Por: Martín Valdivia Rodríguez / Lo mismo de todos los años…

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Por: Martín Valdivia R. Deprimente ingreso a Lima
Por: Martín Valdivia Rodríguez

Por: Martín Valdivia Rodríguez / El 29 de diciembre del 2001 fuimos testigos de uno de los incendios más dantescos que vivió el Perú: la deflagración de toneladas de pólvora en Mesa Redonda que dejó más de 300 víctimas fatales y otros tantos desaparecidos. Este año recordamos 18 años de la tragedia, cuyos principales responsables aún permanecen libres y, lo que es peor, las prácticas que motivaron tremenda desgracia, aún subsisten.

Un rápido recorrido por este tugurizado centro comercial del centro de Lima, nos demuestran que las calles siguen obstruidas por gran cantidad de ambulantes, los pasadizos de las galerías siguen plagadas de mercadería, las instalaciones clandestinas de cables de electricidad y la falta de una adecuada señalización de vías de escape es el común denominador por estos días previos a las fiestas de fin de año.

Resulta preocupante que la Municipalidad de Lima sólo se interese de la situación real de estas calles sólo en diciembre de cada año. Quisimos comprobar in situ – a pocas horas de celebrar Navidad – cómo se desenvolvían las actividades comerciales en el Mercado Central y las principales calles de Mesa Redonda: la tugurización es espectacular a pesar de todo.

Jirones como Cusco, Ayacucho, Paruro y Andahuaylas forman parte de las zonas más críticas, con pocos lugares de evacuación en caso de una desgracia similar a la ocurrida hace 18 años: las plazas Gastañeta y Santa Catalina y la cuadra 6 del jirón Ayacucho. Según Defensa Civil, toda esta zona de Mesa Redonda puede soportar un aforo de hasta 90 mil personas. En plenas fiestas, el desborde comercial supera fácilmente las 900 mil personas.

Ahora, ¿cómo prohibir que las personas ingresen a Mesa Redonda para efectuar sus compras de fin de año? Es imposible. Por ello las autoridades deben asegurarse que el discurrir de las personas sea a través de vías libres, limpias y señalizadas. Aquí el apoyo de la Policía Nacional debe ser decidido, sin condiciones y estricta. El trabajo de la Municipalidad de Lima, por su parte, debe estar centrado en asegurarse que no existan obstáculos para el libre tránsito de las personas y que las rutas de evacuación estén correctamente definidas.

Tener a casi un millón de personas en apenas cuatro manzanas es una tarea titánica de seguridad que debe asumir con total responsabilidad la comuna capitalina. Si bien no se aprecia la venta libre de pirotécnicos, la tragedia no sólo puede darse por un incendio desproporcionado, sino incluso por un terremoto. Esa zona de Lima posee viejas casonas (utilizadas como galerías comerciales) que pueden ser potenciales bomba de tiempo si un sismo nos sorprende en ese lugar. Guerra avisada no mate gente. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.