Es urgente crear una Guardia Nacional que luche decididamente contra el crimen organizado, la corrupción de funcionarios y otras amenazas que enfrente nuestro país. Nuestra Policía hace su trabajo, pero no es suficiente.
Por los medios de comunicación nos enteramos, día tras día, de los crueles asesinatos de nuestros hermanos peruanos a manos de la insania delincuencial. Sin duda, el crimen organizado está empoderado y hace lo que le viene en gana. Es más, se siente fortalecido por el manejo de mucho dinero sucio que le permite corromper a las malas autoridades que ‘luchan’ en su contra. No es desconocido saber cómo operan y cómo a través del tiempo han neutralizado el accionar de las fuerzas del orden.
La organización de una Guardia Nacional (es sólo un nombre sugerido) debería empezar con reclutar a los mejores elementos de nuestras FF.AA., PNP y personal de Inteligencia, tanto operativos como analistas, de comprobada capacidad, honestidad y alto sentido patriótico. Esta nueva división, similar a otras de gran prestigio en países extranjeros, deberá contar con una rigurosa preparación táctica, probada integridad y buenos salarios.
De las Fuerzas Armadas se reclutará personal de las Fuerzas de Operaciones Especiales y Equipos de Élite de nuestra Policía Nacional, pero llevando a cabo una estricta y minuciosa selección.
Del Sistema de Inteligencia, los nuevos agentes tendrán una formación en operaciones especiales y un adiestramiento especializado en Inteligencia y Contrainteligencia.
Al inicio se debe buscar un alto mando de comprobado prestigio profesional y honestidad, quien será el gran organizador de esta novel Oficina, y sus operaciones irán de menos a más en actividades de combate a la extorsión, el sicariato y el narcotráfico. Claro está, respetando los derechos humanos de los intervenidos.
Esta nueva fuerza tendrá un componente judicial compuesto por fiscales y jueces que actuarán de forma autónoma y reservada para denunciar y sentenciar de forma sumaria a los que se capturen y sean recluidos en penales, especialmente acondicionados para tal fin.
Esta nueva organización deberá contar con un presupuesto especial que le permita constituirse como una Fuerza de tarea para una misión específica, de manera permanente, ya que trabajará para el Estado peruano y no para el gobierno de turno. Debe depender directamente del Director o Jefe que se nombre. La Oficina debe tener autonomía, como el Banco Central de Reserva, y de ninguna manera se permitirá su militarización, ya que las jerarquías serán meritocráticas y de acuerdo a la importancia de los cargos.
Las leyes y reglamentos del control de sus conductas en operaciones deberán ser muy drásticas, debido a que enfrentarán a la corrupción y el crimen organizado y estarán expuestos a inescrupulosos que querrán corromperlos cotidianamente.
Esta nueva organización policial de ninguna manera reemplazará a las Fuerzas del Orden, ya que estas mantendrán su misión y funciones de acuerdo a nuestra Constitución.
Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú continuarán con sus funciones y con sus dependencias intactas, sin menoscabo de la fundación de esta Guardia Nacional. Su función será exclusivamente para la lucha contra el crimen organizado y la corrupción de funcionarios del aparato estatal.
Para constituir esta fuerza especial se deberá gestionar ante las comisiones necesarias del Congreso de la República, llámese de Inteligencia, de Defensa Nacional, de Justicia y las que tengan relación con el tema para la dación de la ley de su creación.
Finalmente, quiero anunciar que esta idea será un aporte adicional al Plan de Gobierno del Partido Popular Cristiano, en materia de Seguridad Nacional y Orden Interno, que se presentará al país, en los próximos días, para combatir frontalmente la imparable ola criminal que vivimos. Sé también que esta nueva propuesta, la formación de la Guardia Nacional, encontrará detractores por celos e intereses particulares o colectivos. Sin embargo, “para hacer tortillas, hay que romper huevos”.
(*) Expresidente del Consejo de Ministros




