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Viernes, Enero 15, 2021

Por: Phillip Butters / La “Mano de Dios”

El día que nació Maradona, Dios le tocó la frente y lo bendijo con las habilidades que todos conocimos. Un niño que a duras penas tuvo dinero para subsistir en una economía familiar desastrosa, sacó adelante a sus padres y sus hermanos en base a su talento absolutamente sin igual. Queda claro que uno puede escribir muchas cosas sobre Maradona porque fue un deportista dotadísimo. Pero quiero que en estas líneas de LA RAZÓN tratemos de rescatar al ser humano.

Si bien es cierto que la mano de Dios lo bendijo en su nacimiento, por ahí también se apareció la mano del diablo, para ofrecerle cocaína cuando comenzaba a jugar en el Barcelona, de España. Ahí se desdibujó todo, porque nosotros veíamos al “genio del fútbol mundial”, al “barrilete cósmico”, al “10 de Dios”, al “Diego del pueblo”, y claro, a nosotros nos entretenía verlo jugar por la selección de Argentina, por el Napoli de Italia, haciendo goles fabulosos en el mundial contra los ingleses, venciendo a los grandes de Italia como al Juventus, al Inter, al Milan. Era el hombre del pueblo que reivindicaba a los más pobres, pero a la hora de la hora ese señor, ese joven era un ser humano. Cuando acababa un partido, él no podía ser un ser humano.

No podía ser un hijo normal, un hermano normal, un esposo normal, porque le perseguía la noche, la juerga y la droga. Y como él mismo dijo, nadie vivía dentro de sí. Entonces, la gran lección que debe quedar para los muchachos, es que siendo un tipo muy talentoso él y otros muy pocos en la historia, de nada sirve si te envenenas el cuerpo y el alma con la maldita droga o el alcohol. Él podía gambetear a todos los rivales, pero no podía gambetear ese deseo irrefrenable de inhalar cocaína, de ir a tomar, y la noche, y la joda, y la juerga y los malos amigos, y la gente que lo vivía. Ha vivido este chico de Fiorito, una desgracia prácticamente los últimos 40 años de su vida, porque íntimamente no podía ser feliz. Perdió su primer matrimonio, la relación con sus hijas, sus mejores amigos, a su segunda esposa, firmó tarde a Diego Sinagra Maradona, y no pudo tener una vida normal. No pudo disfrutar de ser normal, no pudo ser un amigo de quien sea solamente por las virtudes del otro, siempre era él, Maradona el futbolista.

Dudo mucho que eso lo haya hecho feliz, porque los éxitos deportivos para él eran sus éxitos profesionales, y el común de las personas que tienen un gran suceso profesional, saben que uno no es nada sin la familia, sin la tranquilidad del espíritu, sin poder jugar con tus hijos o hijas, pasar momentos absolutamente domésticos y cotidianos donde ni el dinero ni la fama tienen nada que ver. Esa es la gran tristeza que me da de la muerte de Maradona, saber que se destrozó el alma y el cuerpo. Él intentó siempre ser bueno, porque el tipo, según me cuentan la gente que lo conoció, intentaba ser bueno, intentaba hacer obras de bien, era un tipo sencillo, evidentemente quería a su padre, a su madre, a sus hijos y a sus hermanos, pero terminó destrozando la relación casi con cada uno de ellos. Eso debe ser muy triste al final de su vida. Que Dios lo tenga en la gloria, le perdone sus pecados y que celebre sus virtudes.

Pero reitero, acá hay que ver el lado humano de un tipo que lo tuvo todo, plata, poder, prestigio, conocimiento, todas las cosas que son las más importantes para el común de las personas, pero a él no le valían nada porque se había acostumbrado a esa vida, a esa fama, a esa riqueza, a ese lujo, a ese exceso de licor, alimentos y sabe Dios qué más. De repente le faltó más amor en el momento más importante de su vida cuando el diablo se le cruzó y le quitó de encima la mano de Dios. Hoy, ojalá que se la vuelvan a poner encima y descanse en paz Diego Armando Maradona, el ser humano.

