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    Por: Martín Valdivia Rodríguez / ¿Y quién se acuerda de la clase media?

    Hace unas semanas, un gran amigo – leyendo las portadas de los periódicos – me decía: “¿Y quién se acuerda de la clase media cuando de apoyos económicos se trata?” Y es verdad. Los pobres y muy pobres tienen, por lo general, el ojo del Estado o la clase política sobre ellos. Del profesional independiente, del maestro, del abogado, del comerciante de pequeños negocios nadie se acuerda, no tienen bonos, canastas de víveres ni comedores populares. Ellos se ubican en el limbo del no saber qué hacer, pues se considera que “ganan lo suficiente” como para seguir remando por sí solos.

    El año pasado, el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima, señaló que a consecuencia de la drástica caída del Producto Bruto Interno (11.12%,), debido a la crisis sanitaria y paralización de las actividades económicas generadas por la pandemia del coronavirus, cerca de 1,1 millón de peruanos de clase media pasaron a la condición de vulnerables y 949.429 de clase vulnerable volvieron a caer en la pobreza.

    Recordemos que “clase media” es el segmento de la población cuyo nivel de ingreso diario es entre US$ 10 y US$ 50 (según el Banco Mundial), medido bajo paridad de poder de compra; mientras la clase vulnerable tiene ingresos desde US$ 4 hasta US$ 10; es decir, un estatus intermedio que se ubica entre las clases pobre y media.

    La pandemia se llevó de un solo plumazo a una clase media que cuando no tiene dinero presta de aquí y de allá, endeudándose con tarjetas de crédito que no puede pagar, la hipoteca vencida, el préstamo vehicular impago y otros productos que, ahora, quedan como buenos recuerdos de una época de bonanza. Y los bancos – con la insensibilidad que los caracteriza – no moverán un solo dedo con la finalidad de cobrarse cuanto antes el dinero prestado. Y, si pues, quién se acuerda de una clase media endeudada hasta la coronilla y sin posibilidades de recuperar su estatus sino dentro de cuatro o cinco años (si la cosa marcha bien).

    Según el IEDEP es clave reimpulsar los sectores Comercio y Servicios por su importancia ocupacional en los segmentos clase media y vulnerable. Los profesionales independientes son, tal vez, junto a los comerciantes, los que más han sentido los estragos de la pandemia, habiendo sido la mayoría de ellos obviados al momento en que las empresas replantean sus estrategias de reinserción económica.

    Sin duda, si el Gobierno reanudase en el futuro una nueva cuarentena de 15 días más, será una de las peores noticias para una clase media golpeada y, ciertamente, olvidada. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

    Hace unas semanas, un gran amigo – leyendo las portadas de los periódicos – me decía: “¿Y quién se acuerda de la clase media cuando de apoyos económicos se trata?” Y es verdad. Los pobres y muy pobres tienen, por lo general, el ojo del Estado o la clase política sobre ellos. Del profesional independiente, del maestro, del abogado, del comerciante de pequeños negocios nadie se acuerda, no tienen bonos, canastas de víveres ni comedores populares. Ellos se ubican en el limbo del no saber qué hacer, pues se considera que “ganan lo suficiente” como para seguir remando por sí solos.

    El año pasado, el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima, señaló que a consecuencia de la drástica caída del Producto Bruto Interno (11.12%,), debido a la crisis sanitaria y paralización de las actividades económicas generadas por la pandemia del coronavirus, cerca de 1,1 millón de peruanos de clase media pasaron a la condición de vulnerables y 949.429 de clase vulnerable volvieron a caer en la pobreza.

    Recordemos que “clase media” es el segmento de la población cuyo nivel de ingreso diario es entre US$ 10 y US$ 50 (según el Banco Mundial), medido bajo paridad de poder de compra; mientras la clase vulnerable tiene ingresos desde US$ 4 hasta US$ 10; es decir, un estatus intermedio que se ubica entre las clases pobre y media.

    La pandemia se llevó de un solo plumazo a una clase media que cuando no tiene dinero presta de aquí y de allá, endeudándose con tarjetas de crédito que no puede pagar, la hipoteca vencida, el préstamo vehicular impago y otros productos que, ahora, quedan como buenos recuerdos de una época de bonanza. Y los bancos – con la insensibilidad que los caracteriza – no moverán un solo dedo con la finalidad de cobrarse cuanto antes el dinero prestado. Y, si pues, quién se acuerda de una clase media endeudada hasta la coronilla y sin posibilidades de recuperar su estatus sino dentro de cuatro o cinco años (si la cosa marcha bien).

    Según el IEDEP es clave reimpulsar los sectores Comercio y Servicios por su importancia ocupacional en los segmentos clase media y vulnerable. Los profesionales independientes son, tal vez, junto a los comerciantes, los que más han sentido los estragos de la pandemia, habiendo sido la mayoría de ellos obviados al momento en que las empresas replantean sus estrategias de reinserción económica.

    Sin duda, si el Gobierno reanudase en el futuro una nueva cuarentena de 15 días más, será una de las peores noticias para una clase media golpeada y, ciertamente, olvidada. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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