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    Por: Phillip Butters / La segunda ola, la cuarentena y el toque de queda

    Ya parece que a todo el mundo le va quedando claro, cuando menos dos cosas: que estamos en una franca segunda ola y con un crecimiento muy serio y grave, que el Gobierno de Sagasti y la señora Mazzetti no tienen idea de qué hacer para pararla. Y la verdad sea dicha, no tienen cómo pararla, porque si no tienen pruebas moleculares no se sabrá quiénes son los que tienen o no el Covid-19, no se podrá tratarlos y aislarlos.

    Es decir, volver a repetir lo que ya todo el mundo consciente de la situación médica y clínica del Perú debe saber, francamente ser recalcitrante.

    La situación es muy sencilla. Lo que tiene que hacer el Gobierno es ajustar el toque de queda a las 8 de la noche y a las 6 de la mañana. ¿Y esto qué implica? Que ya prácticamente todos los restaurantes, centros comerciales, mercados, y lugares donde se pueda hacinar la gente, léase estaciones de servicio del metropolitano, del tren eléctrico, deben estar vacías a partir de las 6.30 de la tarde, porque nadie va a estar esperando desde las 7 para llegar a su casa a las 8 de la noche.

    Es decir, la gente termina su horario laboral a las 6 de la tarde sin horas extras, sin extensión, y de inmediato tiene que subir a su transporte público o privado e irse a su casa. De repente podrá hacer una compra mínima, pero la idea es que las alacenas de las casas ya estén abastecidas previamente.

    ¿Eso qué tendrá como consecuencia? Que muchísimos restaurantes no tengan cómo vender a la hora de la cena y mucho menos usar el delivery. Y eso, seguramente, causará la quiebra de muchos de estos negocios de comida. Desgraciadamente eso hay que decirlo y es la verdad.

    Los señores del gremio gastronómico, o buscan nuevos socios, o tendrán que cerrar sus locales. Esa es la parte dura. Lo propio los centros comerciales, reducir el aforo al 30% de todos estos recintos, de todos los mercados, y que a la gente le quede claro que ya no tiene sentido regresar a los gimnasios, porque es demasiado peligroso y la gente se está contagiando.

    Y ¿dónde están los mayores focos de contagio? En los sitios además estipulados, como también en los micros, buses, taxis colectivos y hasta en los mototaxis.

    Ahí ya tiene que ver con la responsabilidad de cada uno de no subirse a ningún lugar donde haya gente extraña a menos de 30 centímetros de distancia.

    Todo el mundo sabe que la distancia mínima es 1.5 metros, pero claro, en el transporte público ello es imposible.

    ¿Qué más queda por hacer? ¡Cuidarse! El tema de la playa para mucha gente es un drama y desgraciadamente se tiene que entender que en una casa de playa no pueden entrar más de 8 personas, que todos tienen que ser familia y se tienen que hacer pruebas moleculares de coronavirus una vez al mes, no ir a “Reus” la gente joven, que es ahí donde está el mayor problema.

    En los niveles socioeconómicos A, B, C y D, los muchachos que tienen entre 16 y 25 años, han estado encuarentenados, fastidiados, sin universidad, sin instituto, sin colegio, y se quieren reunir, pero no terminan de entender que se están contagiando.

    En cuanto al por qué, serían muchas las explicaciones pero la esencial es que los han venido engañando con el cuento de la vacuna, y muchos se han relajado pensando que ello era la solución.

    El Gobierno no dice la verdad, que no hay vacuna para el populórum, ni para la gente ficha, ni para nadie que no sea del aparato médico de primera línea, porque cuando lleguen las vacunas, que son solamente 450 mil, lo demás es incierto y triste.

    Para que la propia señora Mazzetti diga que “hay que ponerse las pilas” o “ser optimistas” o rezar para que algo nos vaya de alguna mejor manera, es prácticamente aceptar, que simple y llanamente, estamos en nada y hay que esperar a morirnos.

