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    Por: Martín Valdivia Rodríguez / La delincuencia extranjera

    La delincuencia de origen extranjero ha crecido de tal manera en el Perú que, de 12 mil denuncias contra foráneos en el 2020, el 80% eran contra ciudadanos venezolanos. En tanto en las cárceles el incremento de reclusos de esa nacionalidad creció significativamente, pasando de 34 en el 2016 a más de mil a finales del año pasado. Este crecimiento exponencial nos habla del gran problema en que se ha convertido la migración descontrolada, donde los delincuentes entran al país como Pedro por su casa sin que nadie haga algo para impedirlo.

    Si bien, como dicen los miles de venezolanos que ahora viven en nuestro país, “los buenos somos más”, lo cierto es que el comportamiento de algunos de ellos ha perjudicado terriblemente la imagen de esta comunidad, tornándose cada día más complicada su presencia entre los peruanos. Los continuos asesinatos, extorsiones y demás latrocinios, vienen tornándose intolerables para la mayoría de ciudadanos, no soportándose la presencia de estos indeseables que se disfrazan tras la necesidad de sus compatriotas que sí vienen a trabajar y a forjarse un futuro mejor.

    La policía debe redoblar los esfuerzos para dar con los homicidas y trabajar con sus equipos de inteligencia para capturar a las bandas venezolanas que hoy pululan básicamente en los conos de la ciudad. ¿Cómo es posible que muchos de ellos retornen al país luego de haber sido deportados públicamente y luego aparezcan en Lima como si nada hubiera pasado? ¿cómo vuelven a ingresar al Perú en las narices de la Policía Nacional?

    Si tenemos que buscar culpables, ese es indudablemente el propio gobierno, por su lenidad en solucionar el problema y buscar fórmulas más eficaces para cuidar mejor nuestras fronteras. El reclamo de la ciudadanía, entonces, es justo. Y el recelo contra esta comunidad extranjera, también. Lamentablemente, justos pagan por pecadores, dice el dicho, y esa cruz bastante pesada deben de cargar ahora los ciudadanos venezolanos de buen corazón que, sabemos, son la mayoría.

    Lo que tienen que hacer los venezolanos (en todo caso sus asociaciones de residentes) es marcar distancia y denunciar a aquellos sujetos de su país que viven al margen de la ley. Son ellos los llamados a que los peruanos borren esa imagen negativa que ahora tenemos de ellos. Es momento de detener esta inmigración de sujetos de mal vivir y expulsar a quienes se debe expulsar. Ya suficiente tenemos con nuestros propios problemas como para preocuparnos por los que llegan de otro país. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

    La delincuencia de origen extranjero ha crecido de tal manera en el Perú que, de 12 mil denuncias contra foráneos en el 2020, el 80% eran contra ciudadanos venezolanos. En tanto en las cárceles el incremento de reclusos de esa nacionalidad creció significativamente, pasando de 34 en el 2016 a más de mil a finales del año pasado. Este crecimiento exponencial nos habla del gran problema en que se ha convertido la migración descontrolada, donde los delincuentes entran al país como Pedro por su casa sin que nadie haga algo para impedirlo.

    Si bien, como dicen los miles de venezolanos que ahora viven en nuestro país, “los buenos somos más”, lo cierto es que el comportamiento de algunos de ellos ha perjudicado terriblemente la imagen de esta comunidad, tornándose cada día más complicada su presencia entre los peruanos. Los continuos asesinatos, extorsiones y demás latrocinios, vienen tornándose intolerables para la mayoría de ciudadanos, no soportándose la presencia de estos indeseables que se disfrazan tras la necesidad de sus compatriotas que sí vienen a trabajar y a forjarse un futuro mejor.

    La policía debe redoblar los esfuerzos para dar con los homicidas y trabajar con sus equipos de inteligencia para capturar a las bandas venezolanas que hoy pululan básicamente en los conos de la ciudad. ¿Cómo es posible que muchos de ellos retornen al país luego de haber sido deportados públicamente y luego aparezcan en Lima como si nada hubiera pasado? ¿cómo vuelven a ingresar al Perú en las narices de la Policía Nacional?

    Si tenemos que buscar culpables, ese es indudablemente el propio gobierno, por su lenidad en solucionar el problema y buscar fórmulas más eficaces para cuidar mejor nuestras fronteras. El reclamo de la ciudadanía, entonces, es justo. Y el recelo contra esta comunidad extranjera, también. Lamentablemente, justos pagan por pecadores, dice el dicho, y esa cruz bastante pesada deben de cargar ahora los ciudadanos venezolanos de buen corazón que, sabemos, son la mayoría.

    Lo que tienen que hacer los venezolanos (en todo caso sus asociaciones de residentes) es marcar distancia y denunciar a aquellos sujetos de su país que viven al margen de la ley. Son ellos los llamados a que los peruanos borren esa imagen negativa que ahora tenemos de ellos. Es momento de detener esta inmigración de sujetos de mal vivir y expulsar a quienes se debe expulsar. Ya suficiente tenemos con nuestros propios problemas como para preocuparnos por los que llegan de otro país. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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