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    Por: Martín Valdivia Rodríguez / No nos callarán

    Como periodista, tengo un principio fundamental: jamás tolerar la mordaza ni colaborar con las voces que piden cerrar un medio de comunicación, por más que éste no simpatice con mis ideas y valores. La libertad de prensa y expresión están garantizadas por la Constitución política del Perú y es la piedra fundamental de un estado de derecho. Por ello, las voces que piden a gritos el cierre del canal Willax son, sin duda, los mismos que se callaron en mil idiomas cuando la “generación bicentenario” – sin respetar distancia social alguna – promovieron la movilización masiva de personas en plena pandemia.

    Y todo este problema surge a propósito de la denuncia del periodista Beto Ortiz quien, haciendo uso de su libertad de expresión, manifestó que la vacuna de Sinopharm tendría un nivel de eficacia muy limitado y que no superaría los estándares que la ciencia pide. De corroborarse esta información – que ha sido satanizada a lo largo de todo este fin de semana – sería un gravísimo error que pondría en peligro mortal a los miles de profesionales de la salud que ya han sido vacunados.

    La denuncia, que procede de un estudio clínico “preliminar” de la Universidad Cayetano Heredia y Universidad de San Marcos, da como resultado una efectividad del 11,5% y no como la que todos suponíamos. Este terrible error se sumaría a otros tantos que los “moraditos” no han sabido capitalizar en beneficio del país, como la terca prohibición que los privados compren las vacunas.

    Ayer, Sagasti manifestó “que todos los ciudadanos tienen el mismo derecho a la vacuna porque hay algunos que creen que porque tienen alguna posición o acceso o recursos tienen más derecho que otros”, su vocación estatista es de tal magnitud que no entiende que al vacunarse más gente con sus propios recursos, habrá más dosis disponibles para los más pobres.

    El presidente se enreda nuevamente diciendo que la vacunación debe ser equitativa y sin “discriminación”, esa palabrita que a los caviares como él les encanta utilizar a cada rato. Lo más curioso es que lo diga una persona que, en sus propias narices, sus más cercanas colaboradoras no ejercieron esa equidad y discriminación que tanto pregona.

    Que el gobierno de Sagasti se olvide se sancionar a un medio de comunicación que, como Willax, le resulta incómodo a los rojos y caviares de todo pelaje. De ser así, los medios independientes como LA RAZÓN, alzarán sus voces de protesta ante tremendo despropósito. Nosotros no nos callaremos. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

    Como periodista, tengo un principio fundamental: jamás tolerar la mordaza ni colaborar con las voces que piden cerrar un medio de comunicación, por más que éste no simpatice con mis ideas y valores. La libertad de prensa y expresión están garantizadas por la Constitución política del Perú y es la piedra fundamental de un estado de derecho. Por ello, las voces que piden a gritos el cierre del canal Willax son, sin duda, los mismos que se callaron en mil idiomas cuando la “generación bicentenario” – sin respetar distancia social alguna – promovieron la movilización masiva de personas en plena pandemia.

    Y todo este problema surge a propósito de la denuncia del periodista Beto Ortiz quien, haciendo uso de su libertad de expresión, manifestó que la vacuna de Sinopharm tendría un nivel de eficacia muy limitado y que no superaría los estándares que la ciencia pide. De corroborarse esta información – que ha sido satanizada a lo largo de todo este fin de semana – sería un gravísimo error que pondría en peligro mortal a los miles de profesionales de la salud que ya han sido vacunados.

    La denuncia, que procede de un estudio clínico “preliminar” de la Universidad Cayetano Heredia y Universidad de San Marcos, da como resultado una efectividad del 11,5% y no como la que todos suponíamos. Este terrible error se sumaría a otros tantos que los “moraditos” no han sabido capitalizar en beneficio del país, como la terca prohibición que los privados compren las vacunas.

    Ayer, Sagasti manifestó “que todos los ciudadanos tienen el mismo derecho a la vacuna porque hay algunos que creen que porque tienen alguna posición o acceso o recursos tienen más derecho que otros”, su vocación estatista es de tal magnitud que no entiende que al vacunarse más gente con sus propios recursos, habrá más dosis disponibles para los más pobres.

    El presidente se enreda nuevamente diciendo que la vacunación debe ser equitativa y sin “discriminación”, esa palabrita que a los caviares como él les encanta utilizar a cada rato. Lo más curioso es que lo diga una persona que, en sus propias narices, sus más cercanas colaboradoras no ejercieron esa equidad y discriminación que tanto pregona.

    Que el gobierno de Sagasti se olvide se sancionar a un medio de comunicación que, como Willax, le resulta incómodo a los rojos y caviares de todo pelaje. De ser así, los medios independientes como LA RAZÓN, alzarán sus voces de protesta ante tremendo despropósito. Nosotros no nos callaremos. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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