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    Por: Martín Valdivia Rodríguez / La autoridad moral de Sagasti

    Tal ha sido la magnitud del escándalo de las “vacunasgate”, que este gobierno no sólo viene perdiendo la batalla contra el Covid-19 y la crisis económica, sino – tal como lo dijo el propio Francisco Sagasti– a ella se ha unido una profunda crisis ética y moral que corroe los cimientos de una clase política ya de por sí desprestigiada. Pocos, muy pocos políticos podrán exhibir con orgullo una hoja de vida limpia y transparente, digna de dirigir los destinos de un país como el nuestro.

    A ver, ¿con qué autoridad moral podrá seguir dirigiendo este gobierno la dura batalla contra la pandemia? ¿La gente querrá seguir respetando una cuarentena que en vez de salvar vidas está matando de hambre a familias enteras en humildes viviendas de madera y cartón? ¿Con qué cara podrán pedir a todos que nos sometamos a los rigores de un toque de queda que ya va a cumplir un año completo de vigencia?

    Febrero, según los economistas, será otro mes perdido para nuestros bolsillos. Comprobado el año pasado que la cuarentena no solo no controló el aumento de casos de Covid-19 sino que generó una de las peores crisis económicas de los últimos 30 años (11% de caída del PBI, una de las más pronunciadas del mundo), la inefable Pilar Mazzetti volvió a aplicar su “receta” de confinar a todo el mundo a sabiendas que esta medida es un manotazo de ahogado, inexplicable para un país como el Perú.

    En pasadas columnas explicamos que potenciar la atención primaria, detectando y aislando a tiempo a las personas contagiadas, hacer un seguimiento y brindarle la medicación respectiva, es la mejor manera de controlar esta pandemia, sin dejar de lado el uso de mascarillas, lavado de manos y distanciamiento social. Las cuarentenas, solas y sin otro objetivo de “matar al perro y matar la rabia” no funcionan, al menos en este país donde la informalidad sobrepasa el 75% de la actividad económica. La falta de autoridad moral de este gobierno desgastará de manera brutal la presidencia de Francisco Sagasti.

    La gente no es tonta y exigirá que, así como se le obliga a cerrar sus pequeños negocios, se denuncie y castigue a los responsables de la farra de las “vacunagates”, sin contemplaciones y privilegios. Sólo así Sagasti demostrará que tiene agallas y autoridad moral para exigirnos a los peruanos cumplir las leyes… ¿será mucho pedir esto? Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

    Tal ha sido la magnitud del escándalo de las “vacunasgate”, que este gobierno no sólo viene perdiendo la batalla contra el Covid-19 y la crisis económica, sino – tal como lo dijo el propio Francisco Sagasti– a ella se ha unido una profunda crisis ética y moral que corroe los cimientos de una clase política ya de por sí desprestigiada. Pocos, muy pocos políticos podrán exhibir con orgullo una hoja de vida limpia y transparente, digna de dirigir los destinos de un país como el nuestro.

    A ver, ¿con qué autoridad moral podrá seguir dirigiendo este gobierno la dura batalla contra la pandemia? ¿La gente querrá seguir respetando una cuarentena que en vez de salvar vidas está matando de hambre a familias enteras en humildes viviendas de madera y cartón? ¿Con qué cara podrán pedir a todos que nos sometamos a los rigores de un toque de queda que ya va a cumplir un año completo de vigencia?

    Febrero, según los economistas, será otro mes perdido para nuestros bolsillos. Comprobado el año pasado que la cuarentena no solo no controló el aumento de casos de Covid-19 sino que generó una de las peores crisis económicas de los últimos 30 años (11% de caída del PBI, una de las más pronunciadas del mundo), la inefable Pilar Mazzetti volvió a aplicar su “receta” de confinar a todo el mundo a sabiendas que esta medida es un manotazo de ahogado, inexplicable para un país como el Perú.

    En pasadas columnas explicamos que potenciar la atención primaria, detectando y aislando a tiempo a las personas contagiadas, hacer un seguimiento y brindarle la medicación respectiva, es la mejor manera de controlar esta pandemia, sin dejar de lado el uso de mascarillas, lavado de manos y distanciamiento social. Las cuarentenas, solas y sin otro objetivo de “matar al perro y matar la rabia” no funcionan, al menos en este país donde la informalidad sobrepasa el 75% de la actividad económica. La falta de autoridad moral de este gobierno desgastará de manera brutal la presidencia de Francisco Sagasti.

    La gente no es tonta y exigirá que, así como se le obliga a cerrar sus pequeños negocios, se denuncie y castigue a los responsables de la farra de las “vacunagates”, sin contemplaciones y privilegios. Sólo así Sagasti demostrará que tiene agallas y autoridad moral para exigirnos a los peruanos cumplir las leyes… ¿será mucho pedir esto? Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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