    Si no dicen la verdad de la situación y no se ajustan las medidas sanitarias como los horarios, vamos a terminar buscando una cuarentena generalizada, que tampoco funcionará y va a terminar de quebrar la economía.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    Ya parece que a todo el mundo le va quedando claro, cuando menos dos cosas: que estamos en una franca segunda ola y con un crecimiento muy serio y grave, que el Gobierno de Sagasti y la señora Mazzetti no tienen idea de qué hacer para pararla. Y la verdad sea dicha, no tienen cómo pararla, porque si no tienen pruebas moleculares no se sabrá quiénes son los que tienen o no el Covid-19, no se podrá tratarlos y aislarlos.

    Es decir, volver a repetir lo que ya todo el mundo consciente de la situación médica y clínica del Perú debe saber, francamente ser recalcitrante.

    La situación es muy sencilla. Lo que tiene que hacer el Gobierno es ajustar el toque de queda a las 8 de la noche y a las 6 de la mañana. ¿Y esto qué implica? Que ya prácticamente todos los restaurantes, centros comerciales, mercados, y lugares donde se pueda hacinar la gente, léase estaciones de servicio del metropolitano, del tren eléctrico, deben estar vacías a partir de las 6.30 de la tarde, porque nadie va a estar esperando desde las 7 para llegar a su casa a las 8 de la noche.

    Es decir, la gente termina su horario laboral a las 6 de la tarde sin horas extras, sin extensión, y de inmediato tiene que subir a su transporte público o privado e irse a su casa. De repente podrá hacer una compra mínima, pero la idea es que las alacenas de las casas ya estén abastecidas previamente.

    ¿Eso qué tendrá como consecuencia? Que muchísimos restaurantes no tengan cómo vender a la hora de la cena y mucho menos usar el delivery. Y eso, seguramente, causará la quiebra de muchos de estos negocios de comida. Desgraciadamente eso hay que decirlo y es la verdad.

    Los señores del gremio gastronómico, o buscan nuevos socios, o tendrán que cerrar sus locales. Esa es la parte dura. Lo propio los centros comerciales, reducir el aforo al 30% de todos estos recintos, de todos los mercados, y que a la gente le quede claro que ya no tiene sentido regresar a los gimnasios, porque es demasiado peligroso y la gente se está contagiando.

    Y ¿dónde están los mayores focos de contagio? En los sitios además estipulados, como también en los micros, buses, taxis colectivos y hasta en los mototaxis.

    Ahí ya tiene que ver con la responsabilidad de cada uno de no subirse a ningún lugar donde haya gente extraña a menos de 30 centímetros de distancia.

    Todo el mundo sabe que la distancia mínima es 1.5 metros, pero claro, en el transporte público ello es imposible.

    ¿Qué más queda por hacer? ¡Cuidarse! El tema de la playa para mucha gente es un drama y desgraciadamente se tiene que entender que en una casa de playa no pueden entrar más de 8 personas, que todos tienen que ser familia y se tienen que hacer pruebas moleculares de coronavirus una vez al mes, no ir a “Reus” la gente joven, que es ahí donde está el mayor problema.

    En los niveles socioeconómicos A, B, C y D, los muchachos que tienen entre 16 y 25 años, han estado encuarentenados, fastidiados, sin universidad, sin instituto, sin colegio, y se quieren reunir, pero no terminan de entender que se están contagiando.

    En cuanto al por qué, serían muchas las explicaciones pero la esencial es que los han venido engañando con el cuento de la vacuna, y muchos se han relajado pensando que ello era la solución.

    El Gobierno no dice la verdad, que no hay vacuna para el populórum, ni para la gente ficha, ni para nadie que no sea del aparato médico de primera línea, porque cuando lleguen las vacunas, que son solamente 450 mil, lo demás es incierto y triste.

    Para que la propia señora Mazzetti diga que “hay que ponerse las pilas” o “ser optimistas” o rezar para que algo nos vaya de alguna mejor manera, es prácticamente aceptar, que simple y llanamente, estamos en nada y hay que esperar a morirnos.

    Si no dicen la verdad de la situación y no se ajustan las medidas sanitarias como los horarios, vamos a terminar buscando una cuarentena generalizada, que tampoco funcionará y va a terminar de quebrar la economía.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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