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    Por: Phillip Butters / Mesa Redonda, Thomas Restobar y las fiestas “Covid”

    Uno se pone a rememorar la desgracia de “Mesa Redonda”, donde imperó la informalidad y se registró la desgracia donde murieron 277 personas. Al final, nunca hubo responsables. Y como que nunca terminamos de entender por qué somos un país que siempre tropieza con la misma piedra. Años después sucedió la desgracia de la discoteca “Utopía”, con un prófugo Alan Azizollahoff y con muchos otros responsables que pagaron a medias.

    Después, esta última desgracia de Thomas Restobar, en pleno Gobierno de Vizcarra, donde policías irresponsables terminan matando a 14 muchachos, cuyas vidas no importan seguramente como las de Inti y Bryan, porque no hubo una connotación política negativa para el Gobierno que hacía y deshacía con la opinión pública y las informaciones. Pero esos chicos murieron y no pasó nada.

    Resulta que 1500 chicos que estaban en una fiesta “Covid”, 200 estuvieron presos y la Policía los libera porque no hay más que hacer con ellos. Y ahora están haciendo las pesquisas para averiguar quién era el organizador de la fiesta y quién alquilaba el local.

    Es decir, nunca aprendemos y siempre tropezamos con la misma piedra. No solamente por las estupideces que se han generado con toda la ola de contagios como consecuencias de las manifestaciones, de las algaradas anti Merino de Lama o anti la ley Agraria que por fin ya se aceptó, sino también por reuniones estúpidas de muchos jóvenes que no pueden ser acusados de ignorantes. Simplemente son dejados y desinteresados en la vida de sus propias familias, porque a estas alturas todo el Perú sabe que no debe ir a ningún tipo de fiestas.

    En Cajamarca, Piura, el Callao también cierran locales para fiesta de toda índole y seguramente pasará lo mismo en fin de año. Somos una sociedad alucinantemente extraña. Mientras que en Israel, Roma, Alemania, Francia, Inglaterra, etc. se cierran locales, acá los artistas piden más espacio en los teatros y la gente del rubro de la gastronomía quiere más aforo en los restaurantes, cuando todo eso en el mundo están en contra de ello, pese a que absolutamente todos los países mencionados, además de Colombia, Argentina, Chile, México, todos tienen vacunas que no tenemos.

    ¿Por qué somos así los peruanos? La verdad es que no lo entiendo. Habría que buscar las explicaciones de un sociólogo, un antropólogo, de un “chamán”, porque la cantidad de locuras que se cometen acá en nombre de las libertades o los derechos a legítima protesta, no pasan en ningún lugar del mundo.

    Pero acá en el Perú sí estamos acostumbrados a seguir jodiendo a los demás y seguir muriéndonos por tonterías, lo cual es algo realmente penoso, inexplicable para mí. De repente usted entiende lo que yo no puedo entender, amigo lector de LA RAZÓN.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    Uno se pone a rememorar la desgracia de “Mesa Redonda”, donde imperó la informalidad y se registró la desgracia donde murieron 277 personas. Al final, nunca hubo responsables. Y como que nunca terminamos de entender por qué somos un país que siempre tropieza con la misma piedra. Años después sucedió la desgracia de la discoteca “Utopía”, con un prófugo Alan Azizollahoff y con muchos otros responsables que pagaron a medias.

    Después, esta última desgracia de Thomas Restobar, en pleno Gobierno de Vizcarra, donde policías irresponsables terminan matando a 14 muchachos, cuyas vidas no importan seguramente como las de Inti y Bryan, porque no hubo una connotación política negativa para el Gobierno que hacía y deshacía con la opinión pública y las informaciones. Pero esos chicos murieron y no pasó nada.

    Resulta que 1500 chicos que estaban en una fiesta “Covid”, 200 estuvieron presos y la Policía los libera porque no hay más que hacer con ellos. Y ahora están haciendo las pesquisas para averiguar quién era el organizador de la fiesta y quién alquilaba el local.

    Es decir, nunca aprendemos y siempre tropezamos con la misma piedra. No solamente por las estupideces que se han generado con toda la ola de contagios como consecuencias de las manifestaciones, de las algaradas anti Merino de Lama o anti la ley Agraria que por fin ya se aceptó, sino también por reuniones estúpidas de muchos jóvenes que no pueden ser acusados de ignorantes. Simplemente son dejados y desinteresados en la vida de sus propias familias, porque a estas alturas todo el Perú sabe que no debe ir a ningún tipo de fiestas.

    En Cajamarca, Piura, el Callao también cierran locales para fiesta de toda índole y seguramente pasará lo mismo en fin de año. Somos una sociedad alucinantemente extraña. Mientras que en Israel, Roma, Alemania, Francia, Inglaterra, etc. se cierran locales, acá los artistas piden más espacio en los teatros y la gente del rubro de la gastronomía quiere más aforo en los restaurantes, cuando todo eso en el mundo están en contra de ello, pese a que absolutamente todos los países mencionados, además de Colombia, Argentina, Chile, México, todos tienen vacunas que no tenemos.

    ¿Por qué somos así los peruanos? La verdad es que no lo entiendo. Habría que buscar las explicaciones de un sociólogo, un antropólogo, de un “chamán”, porque la cantidad de locuras que se cometen acá en nombre de las libertades o los derechos a legítima protesta, no pasan en ningún lugar del mundo.

    Pero acá en el Perú sí estamos acostumbrados a seguir jodiendo a los demás y seguir muriéndonos por tonterías, lo cual es algo realmente penoso, inexplicable para mí. De repente usted entiende lo que yo no puedo entender, amigo lector de LA RAZÓN.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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