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

El día que nació Maradona, Dios le tocó la frente y lo bendijo con las habilidades que todos conocimos. Un niño que a duras penas tuvo dinero para subsistir en una economía familiar desastrosa, sacó adelante a sus padres y sus hermanos en base a su talento absolutamente sin igual. Queda claro que uno puede escribir muchas cosas sobre Maradona porque fue un deportista dotadísimo. Pero quiero que en estas líneas de LA RAZÓN tratemos de rescatar al ser humano.

Si bien es cierto que la mano de Dios lo bendijo en su nacimiento, por ahí también se apareció la mano del diablo, para ofrecerle cocaína cuando comenzaba a jugar en el Barcelona, de España. Ahí se desdibujó todo, porque nosotros veíamos al “genio del fútbol mundial”, al “barrilete cósmico”, al “10 de Dios”, al “Diego del pueblo”, y claro, a nosotros nos entretenía verlo jugar por la selección de Argentina, por el Napoli de Italia, haciendo goles fabulosos en el mundial contra los ingleses, venciendo a los grandes de Italia como al Juventus, al Inter, al Milan. Era el hombre del pueblo que reivindicaba a los más pobres, pero a la hora de la hora ese señor, ese joven era un ser humano. Cuando acababa un partido, él no podía ser un ser humano.

No podía ser un hijo normal, un hermano normal, un esposo normal, porque le perseguía la noche, la juerga y la droga. Y como él mismo dijo, nadie vivía dentro de sí. Entonces, la gran lección que debe quedar para los muchachos, es que siendo un tipo muy talentoso él y otros muy pocos en la historia, de nada sirve si te envenenas el cuerpo y el alma con la maldita droga o el alcohol. Él podía gambetear a todos los rivales, pero no podía gambetear ese deseo irrefrenable de inhalar cocaína, de ir a tomar, y la noche, y la joda, y la juerga y los malos amigos, y la gente que lo vivía. Ha vivido este chico de Fiorito, una desgracia prácticamente los últimos 40 años de su vida, porque íntimamente no podía ser feliz. Perdió su primer matrimonio, la relación con sus hijas, sus mejores amigos, a su segunda esposa, firmó tarde a Diego Sinagra Maradona, y no pudo tener una vida normal. No pudo disfrutar de ser normal, no pudo ser un amigo de quien sea solamente por las virtudes del otro, siempre era él, Maradona el futbolista.

Dudo mucho que eso lo haya hecho feliz, porque los éxitos deportivos para él eran sus éxitos profesionales, y el común de las personas que tienen un gran suceso profesional, saben que uno no es nada sin la familia, sin la tranquilidad del espíritu, sin poder jugar con tus hijos o hijas, pasar momentos absolutamente domésticos y cotidianos donde ni el dinero ni la fama tienen nada que ver. Esa es la gran tristeza que me da de la muerte de Maradona, saber que se destrozó el alma y el cuerpo. Él intentó siempre ser bueno, porque el tipo, según me cuentan la gente que lo conoció, intentaba ser bueno, intentaba hacer obras de bien, era un tipo sencillo, evidentemente quería a su padre, a su madre, a sus hijos y a sus hermanos, pero terminó destrozando la relación casi con cada uno de ellos. Eso debe ser muy triste al final de su vida. Que Dios lo tenga en la gloria, le perdone sus pecados y que celebre sus virtudes.

Pero reitero, acá hay que ver el lado humano de un tipo que lo tuvo todo, plata, poder, prestigio, conocimiento, todas las cosas que son las más importantes para el común de las personas, pero a él no le valían nada porque se había acostumbrado a esa vida, a esa fama, a esa riqueza, a ese lujo, a ese exceso de licor, alimentos y sabe Dios qué más. De repente le faltó más amor en el momento más importante de su vida cuando el diablo se le cruzó y le quitó de encima la mano de Dios. Hoy, ojalá que se la vuelvan a poner encima y descanse en paz Diego Armando Maradona, el ser humano.

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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