Los estudios de opinión pública realizados sobre cuáles son los principales problemas que afronta nuestro país determinaron en primer lugar a la inseguridad ciudadana, le siguen la situación económica, la corrupción, la falta de empleo, la minería ilegal, el narcotráfico, la trata de personas, entre otros. Sin embargo, ya es hora de poner las cosas en su sitio y todos deben reconocer que la corrupción debe ser considerada como nuestro principal enemigo, ya que no es sólo un factor, sino el común denominador de todos los males y debe ser nuestra prioridad para intentar resolver los problemas del Perú.
La corruptela le ha hecho perder a nuestro querido país alrededor de 72 mil millones de dólares entre 2021 y 2023, según cifras de la Contraloría General de la República.
Y si las cosas internamente no están bien, desde el frente externo se ven peor. Perú ocupó el puesto 127 de 180 economías como una de las más corruptas del mundo en 2024, conforme a un estudio elaborado por Transparencia Internacional.
Para determinar las causas de este terrible flagelo, debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿A qué se debe que se hayan incrementado los actos de corrupción en todos los niveles de gobierno?, ¿alguna vez nos inculcaron valores y principios a través de la educación cívica en los colegios?, ¿nos lo enseñaron nuestros padres en nuestras casas?, ¿existen políticas en las empresas que trasmitan y eduquen a sus trabajadores en estos principios y valores? La respuesta es obvia y negativa. Ante esta situación se cae una pregunta de madura. ¿Qué pasaría si en lugar de impartirnos conocimientos en las escuelas, previamente nos enseñaran valores y principios, nos enseñaran a respetarnos mutuamente, a respetar a nuestros mayores, a las mujeres y luego seguir con la etapa de los conocimientos? Creo que esto sería un buen inicio en nuestra lucha contra la corrupción.
Si tratamos de analizar la inseguridad ciudadana, a la luz de principios y valores, vemos que los recursos institucionales del Estado para combatirla están podridos de corrupción y no son casos aislados, como se nos quiere hacer ver, creo que las excepciones son los casos aislados.
Las instituciones fundamentales para combatir la inseguridad ciudadana son la Policía Nacional del Perú (PNP), el sistema judicial, incluyendo el Ministerios Público, la Contraloría, la Junta Nacional de Justicia y a la luz de las informaciones que se manejan diariamente vemos que los actos de corrupción y de falta de ética son muy frecuentes y alcanzan hasta los niveles más altos de nuestras autoridades.
Quién puede poner las manos al fuego por los malos policías, fiscales, jueces y contralores luego de ver su actuación ineficaz y a veces cómplice en el combate contra el delito.
¿Cómo queremos terminar con la inseguridad y los delitos, si previamente no limpiamos estas nobles instituciones de sus elementos corruptos?, ¿podremos seguir confiando y darles muchísimos recursos del Estado sabiendo que los resultados serán los mismos?
Si realmente queremos terminar con la inseguridad y otros graves problemas que adolece nuestro país tenemos que hacer las correcciones necesarias y radicales dentro de nuestras instituciones para así tener éxito contra el crimen organizado que incluye la minería ilegal, narcotráfico, trata de personas y otros delitos cometidos por altos funcionarios del Estado.
La falta de capacidades técnicas y administrativas alienta a la corrupción, y lo que es peor existe una tolerancia en casi dos tercios de la población. Denuncian al flagelo, pero están dispuestos a pagar una coima para que no les pongan una multa o les agilicen un trámite.
Finalmente, será importante y mandatorio comprometer a los candidatos presidenciales para que incluyan en sus programas de Gobierno el quién y el cómo se harán estos radicales cambios ¡No pretendan liderar el país si antes no anteponen el bienestar del Perú y los peruanos a sus intereses personales!
(*) Expresidente del Consejo de Ministros




