Por: Martín Valdivia Rodríguez / La última tentación de Simon

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Por: Martín Valdivia R. Deprimente ingreso a Lima
Por: Martín Valdivia Rodríguez

Por: Martín Valdivia Rodríguez / La cárcel no le es extraña a Yehude Simón, el político de izquierda que algún día dirigiera un pasquín comunista y un tribunal lo condenara a 20 años de prisión bajo el cargo de “apología del terrorismo”. Eso en 1992. Ocho años más tarde, Diego García Sayán, a la sazón ministro de Justicia del gobierno de Valentín Paniagua, lo libera tras un indulto humanitario que muchos criticaron. Dicen que durante esos 8 años, Simón cambió su discurso radical y hasta se convirtió en poeta. Sin dejar de ser de izquierda, moderó su accionar para tornarse en un hombre tranquilo y conciliador.

Ahora, Simón, como otros líderes de izquierda que siempre se pintaron de inmaculados y ajenos a los avatares burgueses del dinero, se enfrenta nuevamente a la justicia, pero esta vez no por sus ideas políticas ni por su apoyo a los grupos terroristas de los 80, sino por la tentación del vil metal, cosa que ha negado en todos los idiomas el ex presidente regional de Lambayeque.

Simón afronta una detención preliminar por los delitos de lavado de activos y colusión. La Fiscalía lo acusa de beneficiar a la constructora brasileña Odebrech tal darle carta blanca para que ésta pueda obtener la concesión del Proyecto Especial de Irrigación e Hidroenergético de Olmos. Según los fiscales, Simón habría recibido 300 mil dólares para que los mafiosos brasileños puedan quedarse con la obra. Es más, José Domingo Pérez lo sindica como líder de una organización criminal mientras era gobernador, dedicándose a “lavar el dinero ilícito” que habría salido de la famosa caja 2 de la constructora.

Ya no es extraño que los líderes de izquierda se vean comprometidos en casos de corrupción. La mano negra de Odebrecht, como lo escribimos hace algunos días, no conocía de tintes políticos ni de lucha de clases. Para ellos el “Gran Caballero”, Don dinero, era lo más importante. Ganar licitaciones amañadas, recurriendo a las bajas pasiones humanas, era el motor que movía a esta empresa brasileña que no sabía de competencias honestas. ¿Para qué hacerlo? Si con dinero se solucionaban todas las cosas.

Yehude Simon, Susana Villarán y otros connotados líderes comunistas, cayeron bajo la tentación del dinero fácil. Y, como lo vemos una vez más, la corrupción no conoce de banderas ni de ideologías. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.