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    Por: Martín Valdivia Rodríguez / La de nunca acabar

    No hay un solo día que el expresidente Martín Vizcarra no nos deje de sorprender. Vaya pedazo de tipo que fue el sujeto que nos gobernó por más de dos años, vaya joyita que tuvimos enquistado en Palacio de Gobierno con su corte de caviares de todo pelaje. Su búsqueda de impunidad postulando al Congreso de la República, se ve cada día más cuestionada porque todos sus “anticuchos” van apareciendo como hongos en la piel.

    Siendo Vizcarra un mentiroso contumaz, un personaje que ha construido su perfil político en base a la falacia, ¿usted creerá que no sacó provecho de información privilegiada proporcionada por su amigota Sandra Castro? Según información proporcionada por el periodista Ricardo Uceda, Vizcarra fue informado detalladamente que existía un audio que lo vinculaba a Antonio Camayo, oscuro personaje considerado como el operador logístico del caso “Los Cuellos Blancos del Puerto”.

    Ya en su momento, el expresidente negó a voz en cuello que no conocía a Camayo (propietario de la empresa Iza Motors), cuando apareció una foto de ambos en sonriente pose. Juró y volvió a jurar que no sabía quién era Camayo y que esa foto era trucada. Semanas después se comprobó que dicha foto era real y que no había trucaje alguno. Una raya más al tigre en la piel curtida de Vizcarra.

    El caso de las fiscales – destituidas ayer por la también cuestionada Zoraida Ávalos – es una prueba más del poder de la mafia al más alto nivel, poniendo en tela de juicio la transparencia de las investigaciones llevadas a cabo contra los “Cuellos Blancos del Puerto”. El solo hecho que Vizcarra haya metido sus narices en este caso, ya nos da una pauta de cómo se ha venido manejando este caso judicial, sometido a una asfixiante lentitud que ahora se explica en su totalidad.

    Eso de buscar al expresidente para “obtener protección porque tenían miedo” no se lo cree nadie a las dos fiscales. Más aún cuando estas reuniones se llevaron a cabo dentro del propio edificio de Vizcarra. Ya por esas fechas, se sabía que Vizcarra estaba vinculado a Camayo y las fiscales lo sabían más que nadie. Es decir, Vizcarra obtenía información de primera mano para beneficio propio.

    Y para finalizar, la torpe cortina de humo de incursionar en la casa del jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas dizque por el caso “gasolinazo”, ha sido más “rochozo” que decir que Vizcarra no se vacunó. Basta ya de creer que los peruanos somos débiles mentales. Basta ya. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

    No hay un solo día que el expresidente Martín Vizcarra no nos deje de sorprender. Vaya pedazo de tipo que fue el sujeto que nos gobernó por más de dos años, vaya joyita que tuvimos enquistado en Palacio de Gobierno con su corte de caviares de todo pelaje. Su búsqueda de impunidad postulando al Congreso de la República, se ve cada día más cuestionada porque todos sus “anticuchos” van apareciendo como hongos en la piel.

    Siendo Vizcarra un mentiroso contumaz, un personaje que ha construido su perfil político en base a la falacia, ¿usted creerá que no sacó provecho de información privilegiada proporcionada por su amigota Sandra Castro? Según información proporcionada por el periodista Ricardo Uceda, Vizcarra fue informado detalladamente que existía un audio que lo vinculaba a Antonio Camayo, oscuro personaje considerado como el operador logístico del caso “Los Cuellos Blancos del Puerto”.

    Ya en su momento, el expresidente negó a voz en cuello que no conocía a Camayo (propietario de la empresa Iza Motors), cuando apareció una foto de ambos en sonriente pose. Juró y volvió a jurar que no sabía quién era Camayo y que esa foto era trucada. Semanas después se comprobó que dicha foto era real y que no había trucaje alguno. Una raya más al tigre en la piel curtida de Vizcarra.

    El caso de las fiscales – destituidas ayer por la también cuestionada Zoraida Ávalos – es una prueba más del poder de la mafia al más alto nivel, poniendo en tela de juicio la transparencia de las investigaciones llevadas a cabo contra los “Cuellos Blancos del Puerto”. El solo hecho que Vizcarra haya metido sus narices en este caso, ya nos da una pauta de cómo se ha venido manejando este caso judicial, sometido a una asfixiante lentitud que ahora se explica en su totalidad.

    Eso de buscar al expresidente para “obtener protección porque tenían miedo” no se lo cree nadie a las dos fiscales. Más aún cuando estas reuniones se llevaron a cabo dentro del propio edificio de Vizcarra. Ya por esas fechas, se sabía que Vizcarra estaba vinculado a Camayo y las fiscales lo sabían más que nadie. Es decir, Vizcarra obtenía información de primera mano para beneficio propio.

    Y para finalizar, la torpe cortina de humo de incursionar en la casa del jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas dizque por el caso “gasolinazo”, ha sido más “rochozo” que decir que Vizcarra no se vacunó. Basta ya de creer que los peruanos somos débiles mentales. Basta ya. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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