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    Por: Martín Valdivia Rodríguez / Monopolio rojo

    La frase “lo que no queremos es que el que tiene plata se vacune y el que no tiene, no”, es de antología. Una prueba más de esa mentalidad retrógrada de un izquierdista de cafetín que lo único que busca es dejar en manos de un Estado ineficiente y corrupto a vida de millones de peruanos que hoy se mueren en casas y hospitales por el maldito virus llegado de China.

    Lo que es más grave, tal como lo señaló el periodista y analista político Hugo Guerra, es que se ha venido demostrando, con indicadores claros, cómo el gobierno peruano ha privilegiado, por encima de la lógica social y de mercado, los contratos con la empresa china Sinopharm, que puso un cerco para ser la primera en vendernos vacunas e impedir el ingreso de otras marcas. Así de claro, un contrato lesivo para el país que algún día será revelado para el escándalo nacional.

    ¿Monopolio rojo? Tal parece que sí. De allí la preocupación de Sagasti por cumplir los compromisos con el laboratorio chino y no dejar que los privados puedan contribuir con el Estado al vacunarse por su propia cuenta y plata. Las empresas que tienen más de 10 mil trabajadores (pesqueras, mineras, industrias, etc) ¿acaso no tienen derecho de proveerse de sus propias vacunas para inmunizar a su personal? ¿Por qué sería un “delito” que una persona que tiene su dinero no pueda vacunarse junto a su familia? ¿qué de malo hay en todo eso?

    De hecho, el estado tendría que preocuparse de menos personas y la ansiada inmunidad de rebaño llegaría más pronto de lo proyectado. Además, los lotes de vacuna sobrantes incrementarían los stocks públicos para ser repartidos con mayor seguridad entre los sectores menos favorecidos. Simple lógica. La torpe frase de Sagasti sólo puede ser entendida como parte de ese compromiso monopólico con los chinos, paradójicamente, los “culpables” que el virus ronde matando por todo el planeta.

    La sociedad civil, tan cacareada por los caviares para desplegar sus marchas, debe ser la que mayor empeño ponga para investigar a fondo este singular caso y exigir al gobierno un masivo uso de la vacuna, obviando para siempre el monopolio del Estado que lo único que sabe hacer es retrasar las cosas y hacer crecer las uñas de los burócratas. Sino pregúntenle a Vizcarra, Mazzetti, Astete y otros sinverguenzas que se han aprovechado del cargo para lucrar con la salud y la muerte de millones de peruanos, qué fácil es meter mano en las arcas fiscales. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

    La frase “lo que no queremos es que el que tiene plata se vacune y el que no tiene, no”, es de antología. Una prueba más de esa mentalidad retrógrada de un izquierdista de cafetín que lo único que busca es dejar en manos de un Estado ineficiente y corrupto a vida de millones de peruanos que hoy se mueren en casas y hospitales por el maldito virus llegado de China.

    Lo que es más grave, tal como lo señaló el periodista y analista político Hugo Guerra, es que se ha venido demostrando, con indicadores claros, cómo el gobierno peruano ha privilegiado, por encima de la lógica social y de mercado, los contratos con la empresa china Sinopharm, que puso un cerco para ser la primera en vendernos vacunas e impedir el ingreso de otras marcas. Así de claro, un contrato lesivo para el país que algún día será revelado para el escándalo nacional.

    ¿Monopolio rojo? Tal parece que sí. De allí la preocupación de Sagasti por cumplir los compromisos con el laboratorio chino y no dejar que los privados puedan contribuir con el Estado al vacunarse por su propia cuenta y plata. Las empresas que tienen más de 10 mil trabajadores (pesqueras, mineras, industrias, etc) ¿acaso no tienen derecho de proveerse de sus propias vacunas para inmunizar a su personal? ¿Por qué sería un “delito” que una persona que tiene su dinero no pueda vacunarse junto a su familia? ¿qué de malo hay en todo eso?

    De hecho, el estado tendría que preocuparse de menos personas y la ansiada inmunidad de rebaño llegaría más pronto de lo proyectado. Además, los lotes de vacuna sobrantes incrementarían los stocks públicos para ser repartidos con mayor seguridad entre los sectores menos favorecidos. Simple lógica. La torpe frase de Sagasti sólo puede ser entendida como parte de ese compromiso monopólico con los chinos, paradójicamente, los “culpables” que el virus ronde matando por todo el planeta.

    La sociedad civil, tan cacareada por los caviares para desplegar sus marchas, debe ser la que mayor empeño ponga para investigar a fondo este singular caso y exigir al gobierno un masivo uso de la vacuna, obviando para siempre el monopolio del Estado que lo único que sabe hacer es retrasar las cosas y hacer crecer las uñas de los burócratas. Sino pregúntenle a Vizcarra, Mazzetti, Astete y otros sinverguenzas que se han aprovechado del cargo para lucrar con la salud y la muerte de millones de peruanos, qué fácil es meter mano en las arcas fiscales. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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