Por: Omar Chehade / El árbitro Bascuñán y la política

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omar chehade, en la razón
Por: Omar Chehade 

Por: Omar Chehade / El martes pasado el fútbol peruano nuevamente vivió un robo monumental, no solo a manos del tristemente árbitro chileno Julio Bascuñán, sino también de todo el grupo de dicha nacionalidad que estaban a cargo del VAR (Video arbitraje). Si bien el colofón de esta tremenda injusticia fue el segundo penal cobrado a Neymar por una falta inexistente de nuestro defensa Carlos Zambrano, sino también en todo el partido. Las jugadas polémicas a favor de Brasil no eran consultadas por el juez al desastroso VAR, sino que pasaban de frente a favor de los equipistas de la verde amarilla. En el primer empate de Brasil, vía la ejecución de los doce pasos, antes del jalón de camiseta de Yotún a Neymar, se ve como éste último toca la pelota con la mano. Bascuñán no dijo nada, y para variar, el VAR mapochino se hizo el desentendido.

En los dos goles de Perú, a pesar que no había ninguna duda de su legitimidad, igual pasaron por el filtro de los hombres del VAR, dándole un toque de suspenso como el del gran director Alfred Hitchcok. En todas las jugadas trabadas “advertía” o amenazaba a los jugadores peruanos; contra los brasileños, nada. Al defensa peruano Miguel Trauco le rompieron la cara en el primer tiempo, llenándolo de sangre ante una agresión encubierta del delantero de Brasil. Sin embargo, cuando sucedió una jugada parecida por parte de Zambrano contra el mismo delantero rival que antes le había roto la ceja a Trauco, entonces se fue ésta vez a las cámaras del VAR, para cambiar la tarjeta amarilla y ponerle la roja, expulsando al mejor defensa peruano para que éste no pueda jugar la siguiente fecha, justamente contra Chile, casualmente la nacionalidad del inefable árbitro Bascuñan y la tira de ladrones que estuvieron a cargo del VAR en este partido.

A pesar de las bajas peruanas, incluyendo nuestro emblemático Paolo Guerrero por lesión, además del bajo estado físico de Jefferson Farfán, el impedimento de salida del oreja Flores y otros de los Estados Unidos por causa de la pandemia, y la infección por Covid de nuestro delantero Raúl Ruidiaz en la hora nona, debo decir, que el Perú de Gareca jugó un gran partido contra Brasil que es una de las mejores selecciones del mundo. La selección brasileña no necesita de esta burda y podrida ayuda para ganar partidos. Si no hubiera sido por la delincuencial actuación del árbitro Bascuñán ayudado por sus secuaces del VAR, estoy seguro que Perú no se iba derrotado del Estadio Nacional de Lima. Al contrario, seguía sumando, porque es una selección de fútbol, que juega en equipo, con garra, en la que todos son solidarios y donde se ha recuperado el fútbol bien jugado y de toque que históricamente hemos tenido. Sin embargo, quiero hacer dos atingencias finales: seguimos sin tener peso dirigencial. Por más Brasil que fuera, si tuviéramos mejores dirigentes, con excepción de Juan Carlos Oblitas (lo único rescatable) no hubiesen pasado los robos del martes pasado. Cómo es posible que se acepte un árbitro chilleno como Bascuñán, que tiene peores antecedentes de escándalos que el célebre Chechelev de Venezuela. Con el añadido que nos arbitra un señor de una nacionalidad en donde el próximo partido es justamente contra su país, es decir Chile.

Abusando de ello favoreció a Brasil, porque sabe que el rival directo para la clasificación al mundial de su selección es Perú, y que mientras más expulsados tenga, menos futbolistas peruanos podrán jugar contra la selección de su país, como sucedió con Zambrano. ¿Qué pasó con nuestra dirigencia? ¿No se advirtió de ello? El colmo de la ingenuidad. Hay que emitir nuestra queja inmediatamente a la cuestionada Conmebol. Ya sabemos, lamentablemente, que los puntos no solo se ganan en la cancha. Finalmente, igual de lamentable, es que el presidente Martín Vizcarra, para intentar salvar su grave responsabilidad en temas que lo comprometen en corrupción, además de su incapacidad para gobernar, y los fracasos que ha tenido en luchar contra la pandemia y reactivar la economía, se permita hablar “como ciudadano” del árbitro chileno, o de los hermosos goles de André Carrillo. ¡Hasta dónde puede llegar su populismo y mitomanía!. Probablemente ni el fútbol le guste. Como siempre, pura demagogia.

(*) Ex vicepresidente y Congresista de la República

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.