Por: Omar Chehade / Luis xv y la reforma política

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omar chehade, en la razón
Por: Omar Chehade 

Por: Omar Chehade / Luis XV fue el famoso rey de Francia, a quien se le atribuye la frase: “después de mí el diluvio”.Ególatra, teórico y con poco contacto con la realidad y la vida política de su país, contribuyó, aunque involuntariamente, a sentar las bases de la futura revolución francesa. Hoy, lamentablemente, tenemos a Luis XV de vuelta. Como si hubiera querido resucitar de su tumba, y asistir al Perú republicano ad portas de celebrar en pandemia su bicentenario de la independencia. Arrogante e intolerante, cree dar cátedra de cómo se debe democratizar los partidos políticos, de cómo el Congreso debe perfilar su reforma política y electoral. Para Luis XV no hay fortalezas ni avances si se lo contradice en una coma o un punto de vista distinto al manual teórico que él tiene. Lo contradictorio del caso es que este personaje no ha transitado nunca por ningún partido político, no tiene la menor idea qué es una organización política, todo se circunscribe a la pizarra y a sus “tratados” de “alto nivel” de reforma. Cuando algo osa contradecirlo en el pleno del Parlamento, entonces acude furioso a la televisión oficial para despotricar contra los representantes del pueblo espetándoles de que se trata de la “contra reforma”, porque si no lleva el sello del monarca, entonces no vale nada, todo está podrido. Aquí más que nunca sale a relucir el “Luis XV” criollo con su lema: “después de mí el diluvio”, es decir: “no me interesa qué pueda acontecer después de mi existencia, soy inigualable, cuando desaparezca físicamente si no siguen mi legado teórico, lo que sigue es la destrucción, la hecatombe, la nada”. El Luis XV peruano no se da cuenta que más allá de su escritorio, la pizarra y su viejo amor a Troski, le falta, en la práctica, experiencia partidaria. No es suficiente que un inepto mandatario, que en la actualidad juega en pared con él, lo haya convenientemente remunerado para “reorientar” la reforma política y electoral. Luis XV jamás fue elegido por el soberano pueblo como congresista de la República, me arriesgo a decir que tampoco se hubiese atrevido a postular a algún cargo de elección popular, por la sencilla razón que un monarca nunca se sometería al escrutinio de la nación. Fracasaría por su poca empatía con las masas, su escasa tolerancia con las discrepancias del ciudadano, por su poco espíritu democrático como lo tenía su antecesor “Luis XIV”, llamado también “el Rey Sol”. Hoy día quien lidera la reforma política, electoral y constitucional en el Perú es el Congreso de la República. La Comisión de Constitución que me honra presidir, es la casa de la reforma política y electoral. En apenas dos meses de trabajo, hemos aprobado la suspensión de las primarias, la paridad y alternancia de genero y el distrito electoral para los peruanos en el extranjero. Vamos por mucho más: eliminación de la inmunidad parlamentaria, reinstauración del Senado y designación de los nuevos miembros del Tribunal Constitucional, entre otras reformas. Esto es democracia, no monarquía.

(*) Congresista y ex Vicepresidente de la República