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    Por: Phillip Butters / Muertos: Sincerando cifras

    El manejo que tiene la caviarada de los medios es espeluznantemente efectivo. Ayer, de manera edulcorada, cosa que es un contrasentido porque la noticia es macabra, al gobierno de Sagasti se le ocurrió publicar un sinceramiento de cifras de la muerte, como consecuencia del Covid en el Perú.

    El número llega a ¡180 mil peruanos! Es decir, pasaron de 70 mil a casi el triple en un solo día. Esto ha pasado casi desapercibido.

    ¿Qué es lo que pasó? La mentira que ha sido inmensa, permanente, constante, planificada por Vizcarra, Vicente Zeballos, Maxi Aguiar, ejecutada con una frialdad absoluta por parte de el desgraciado de Zamora, la Mazzetti, la Molinelli, y prácticamente todos sus ministros, con todas las guaripoleras vizcarrianas de América Televisión, Canal N, Frecuencia Latina, ATV, Grupo El Comercio, Grupo La República, Grupo RPP.

    Con una frialdad absoluta le mintieron al Perú y ayer se les ocurrió decir algo de verdad, porque puede ser aún más grande la cantidad de muertos y eso tiene un correlato con el sentimiento de odio que hoy le tiene la gente a la clase política y por eso es que Castillo está donde está, porque si ha habido dos factores inmensos para que este señor pueda estar en la segunda vuelta, puede ser el tema de la pandemia desde el punto de vista de la mortandad que mencionamos y la manera cómo puede afectar directamente a dos millones de personas, porque calculen ustedes, amigos lectores de LA RAZÓN, por cada muerto hay 10 dolientes.

    Estamos hablando de dos millones de personas que están absolutamente desoladas, pero además está la crisis económica y está el factor del odio a Keiko y todo eso ha sido estructurado de modo macabro desde hace mucho tiempo.

    Entonces, por eso es que Castillo se puede dar el lujo de tener una presentación paupérrima en el debate presidencial, porque es evidente que el tipo es un ignorante que no sabe dónde está parado, que le cuesta articular cualquier idea mínimamente sencilla, que no puede explicar ningún plan de gobierno, ninguna idea, no tiene respuesta para un “cómo”, un “cuándo”, un “por qué”, ni siquiera ha leído la Constitución y ni la entiende.

    Estamos ante una situación horrorosa porque estos miserables de los comunistas que han manejado el aparato estatal, el sector Salud, prefirieron que la gente se muera. Para mí sigue siendo evidente que optaron por no comprar las pruebas moleculares, ni camas UCI, ni respiradores artificiales, equipos de protección personal, ni las plantas de oxígeno, simplemente mandaron al Perú al cadalso para generar en los peruanos esta condición de odio y resentimiento en contra del sistema, de lo que el pobre diablo de Sagasti llama “el Estado fallido”, y fíjense, la situación económica es horrible, pero recuerden cuántas veces salía la señorita María Antonieta Alva con su cara de “Yo no fui”, pero la verdad es que sí fue.

    Y miren el daño que ha causado a la economía, miles de familias quebradas. Solo en el rubro gastronómico hay cien mil familias que tenían un restaurante y ya no tienen cómo levantarlo. Ahí tienes otro millón de votos, de gente desesperada, desolada.

    La situación es muy penosa y estamos en la irracionalidad de esperar que la gente de la generación Bicentenario nos salve, que la gente del extranjero nos salve, porque acá la gente está terriblemente encaprichada en poder marcar el lapicito frente a lo que todo el mundo entiende como un suicidio.

    Una vez más, estamos en manos de Dios. Ojalá que se acuerde el Señor de los Milagros y la Virgen María Santísima que nosotros en el Perú seguimos siendo un país católico.

     

    El manejo que tiene la caviarada de los medios es espeluznantemente efectivo. Ayer, de manera edulcorada, cosa que es un contrasentido porque la noticia es macabra, al gobierno de Sagasti se le ocurrió publicar un sinceramiento de cifras de la muerte, como consecuencia del Covid en el Perú.

    El número llega a ¡180 mil peruanos! Es decir, pasaron de 70 mil a casi el triple en un solo día. Esto ha pasado casi desapercibido.

    ¿Qué es lo que pasó? La mentira que ha sido inmensa, permanente, constante, planificada por Vizcarra, Vicente Zeballos, Maxi Aguiar, ejecutada con una frialdad absoluta por parte de el desgraciado de Zamora, la Mazzetti, la Molinelli, y prácticamente todos sus ministros, con todas las guaripoleras vizcarrianas de América Televisión, Canal N, Frecuencia Latina, ATV, Grupo El Comercio, Grupo La República, Grupo RPP.

    Con una frialdad absoluta le mintieron al Perú y ayer se les ocurrió decir algo de verdad, porque puede ser aún más grande la cantidad de muertos y eso tiene un correlato con el sentimiento de odio que hoy le tiene la gente a la clase política y por eso es que Castillo está donde está, porque si ha habido dos factores inmensos para que este señor pueda estar en la segunda vuelta, puede ser el tema de la pandemia desde el punto de vista de la mortandad que mencionamos y la manera cómo puede afectar directamente a dos millones de personas, porque calculen ustedes, amigos lectores de LA RAZÓN, por cada muerto hay 10 dolientes.

    Estamos hablando de dos millones de personas que están absolutamente desoladas, pero además está la crisis económica y está el factor del odio a Keiko y todo eso ha sido estructurado de modo macabro desde hace mucho tiempo.

    Entonces, por eso es que Castillo se puede dar el lujo de tener una presentación paupérrima en el debate presidencial, porque es evidente que el tipo es un ignorante que no sabe dónde está parado, que le cuesta articular cualquier idea mínimamente sencilla, que no puede explicar ningún plan de gobierno, ninguna idea, no tiene respuesta para un “cómo”, un “cuándo”, un “por qué”, ni siquiera ha leído la Constitución y ni la entiende.

    Estamos ante una situación horrorosa porque estos miserables de los comunistas que han manejado el aparato estatal, el sector Salud, prefirieron que la gente se muera. Para mí sigue siendo evidente que optaron por no comprar las pruebas moleculares, ni camas UCI, ni respiradores artificiales, equipos de protección personal, ni las plantas de oxígeno, simplemente mandaron al Perú al cadalso para generar en los peruanos esta condición de odio y resentimiento en contra del sistema, de lo que el pobre diablo de Sagasti llama “el Estado fallido”, y fíjense, la situación económica es horrible, pero recuerden cuántas veces salía la señorita María Antonieta Alva con su cara de “Yo no fui”, pero la verdad es que sí fue.

    Y miren el daño que ha causado a la economía, miles de familias quebradas. Solo en el rubro gastronómico hay cien mil familias que tenían un restaurante y ya no tienen cómo levantarlo. Ahí tienes otro millón de votos, de gente desesperada, desolada.

    La situación es muy penosa y estamos en la irracionalidad de esperar que la gente de la generación Bicentenario nos salve, que la gente del extranjero nos salve, porque acá la gente está terriblemente encaprichada en poder marcar el lapicito frente a lo que todo el mundo entiende como un suicidio.

    Una vez más, estamos en manos de Dios. Ojalá que se acuerde el Señor de los Milagros y la Virgen María Santísima que nosotros en el Perú seguimos siendo un país católico.

     

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