Por: Omar Chehade / El populismo del presidente

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omar chehade, en la razón
Por: Omar Chehade 

Por: Omar Chehade / Hace poco me preguntó una periodista “si me parecía que el presidente Martín Vizcarra era o no populista”, le contesté que faltarían hojas de la edición impresa o programas de televisión para acreditarlo, relatándole una por una las acciones populistas del jefe de estado para subir en las encuestas. También me preguntó si consideraba a Martín Vizcarra como “estadista” y no puedo negar que me provocó interminable hilaridad su pregunta, le respondí de inmediato: Vizcarra no es estadista, es estatista.

El gobernante estadista tiene una visión de estado, una perspectiva nacional, de largo plazo, no se guía por el aplauso fácil de la galería, ni por la temperatura de las encuestas, aquellas que el domingo te veneran pero que el viernes te crucifican, como cuando Jesús en el domingo de ramos fue objeto cinco días antes de ser asesinado en la cruz por la misma gente que lo vitoreaba con ramas y palmas de olivo. El señor Vizcarra no es un líder, ni un estadista, ni un visionario. Solo le interesa administrar su imagen pública a costa de cualquier cosa, incluyendo el destino económico del país o la vida de sus ciudadanos. Pésimo presidente, inepto y mediocre en manejar la crisis del país, pero astuto en administrar su imagen, con el apoyo de muchos medios periodísticos y operadores que siempre se rinden ante la sensualidad del poder, o de los favores o “dádivas políticas”.

El presidente mediocre forma gabinetes ministeriales, salvo honrosas excepciones, muy discretos, con gente de opaco nivel. El gobernante mediano como Vizcarra, siempre convocará a esa clase de políticos que no puedan hacerle sombra en su capacidad de gestión, por eso los resultados están a la vista: el Perú es el país con más infectados de Covid por millón de habitantes en el mundo, y con más de setenta mil muertos producto de la pandemia y a su pésima gestión, y a pesar de haber aplicado la cuarentena más larga y cruel a los peruanos, incluyendo la represión de las Fuerzas Armadas y policiales en las calles. Por si esto fuera poco, ha destrozado en apenas cuatro meses una de las economías más sólidas en la región como era la nuestra, con una ministra de economía tan joven e inexperta que hasta ahora llama la atención como la sigue manteniendo en el cargo.

El líder, el estadista, en cambio, prefiere rodearse de ministros y asesores de gran capacidad, tan igual o incluso mejores que él. No piensa en el aplauso fácil, o en las encuestas amañadas, o en el corto plazo. El estadista tiene una visión de estado de largo aliento, trabaja por el país sin complejos, sin envidias, y sobre todo sin pisotear la Constitución, sin enfrentar ni avasallar a otro poder del Estado, al contrario, tiende puentes al adversario por el bien de la agenda país, perdona las ofensas y no se envenena el alma. El ejemplo de Sócrates ante sus verdugos antes de morir con el veneno de la cicuta es el mejor ejemplo de como pasar a la inmortalidad. Vizcarra nunca leyó a los griegos.

Ex Vicepresidente y Congresista de la República

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.