uno de los pilares de la estabilidad económica del Perú y debe ser respetado para no cometer los mismos errores del pasado. “Si los bonos peruanos son los más seguros en la región junto a los chilenos y nuestro nivel de deuda con respecto al PBI es de lo más bajos, se debe a que con la hiperinflación se aprendió la lección de que el BCR debe ser independiente”, señaló en su momento el economista Enrique Castellanos.

    Y es precisamente la Constitución que se quiere tumbar Verónika Mendoza – además de su propia Ley orgánica – la que le permite al BCR convertirse en uno de los bancos centrales más exitosos de la región, manteniendo a raya a la inflación y posibilitando mantener a flote el tipo de cambio sin que el billete verde se dispare o baje demasiado.

    ¿Qué le molesta a la Mendoza del BCR? ¿Qué crítica podría hacerle a Julio Velarde? ¿Le fastidia que ningún poder del Estado pueda ejercer presión ni interferir en las decisiones que se tomen en este organismo? Pongamos de ejemplo a la Argentina, país donde la inflación es galopante no sólo por el pésimo gobierno de izquierda de Alberto Fernández, sino básicamente porque su banco central de reserva es la fábrica más grande de billetes, la maquinita de los pesos al por mayor.

    Declaraciones como las de Verónika Mendoza le hacen un flaco favor a su candidatura. Su extremismo de izquierda la enceguece, la convierten en un enemigo de la economía nacional que no tiene ni debe retroceder a los tiempos en que las bóvedas del BCR permanecían vacías, sin billetes de curso legal y peor en barras de oro.

    “Creo que es tiempo en el Perú -en términos generales- de cambios, pero no solo en las personas sino, sobre todo, en las políticas, en las reglas de juego que guían nuestro país. Eso sí, reiterando siempre que en el caso del BCR respetaremos la autonomía que le corresponde”, dijo Mendoza hace unos días. Claro, te vamos a creer, como no. La naturaleza del alacrán es picar, y eso no va a cambiar nunca, por más que pretenda disfrazarse de mariposa. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

    En el 2016, Julio Velarde fue premiado como el mejor banquero central del mundo. Hoy, la candidata Verónika Mendoza planea licenciarlo si ella llegara al poder y, es más, pretende liquidar la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú (BCR) de un plumazo, para someterlo – seguramente – a los apetitos insaciables de los políticos de turno.

    Es precisamente esa independencia del BCR que es uno de los pilares de la estabilidad económica del Perú y debe ser respetado para no cometer los mismos errores del pasado. “Si los bonos peruanos son los más seguros en la región junto a los chilenos y nuestro nivel de deuda con respecto al PBI es de lo más bajos, se debe a que con la hiperinflación se aprendió la lección de que el BCR debe ser independiente”, señaló en su momento el economista Enrique Castellanos.

    Y es precisamente la Constitución que se quiere tumbar Verónika Mendoza – además de su propia Ley orgánica – la que le permite al BCR convertirse en uno de los bancos centrales más exitosos de la región, manteniendo a raya a la inflación y posibilitando mantener a flote el tipo de cambio sin que el billete verde se dispare o baje demasiado.

    ¿Qué le molesta a la Mendoza del BCR? ¿Qué crítica podría hacerle a Julio Velarde? ¿Le fastidia que ningún poder del Estado pueda ejercer presión ni interferir en las decisiones que se tomen en este organismo? Pongamos de ejemplo a la Argentina, país donde la inflación es galopante no sólo por el pésimo gobierno de izquierda de Alberto Fernández, sino básicamente porque su banco central de reserva es la fábrica más grande de billetes, la maquinita de los pesos al por mayor.

    Declaraciones como las de Verónika Mendoza le hacen un flaco favor a su candidatura. Su extremismo de izquierda la enceguece, la convierten en un enemigo de la economía nacional que no tiene ni debe retroceder a los tiempos en que las bóvedas del BCR permanecían vacías, sin billetes de curso legal y peor en barras de oro.

    “Creo que es tiempo en el Perú -en términos generales- de cambios, pero no solo en las personas sino, sobre todo, en las políticas, en las reglas de juego que guían nuestro país. Eso sí, reiterando siempre que en el caso del BCR respetaremos la autonomía que le corresponde”, dijo Mendoza hace unos días. Claro, te vamos a creer, como no. La naturaleza del alacrán es picar, y eso no va a cambiar nunca, por más que pretenda disfrazarse de mariposa. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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