11 de mayo de 2026

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Por: Ricardo Sánchez Serra / Conflicto de Ucrania: Testimonio contra la narrativa distante

Ricardo Sánchez Serra

El artículo del embajador de Ucrania en El Comercio pretende presentarse como lúcido y revelador, pero en realidad constituye una narrativa parcial que omite hechos esenciales y magnifica episodios menores como si fueran victorias estratégicas. Respeto su derecho a expresarse, pero la verdad de los hechos es distinta a lo que aduce.

El embajador sugiere que la ausencia de armamento pesado en el desfile del Día de la Victoria es signo de miedo o debilidad. Nada más alejado de la realidad. Es cierto que en anteriores ocasiones se mostraron tanques y misiles como parte de la ceremonia, pero este año la decisión fue distinta: se optó por la precaución y por resaltar el carácter solemne y conmemorativo de la fecha. Además, existía una preocupación legítima por posibles ataques ucranianos, acostumbrados a dirigir su violencia contra la población civil. La conmemoración del 9 de mayo es un acto de memoria, no de intimidación bélica. Reducir un homenaje histórico a un cálculo militar es tergiversar su sentido profundo.

En cuanto a la guerra actual, el embajador magnifica pequeños ataques ucranianos, muchos de ellos no verificados, como si fueran señales de triunfo. La realidad es que Ucrania enfrenta una guerra de desgaste, con retrocesos sostenidos y un panorama que dista de la imagen triunfalista que se intenta proyectar. La insistencia en prolongar el conflicto solo agrava el sufrimiento humano y acerca al país a una capitulación inevitable.

Más grave aún es el silencio sobre un hecho incómodo: ciudadanos peruanos han sido reclutados como mercenarios en el frente ucraniano. El embajador pretende aprovechar el problema mediático de peruanos engañados por mafias colombo-mexicanas, pero calla que también su país ha contratado mercenarios peruanos, colombianos y de otras nacionalidades. No solo están muriendo en el conflicto, sino que además fueron engañados y, peor aún, oficialmente privados de su paga. Existen múltiples denuncias de mercenarios españoles y colombianos que circulan en plataformas digitales y que dan fe de esta realidad.

El embajador escribe desde la comodidad de su escritorio, a casi trece mil kilómetros del conflicto. En mi caso, como periodista, fui al Donbás, siendo el primer peruano -quizá latinoamericano- en estar en el frente de guerra. Allí pude sentir los desgarradores sonidos de cañones y misiles, constatar personalmente los ataques ucranianos contra la población civil y recoger testimonios directos. Escuché a niños en el hospital traumatológico de Donetsk que habían perdido ojos y dedos por recoger “objetos brillantes” en los parques, que en realidad eran minas antipersonales lanzadas por drones ucranianos. También recogí las voces de sobrevivientes de Mariúpol, quienes relataron cómo los soldados del batallón nazi ucraniano Azov disparaban contra ciudadanos indefensos que caminaban por las calles, o colocaban granadas en las puertas para impedir que la gente saliera a buscar agua, medicinas o alimentos, provocando la muerte de muchos civiles. Ello está relatado en mi libro “La Guerra Rusia-Ucrania, lo que no se cuenta”.

Qué fácil es hablar desde un sillón, sin haber estado allí, sin haber visto el dolor de los inocentes. Como escribió Goethe: “La teoría es gris, pero el árbol de la vida es verde.” Mi vivencia, mi testimonio, vale más que sueños, pensamientos en la cama o cuentos que se narran desde lejos. La experiencia vivida tiene un valor contundente frente a pensamientos no vividos. Y como recordaba Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.” Haber estado en el frente, en medio de cañones y misiles, me da una autoridad que ninguna lectura distante puede reemplazar.

El título del artículo del embajador -“El símbolo de una derrota inevitable”- parece aplicarse mejor a su propio país, que se acerca al límite de la resistencia antes de que “muera el último ucraniano”. La memoria de la Segunda Guerra Mundial y el Día de la Victoria pertenecen a toda la humanidad. El sacrificio de millones de soviéticos en la derrota del nazismo es un patrimonio universal que no puede ser instrumentalizado para fines políticos actuales.

Porque la historia no se escribe desde escritorios lejanos, sino desde la sangre, las lágrimas y la voz de los pueblos. Como dijo Cicerón: “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.” Y esa verdad, aunque se intente ocultar, siempre termina imponiéndose.

(*) Premio Mundial de Periodismo “Visión Honesta 2023”

 

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